1. La Resurrección de Jesús
Vinieron muy pronto al
sepulcro
y tan sólo María pudo verte
Infinita luz trastocó lo
inerte
y el mundo perdió su presa
Desde ahora para siempre
sepan todos con certeza:
A los tres días desde el
viernes,
la Vida destruyó la muerte.
Jesús dijo cosas
realmente admirables durante su VIDA, hizo milagros sorprendentes, llenó los
corazones de esperanza y de santos deseos al hablar del Reino y al mostrar la
profundidad del amor de Dios. Hizo promesas que superan todo anhelo humano: ver
a Dios, ser servido y honrado por Dios, habitar en la casa de Dios... (Mt 5, 8;
Lc 12, 37; Jn 14, 3;...)
¿Todo lo que dijo e hizo
fue algo bello que pasó y se quedó en el pasado, o es realmente el inicio de
una nueva era, la definitiva, el culmen de la humanidad: donde realmente el
hombre se une con Dios? El argumento definitivo de la verdad de sus palabras
está en la Resurrección.
Sin embargo, sus
primeros seguidores, a excepción de su Madre y quizá alguno más, no creían en
la resurrección. Las santas mujeres no van al sepulcro a verificar si ya
resucitó como Él lo había prometido, sino que van a embalsamar su cuerpo,
pensando en despedirse para siempre de Él. Lo amaban, y por eso van temprano.
Pero se encuentran el sepulcro vacío: piensan que lo han robado y salen corriendo
presas de miedo tras hablar con los ángeles que custodiaban el lugar santo.
Sólo María Magdalena permanece en el lugar y tras verter copiosas lágrimas de
miedo, tristeza y confusión, vio a Jesús con quien mantuvo un dulce diálogo
(cfr. Jn 20,15-17) Vinieron muy pronto al sepulcro y tan sólo María pudo verte.
Jesús estuvo realmente
muerto, sin respirar, frío, sin latido, sin vida, inerte. Pero Él es la VIDA, y
vuelve a tomar su cuerpo para darle la vida definitiva, la vida en la gloria a
la que está invitado el hombre. Todos podemos esperar la vida gloriosa, el
triunfo definitivo sobre la muerte, nuestra resurrección. Se acabó el sinsentido
de la muerte, por fn somos libres, por la fe vencemos al mundo (cfr. 1 Co 15,
55; 1 Jn 5, 4-5). Infinita luz trastocó lo inerte y el mundo perdió su presa.
Jesús se apareció a sus
Apóstoles y les tuvo que convencer que era Él. Estuvo muchos días con ellos,
comió con ellos y les explicó muchas cosas. Pero no sólo ellos lo vieron sino
más de quinientas personas (cfr. 1 Co 15, 6). Todos ellos, convencidos de la verdad
de la Resurrección, fueron por todo el mundo a predicar la gran verdad. De
ellos recibimos el testimonio y un frme apoyo para creer: Desde ahora para
siempre sepan todos con certeza: A los tres días desde el viernes, la Vida
destruyó la muerte.
Con permiso del autor: Juan Pablo Lira
Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario
