La
Pastoral juvenil, – dicen los Padres Sinodales – debe ayudar a los jóvenes a
discernir los deseos del corazón y a descubrir qué “tesoro” lo hace latir
8°
Congregación General. La tarde de este 10 de octubre, en el Vaticano se tuvo la
Octava Congregación General del Sínodo de los Obispos, con la participación de
255 Padres sinodales. En el centro del debate estuvo la reflexión sobre la
segunda parte del Instrumentum laboris, dedicada al tema “Interpretación: fe y
discernimiento vocacional”.
Cuando
hablamos de “Iglesia y jóvenes”, la “y” esta demás, porque los jóvenes son el
presente activo y no sólo el futuro esperado para la Iglesia: parte de esta
reflexión la Octava Congregación General del Sínodo de los Obispos sobre los
Jóvenes, que se lleva a cabo en el Vaticano hasta el 28 de octubre. De ahí, la
exhortación del Aula a apoyar el genio juvenil, pero también la llamada a una
renovada cultura vocacional: la Pastoral juvenil, – dicen los Padres Sinodales
– debe ayudar a los jóvenes a discernir los deseos del corazón y a descubrir
qué “tesoro” lo hace latir.
El diálogo entre ancianos
y jóvenes sea simbiótico
La
vocación – subraya el Sínodo – no nace en el laboratorio, sino en la comunidad:
para ser verdaderamente un “hospital de campaña”, y no una clínica exclusiva,
la Iglesia debe enriquecerse con relaciones verdaderas, ser un espacio de
comunión, estar llena de sentido. El discernimiento vocacional, por tanto, debe
incluir un encuentro de miradas y la pastoral juvenil nunca debe perder de
vista el “con”, es decir, la relación directa con los jóvenes, el hablar con
ellos, y no sólo de ellos. Sólo así ese diálogo entre los sueños de los
ancianos y las visiones de los jóvenes, recordado por el profeta Joel, será
simbiótico, porque en los jóvenes la Iglesia se mira a sí misma y su fuerza
está precisamente en ser el lugar donde los jóvenes pueden encontrar a Cristo
resucitado.
Promover las
responsabilidades de los jóvenes
De
aquí, la llamada a pensar fuera de los esquemas, mirando a un discernimiento
verdadero y a la escucha recíproca, para que el mensaje salvífico se transmita
de manera comprensible y atractiva para las nuevas generaciones. En efecto, no
se les debe “subcontratar” con paternalismo, sino que se les debe
responsabilizar e involucrar en la vida de la Iglesia, para que puedan soñar a
lo grande.
Educar al amor por los
pobres
Otro
punto central de la vocación es la educación en el amor a los pobres: si no
está el pobre, no hay vocación cristiana, afirma el Sínodo, porque los pobres
ayudan a comprender la Palabra. Por esta razón, es necesario que la Iglesia
hable también con los sectores más débiles de la juventud, porque ellos también
son esenciales para el mayor trabajo en equipo, es decir, para seguir a Jesús.
En esta perspectiva, la llamada del Sínodo es a forjar un camino más humano
frente a un individualismo exasperado, con vistas a la justicia social, el
respeto de los derechos humanos y la consolidación de una cultura de la vida.
La Familia, cuna de la
vida y la vocación
La
familia, la Iglesia doméstica – recuerda el Sínodo – sigue siendo la cuna de la
vida y de las vocaciones: en efecto, es en la familia donde la Iglesia siente,
con alegría y esperanza, el primer peregrinaje de una vocación y le corresponde
a la Iglesia consolidarla en la fe y en la alegría de la misión. A menudo – se
nota – los primeros signos de vocación se manifiestan en los juegos que juegan
los niños: por eso es bueno que los padres jueguen con sus hijos, para
ayudarles a comprender su vocación.
El modelo de Jesús con los
discípulos de Emaús
Mirando,
pues, al mundo de hoy, que a veces ridiculiza los valores del Evangelio, los
Padres Sinodales reflexionan sobre los jóvenes que se alejan de la Iglesia para
refugiarse en falsos paraísos. ¿Qué hacer por ellos? La respuesta es: mirar el
encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, es decir, la necesidad de
caminar junto a los jóvenes, pero convirtiéndose en “uno de ellos”.
Acompañamiento
Estar
con los jóvenes, por tanto, sin condenar su comportamiento, sino estando a su
lado, perdiendo el tiempo con ellos, encendiendo sus corazones: éste es el
corazón del verdadero acompañamiento pastoral. Sin olvidar que los niños
también buscan el acompañamiento de sus compañeros, con el fin de compartir las
experiencias de cada uno de ellos. En esta perspectiva, algunas intervenciones
proponen una peregrinación en la que los Padres Sinodales y los jóvenes
participantes en el Sínodo caminan juntos hacia los lugares sagrados presentes
en Roma.
La verdadera libertad es
ser uno mismo en el corazón de Jesús
La
sugerencia del Sínodo es también conocer mejor el mundo digital, para que
incluso un teléfono móvil se convierta, para los niños, en un camino hacia
Cristo, el verdadero “norte” de la vida. Se recuerda, de hecho, que a menudo
los jóvenes buscan respuestas en los motores de búsqueda, pero lo que
encuentran es sólo información técnica o científica, no amor, comprensión,
empatía o una adecuada guía espiritual, como la Iglesia, que les ayuda a poner
en práctica sus opciones. Después de todo – afirma el Aula – los jóvenes buscan
una auténtica libertad, es decir, ser ellos mismos en el corazón de Jesús, allí
donde puedan sentirse acogidos, amados y verdaderamente en casa. Además, las
nuevas tecnologías, donde ayudan a reducir el consumo – por ejemplo, el consumo
de papel –, responden a la sensibilidad de los jóvenes más atentos a la
protección de la Creación.
La importancia de la
madurez afectiva
La
Asamblea Sinodal también insiste en la importancia de la madurez emocional, es
decir, en la conciencia de la centralidad del amor en la existencia humana. La
educación sexual correctamente entendida – subraya el Sínodo – debe apuntar a
la comprensión y realización de esta verdad, dando cabida también al amor a la
castidad, virtud que permite respetar y promover el sentido “nupcial” del
cuerpo. Finalmente, el pensamiento de los Padres Sinodales se dirige a los
jóvenes cristianos perseguidos y a los muchos sacerdotes que han muerto en
diferentes partes del mundo, a veces asesinados precisamente porque están
comprometidos en la defensa de los jóvenes: para ellos esperamos no sólo ayuda
material, sino también y sobre todo cercanía y apoyo espiritual.
Isabella
Piro – Ciudad del Vaticano
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