20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 1er.. MISTERIO GLORIOSO

1. La Resurrección de Jesús

Vinieron muy pronto al sepulcro 
y tan sólo María pudo verte
Infinita luz trastocó lo inerte 
y el mundo perdió su presa
Desde ahora para siempre
 sepan todos con certeza:
A los tres días desde el viernes, 
la Vida destruyó la muerte.

Jesús dijo cosas realmente admirables durante su VIDA, hizo milagros sorprendentes, llenó los cora­zones de esperanza y de santos deseos al hablar del Reino y al mostrar la profundidad del amor de Dios. Hizo promesas que superan todo anhelo humano: ver a Dios, ser servido y honrado por Dios, habitar en la casa de Dios... (Mt 5, 8; Lc 12, 37; Jn 14, 3;...)

¿Todo lo que dijo e hizo fue algo bello que pasó y se quedó en el pasado, o es realmente el inicio de una nueva era, la definitiva, el culmen de la humanidad: donde realmente el hombre se une con Dios? El argumento definitivo de la verdad de sus palabras está en la Resurrección. 

Sin embargo, sus primeros seguidores, a excep­ción de su Madre y quizá alguno más, no creían en la resurrección. Las santas mujeres no van al sepulcro a verificar si ya resucitó como Él lo había prometido, sino que van a embalsamar su cuerpo, pensando en despedirse para siempre de Él. Lo amaban, y por eso van temprano. 

Pero se encuentran el sepulcro vacío: piensan que lo han robado y salen corrien­do presas de miedo tras hablar con los ángeles que custodiaban el lugar santo. Sólo María Magdalena permanece en el lugar y tras verter copiosas lágri­mas de miedo, tristeza y confusión, vio a Jesús con quien mantuvo un dulce diálogo (cfr. Jn 20,15-17) Vinieron muy pronto al sepulcro y tan sólo María pudo verte.

Jesús estuvo realmente muerto, sin respirar, frío, sin latido, sin vida, inerte. Pero Él es la VIDA, y vuel­ve a tomar su cuerpo para darle la vida definitiva, la vida en la gloria a la que está invitado el hombre. Todos podemos esperar la vida gloriosa, el triunfo definitivo sobre la muerte, nuestra resurrección. Se acabó el sinsentido de la muerte, por fn somos li­bres, por la fe vencemos al mundo (cfr. 1 Co 15, 55; 1 Jn 5, 4-5). Infinita luz trastocó lo inerte y el mundo perdió su presa.

Jesús se apareció a sus Apóstoles y les tuvo que convencer que era Él. Estuvo muchos días con ellos, comió con ellos y les explicó muchas cosas. Pero no sólo ellos lo vieron sino más de quinientas personas (cfr. 1 Co 15, 6). Todos ellos, convencidos de la ver­dad de la Resurrección, fueron por todo el mundo a predicar la gran verdad. De ellos recibimos el tes­timonio y un frme apoyo para creer: Desde ahora para siempre sepan todos con certeza: A los tres días desde el viernes, la Vida destruyó la muerte.

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario