Antes, sólo admiraba la belleza de la creación en los parques naturales; ahora, contemplo la amorosa providencia de Dios en todas las situaciones en las que Él me pone
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Paul creció entre animales salvajes.
Hoy se prepara para ayudar a salvar almas
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Paul Kioko pronto
cumplirá el sueño de ser sacerdote. Tras ser ordenado diácono el pasado mes de
noviembre en mayo recibirá el orden sacerdotal siguiendo así una llamativa y
salvaje historia que le trae desde África. Debido a que su padre era guarda en
los parques nacionales de Kenia se crió literalmente entre leones,
rinocerontes y elefantes.
Estudiando
secundaria en la ciudad conoció de cerca el catolicismo, se convirtió
posteriormente en médico y cuando era un prestigioso doctor en su país sintió
una llamada tardía al sacerdocio. Gracias a una beca de CARF
(Centro Académico Romano Fundación), que ayuda a
sacerdotes y seminaristas de países pobres o perseguidos, pudo trasladarse a
Roma donde ha completado sus estudios y espera ser ordenado.
Una infancia de cuento infantil
Su infancia
fue muy diferente a la del resto de niños, pero a la vez fue como la
hubieran soñado millones de ellos. Aunque nació en Nairobi, capital de Kenia,
pasó sus primeros años en los diferentes parques nacionales porque su padre era
el jefe de los guardabosques.
“Mi infancia
fue itinerante: en cada parque vivíamos una media de cinco años, y luego nos
trasladábamos a otro, hasta recorrer casi todo el país”, cuenta Paul en una
entrevista en la web
del Opus Dei. En ellos, él y sus hermanos crecieron jugando
entre los arbustos y también entre los peligrosos animales que habitan en estos
parques.
Picados por una cobra, casi comidos por dos leones...
Recordando
aquellos momentos habla de cómo “en una ocasión una cobra escupió veneno en los
ojos de uno de mis hermanos. Lo llevamos corriendo al hospital y no perdió la
vista. En otra ocasión, otro hermano casi chocó con su bicicleta contra dos
leones que estaban escondidos tras una curva. Afortunadamente, los animales
estaban en ese momento dando buena cuenta de un jabalí que habían cazado, por
lo que mi hermano pudo ponerse a salvo”.
Si Paul y sus
hermanos se portaban bien durante la semana podían acompañar a su padre los
domingos en su jeep cuando recorría el parque. El reto no era otro que jugar
quien veía primero uno de los grandes animales (elefante, rinoceronte,
león, búfalo o leopardo). “Casi siempre ganaba mi padre porque era el más
paciente, y podía mirar durante un largo rato un lugar y descubrir los animales
que se escondían ahí”.
De aquellos
años todavía saca importantes lecciones. “Lo que me ha marcado profundamente
es, por un lado, la paciencia de mi padre para ver grandes cosas, y por otro
lado, la capacidad de mi madre para disfrutar de las pequeñas alegrías de la
vida, como contemplar un pajarillo”, afirma.
En aquellos
años de su infancia pudo convivir con muchos otros animales que quedaban
huérfanos, y que había que cuidar y alimentar. Así creció con impalas,
gacelas, antílopes, leones, elefantes e incluso rinocerontes.
Su acercamiento a la Iglesia
Fue cuando
Paul se trasladó a la ciudad para estudiar donde conoció a algunos
universitarios católicos que les mostraban su fe, de los cuales algunos eran
miembros del Opus Dei, realidad con la que acabaría entrando en
contacto y más adelante formando parte.
“Tras
completar mis estudios de Medicina en la University of Nairobi, trabajé en
el hospital del ejército de Kenia durante casi 15 años en el Mater Hospital of
Nairobi, primero en el departamento de Urgencias y luego en la Unidad de
Cuidados Intensivos, donde acabé la especialización de Anestesiología.
Cuando su vida
ya parecía totalmente encarrilada el Señor tocó a Paul y le llamó a entregarle
su vida. Sobre aquel momento, cuenta que “como dice el libro de la Sabiduría,
hay un tiempo para cada cosa bajo el Cielo. Comprendí que así como Dios me
había dado la vocación de servir a los enfermos como médico, me estaba llamando
a servir a toda su Iglesia como sacerdote. En cierto sentido, pienso que
siendo médico me preparó para recibir la llamada al sacerdocio”.
Una tesis doctoral sobre Bioética
En todo este
tiempo se ha ido preparando y alimentando a través de la oración y la
participación en la Misa. Mientras tanto, se ha formado durante varios años en
la Universidad de la Santa Cruz de Roma gracias a la beca concedida por CARF, consiguiendo
incluso hasta un doctorado en Teología Moral. “Teniendo en cuenta mi formación
y trabajo como médico, no sorprenderá que me sienta atraído por los temas
bioéticos y por los fundamentos filosóficos de la práctica médica”.
Sobre su tesis
doctoral, Paul Kioko relata que “trata sobre la virtud de la prudencia como
punto de conexión entre las decisiones médicas ‘técnicamente correctas’ y
‘moralmente acertadas’. Cuando trabajé en la Unidad de Cuidados
Intensivos, tuve que afrontar muchas veces el dilema sobre cuándo y cómo poner
límite a los tratamientos médicos”.
Dios mediante
el próximo mes de mayo será ordenado sacerdote en Roma. Pese a la distancia de
su país y estar en un mundo tan distinto al que se crió, Paul cree que “las
memorias de la infancia nos acompañan a lo largo de la vida, y siempre
recordaré con gusto las aventuras entre animales salvajes. Pero sé que una vida
al servicio de Dios y de los demás es una aventura aún mayor. Te levantas
por la mañana, ofreces tu jornada al Señor y no sabes dónde guiará tus pasos.
Antes, sólo admiraba la belleza de la creación en los parques naturales; ahora,
contemplo la amorosa providencia de Dios en todas las situaciones en las que Él
me pone. Espero que muchos más lo puedan encontrar a través de mi
ministerio sacerdotal”.
Javier Lozano
Fuente: ReL
