Que él suelte tus cadenas
Hace un tiempo me regalaron unos
juegos de habilidad. No sé si sabes lo que son... espero poder explicártelo.
Son unas figuras geométricas de hierro que están unidas y solo hay una única
manera de desunirlas. Por más que intentes desenredarlo, no es fácil
conseguirlo.
Con mucha ilusión intenté separar
una de otra, pero... por más vueltas que le daba no lo conseguía. ¡Para colmo, no
venían instrucciones! Al final, me rendí y una hermana se ofreció a
solucionarlo; ella sí lo consiguió.
Mientras giraba los hierros en
todas las direcciones posibles, pensaba que así es nuestra vida. Sin darnos
cuenta, muchas veces acabamos enredados en nuestros pensamientos o nos
enredamos en nuestros actos y, por más que queramos salir del enredo... no
podemos. Nos sentimos atrapados. Tenemos una gran tendencia a dar vueltas a las
cosas para, al final, conseguir bien poco o nada.
Sin embargo, una y otra vez
nosotros intentamos salir del enredo por nuestras propias fuerzas, dándole
vueltas. Esto no es posible, porque la lucha contra el mal es de Cristo. Él
lucha en nosotros para regalarnos la victoria. Por ello, cuando sientas que
estás enredado, mira a Cristo y pídele que Él suelte los hierros. Deja que sea
Él. Muéstrale tus cadenas y déjale que obre en ellas. A nosotros lo que nos
pide es que confiemos en Él y le dejemos obrar en nosotros.
Cuando abrimos el corazón, Él
empieza a obrar en nosotros, como sucedió con el buen ladrón: abrió el corazón
a Cristo y le robó el paraíso. No te rindas, quizás estás intentando soltarte
de tus cadenas con tus propias fuerzas, deja a Jesús que las suelte Él y escucha
lo que te pide para que se haga realidad tu libertad.
Hoy el reto del amor es entrar en
una iglesia y encender una vela, dejando tus cadenas a sus pies y haciendo un
acto de confianza. Pídele que te libere.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
