El esfuerzo del
mantenimiento
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Esto
de las mudanzas es una cosa terrible. Al pasar a Comu, toda mi vida acabó
almacenada en cajas... y luego nunca encontraba el momento de ordenarlas.
Pero,
evidentemente, vivir en lo que parecía una reproducción del reino del caos no
es agradable. Es más, llega un momento en que es agobiante.
Así
pues, el propósito de Adviento era lograr ordenar la celda, haciendo un poquito
cada día... pero no llegué. En plenas Navidades, opté por el ataque intensivo:
¡todo de golpe y sin parar hasta lograrlo!
Fue
la mejor estrategia, y actualmente da gusto estar en mi celda, pero, como ya me
ha dicho más de una monja: “¡Ahora la cuestión está en mantenerlo!”
Y,
sí, sí, la intención la tengo, sin embargo, ¡qué difícil se me está haciendo!
Entiéndeme... cuando vas con prisa es más fácil tirar la ropa a la silla que
colgarla en el armario... pero lo cierto es que también es más llevadero doblar
una camiseta, ¡que una montaña de ropa!
Orándolo
me he dado cuenta de que, como hay vida, surge el desorden (saco los bolis para
estudiar, o un libro...), por lo que, cada día, tengo que cuidar los pequeños
detalles que están fuera de lugar. O, en otras palabras, ¡dedicar unos
minutitos cada día!
¡Y
esto mismo pasa con el amor!
Somos
seres vivos, seres en movimiento, en constante cambio... Lo que ayer parecía
una situación controlada, ¡hoy puede estar patas arriba! Por eso, el verdadero
amor necesita de vez en cuando momentos fuertes (de orden intensivo), y, cada
día, unos minutos de atención y cariño a la otra persona.
¡Así
ocurre con el Señor! ¿Quién no ha sentido que su espíritu volaba después de un
retiro, unos ejercicios espirituales, una convivencia...? ¡Pero la cuestión es
cuidarlo después!
El
verdadero amor no suele pedir grandes hazañas de un momento, sino la pequeña
hazaña de dedicarle un momento cada día.
Hoy
el reto del amor es cuidar el amor. Te invito a que hoy dediques unos minutos a
estar con el Señor, ¡búscale en el Sagrario! Aprovecha para decirle que le
quieres, ¡pero, sobre todo, déjate querer por Él! Y hoy reserva un rato para
estar con esa persona que quieres, sin hacer nada, ¡sólo disfrutar de estar
juntos! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma