31 Domingo Tiempo Ordinario (Ciclo B)
MONICIÓN DE ENTRADA
Buenos días, sed bienvenidos a la celebración del Día
del Señor.
Como todos los domingos nos hemos reunido para hacer
memoria de la Pascua del Señor.
Sin embargo, la Eucaristía no es un simple
recuerdo, la victoria pascual de Cristo se hace verdaderamente presente entre
nosotros y es capaz no sólo de iluminar nuestras vidas, sino también de
infundir en ellas la gracia de la salvación que el Señor nos ha alcanzado con
su entrega victoriosa en la cruz.
Celebremos con fe esta Eucaristía y abramos nuestra
alma a la gracia que se nos ofrece.
MONICIÓN A LAS LECTURAS
A veces, nos parece que ser cristiano es muy
complicado: muchas verdades que creer, muchos ritos que celebrar, muchos
mandamientos que cumplir… Demasiados cristianos han abandonado la práctica
religiosa e incluso la fe deseando liberarse de un fardo que les parece
insoportable.
Jesús conoce nuestros agobios y no quiere que
vivamos la fe como si fuera un pesada carga…
Escuchemos con atención las lecturas que hoy
se nos proclaman, ellas nos dan la clave para vivir con paz y gozo nuestra vida
cristiana.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada petición
respondemos: ¡Señor, danos tu Espíritu
de amor!
- Por los
miembros de la Iglesia, para que la calidad de nuestra fraternidad sea un signo
del amor de Dios para todos los hombres. OREMOS.
- Por
los que se dedican a la política, para que su compromiso lo vivan como una
vocación al servicio de nuestro pueblo. OREMOS.
- Por las víctimas
de la trata, por aquellos que son esclavizados por las diversas mafias, para
que las legislaciones los protejan y encuentren el auxilio necesario para
romper con las cadenas de la esclavitud. OREMOS.
- Por los que no han
tenido experiencia de un amor verdadero y por las víctimas del desamor, para
que encuentren cristianos que con su cercanía y cariño les revelen el amor de
Dios. OREMOS.
- Por todos nosotros, discípulos de Cristo, para que sepamos aunar a un
tiempo el amor a Dios y el amor al prójimo. OREMOS.
ORACIÓN FINAL
Gracias, Padre, fuente de todo amor,
confesamos con alegría
que Tú nos has amado primero
y que al entregarnos a tu Hijo
nos has revelado la desmesura de tu amor.
Padre, muchas gracias,
porque no solo nos has amado,
sino que al darnos tu Espíritu
también nos has hecho capaces
de responder a tu amor.
Él no ha hecho semejante a tu Hijo Jesús
y, en un mismo impulso,
nos permite que te amemos a Ti, como nuestro
Padre,
y a nuestros prójimos,
como hermanos nuestros que son.
Padre de misericordia, perdonanos.
Muchas veces no estamos a la altura de tu
amor,
muchas veces nos refugianos en nuestra debilidad,
sin reconocer que no somos nosotros,
sino la gracia de tu Espíritu
la que nos capacita para amar como Tú nos
amas.
Padre, ayudanos a acoger tu Espíritu,
para amar según la medida
de tu Hijo Jesús.
Amén.
