No importa si eres un sacerdote, un profesional, un padre o una persona soltera: responder a la llamada de Dios es seguir la vocación de ser santo en cada opción de vida"
"Educar
a los jóvenes en el buen uso de la libertad, acompañarlos en el discernimiento
aplicando la mayéutica, construir grandes sueños y buscar los lados positivos
de la secularización", fueron algunas de las propuestas presentadas en la
9° Congregación General del Sínodo.
La
mañana del 11 de octubre se celebró la novena Congregación General del Sínodo
de los Obispos en Roma, dedicado al tema de los "Jóvenes, la fe y el
discernimiento vocacional", en la que estuvieron presentes 256 Padres
sinodales.
"Desalentar
y repudiar, con un magisterio claro e inequívoco, a los promotores de la
inmigración ilegal y de la trata de seres humanos"; fue una de las tareas
de la Iglesia, reiterada esta mañana en el Aula del Sínodo.
El mundo no debe olvidar a
los pobres
Ante
centenares de jóvenes que ven cómo se ahogan sus sueños, sus potencialidades y
sus talentos en el Mediterráneo, los Padres sinodales insisten en la necesidad
de que la Iglesia inste a los países más industrializados a invertir en los más
pobres, "especialmente en términos de tecnología y de formación",
para que todos puedan contribuir al desarrollo de su país de origen, sin verse
obligados a emigrar.
En
este contexto, el Sínodo reflexiona sobre el sacramento de la reconciliación,
reafirmando que el perdón debe ser liberado de toda carga y redescubierto en su
dimensión de don.
Comprender la vocación de
vida
Para
ello, es esencial el examen de conciencia, fundamental para evangelizar y
educar a los jóvenes en la clara idea de lo que es el pecado y lo superfluo, a
la vez que se les ayuda a reconocer los signos de la presencia de Dios en sus
vidas.
Los
jóvenes -afirma el Aula sinodal- no están llamados a permanecer jóvenes para
siempre, sino a convertirse en adultos, a presentarse para contribuir a la
construcción de la Iglesia.
"Porque,
después de todo, no importa si eres un sacerdote, un profesional, un padre o
una persona soltera: responder a la llamada de Dios es seguir la vocación de
ser santo en cada opción de vida".
La
pastoral vocacional debe, por tanto, ser repensada y reforzada en todos los
ámbitos, gracias a los testimonios de vida, para que cada joven pueda
comprender su vocación en este mundo.
Educar para la libertad
De
ahí también la llamada de los Padres a cultivar la libertad interior basada en
sólidos valores morales, que impide que los jóvenes sean manipulados por los
demás, y que se dejen llevar por las masas. "Siguiendo a Jesús y sus
mandamientos, con una conciencia recta, uno es más libre".
Pero
educar a la juventud "para y hacia la libertad" presupone la búsqueda
de la verdad, ya que los chicos y chicas buscan autenticidad en sus educadores,
"quieren pastores más coherentes con lo que predican, pastores que sepan
vivir la Palabra y se comprometan con los pobres, gracias a la verdadera
conversión interior y a la fe apasionada".
Desafío de la Iglesia:
apostar por los jóvenes
El
acompañamiento propio de la Iglesia consistirá, pues, en escuchar con corazón
abierto e interés concreto, en dar valor y esperanza, en cuidar de la persona
en todas las fases de su desarrollo. De hecho, frente al odio, la violencia, la
corrupción, la injusticia, las guerras tan extendidas en la actualidad, los
jóvenes experimentan una fragmentación existencial que socava su autoestima y
su confianza.
Por
eso, la comunidad cristiana debe acompañar y acoger constantemente a los
jóvenes, estimulando su libertad y su responsabilidad para asumir compromisos
duraderos. Este es el desafío de la Iglesia: hacer una opción preferencial y
eficaz por los jóvenes, salir al encuentro de ellos y ofrecerles ideales de una
fe vivida concretamente, junto con una autoridad fiable que los haga
verdaderamente maduros.
Buscar con paciencia a la
"juventud perdida"
Además,
como el Padre misericordioso de la parábola del Hijo pródigo, la
Iglesia espera con paciencia y esperanza también a los jóvenes perdidos o
perdidas; no los hace sentir abandonados en las dificultades, "sino que
los tranquiliza caminando con ellos, los ayuda a realizarse a sí mismos
liberando su libertad, sin imponerles opciones determinadas, sin manipulaciones
ni clericalismos".
Sólo
así el acompañamiento será verdaderamente mayéutico y sacará a la luz la verdad
ya presente en los jóvenes, para ayudarles a comprender la belleza de la Sequela
Christi, es decir, de «caminar tras las huellas de Cristo».
"Competir" con
los jóvenes por los grandes sueños
La
Congregación además afirma que necesitamos una comunidad cristiana unida y
alegre que sepa redescubrir su sentido misionero y que nos permita enamorarnos
del Evangelio: un ambiente de clausura y de prejuicio, en efecto, no ayuda a
los jóvenes a sentirse acogidos, a vivir la fraternidad en un contexto de
calidez y de estima mutua. Por tanto, las comunidades deben ser concretas,
sencillas, humildes y transparentes; la Iglesia debe "competir" con
los jóvenes en tener grandes sueños, "porque si los pastores sueñan,
también los jóvenes podrán hacerlo".
Víctimas de abusos al
centro de la misión de la Iglesia
El
tema del abuso volvió a abordarse en la reflexión sinodal: los jóvenes esperan
que la Iglesia ponga a las víctimas al centro de sus trabajos y que los obispos
sean sometidos a procesos rigurosos -subrayan los Padres- sugiriendo que una
ayuda valiosa para extirpar este mal y salir de la crisis actual podría llegar
de parte de los expertos laicos y del carisma femenino, "especialmente de
las madres que pueden enseñar a los Pastores el sentido de la ternura, el amor
y la protección de los más jóvenes".
La secularización y sus
aspectos positivos
Finalmente,
se destacó el análisis sobre la confrontación de la Iglesia con la realidad
actual, en particular con la secularización: los Padres sinodales invitan a
tener el valor de considerarla como un signo de los tiempos que nos ayuda a
liberarnos de ser cristianos automáticamente o por hábito, y nos lleva a ser
cristianos por elección, "porque queremos ser cristianos".
No
sólo eso: la sociedad secular, asimismo, evita que la religión se base en la
identidad tribal o nacional, llevando a recuperar la importancia del anuncio de
la fe.
Sofía
Lobos - Ciudad del Vaticano
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