«Recemos por las
víctimas, por los familiares y por el querido pueblo turco». En el Ángelus de
la Solemnidad de los santos Pedro y Pablo Francisco insistió: «¡Tenemos mucha
necesidad de paz!»
El Papa rezó por la paz después del atentado que
sacudió ayer por la noche Turquía. «Queridos hermanos y hermanas, ayer por la
noche, en Estambul, se llevó a cabo un atroz ataque terrorista que ha matado y
herido a muchas personas.
Recemos por las víctimas, por los familiares y por el
querido pueblo turco. Que el Señor convierta los corazones de los violentos y
sostenga nuestros pasos sobre la vía de la paz. Recemos todos en
silencio».
Antes de la oración mariana, el Papa habló a los fieles de la Solemnidad de los
santos patronos de Roma: «Sobre la fe de estos dos Apóstoles —explicó— se funda
la Iglesia de Roma, que desde siempre los venera como patronos. Sin embargo, es
toda la Iglesia universal la que mira hacia ellos con admiración,
considerándolos dos columnas y dos grandes luces que brillan, no sólo en el
cielo de Roma, sino en el corazón de los creyentes de Oriente y de Occidente.
En la narración de la misión de los Apóstoles, el Evangelio nos dice que Jesús
los envió de dos en dos (cfr Mt 10,1 – Lc 10,1).
En cierto sentido, también
Pedro y Pablo, desde Tierra Santa, fueron enviados hasta Roma, para predicar el
Evangelio. Eran dos hombres muy distintos entre sí: Pedro «un humilde
pescador». Pablo «maestro y doctor», como reza la liturgia de hoy. Pero si aquí
en Roma conocemos a Jesús, si la fe cristiana es parte viva y fundamental del
patrimonio espiritual y de la cultura de este territorio, se debe al coraje
apostólico de estos dos hijos del Cercano Oriente.
Ellos, por amor de Cristo,
dejaron su patria y descuidando las dificultades del largo viaje y de los
riesgos y de la desconfianza que habían de encontrar, llegaron a Roma. Aquí se
hicieron anunciadores y testigos del Evangelio entre la gente y sellaron con el
martirio su misión de fe y caridad. Pedro y Pablo vuelven hoy idealmente entre
nosotros, vuelven a recorrer las calles de esta Ciudad, llaman a la puerta de
nuestras casas, pero sobre todo de nuestros corazones.
Quieren volver a traer a
Jesús, su amor misericordioso, su consolación, su paz ¡Tenemos tanta necesidad
de ello! ¡Acojamos su mensaje! ¡Atesoremos su testimonio! La fe escueta y firme
de Pedro, el corazón grande y universal de Pablo nos ayudarán a ser cristianos
alegres, fieles al Evangelio y abiertos al encuentro con todos. Durante la
Santa Misa, en la Basílica de San Pedro, esta mañana, he bendecido los Palios
de los Arzobispos Metropolitanos nombrados en el último año, provenientes de
diversos países. Renuevo mi saludo y les deseo a ellos, a sus familiares y a
cuantos los han acompañado en esta peregrinación. Y los aliento a proseguir con
alegría su misión al servicio del Evangelio, en comunión con toda la Iglesia y
en especial con la Sede de Pedro, como expresa precisamente el signo del Palio.
En la misma celebración, he acogido con alegría y afecto a los Miembros de la
Delegación llegada a Roma en nombre del Patriarca Ecuménico, el queridísimo
hermano Bartolomeo. También esta presencia es signo de los fraternos lazos que
existen entre nuestras Iglesias. Oremos para que se refuercen cada vez más los vínculos
de comunión y el testimonio común. A la Virgen María, ‘Salus Populi Romani’,
encomendamos hoy al mundo entero, y, en particular esta ciudad de Roma, para
que pueda encontrar siempre en los valores espirituales y morales que la
enriquecen el fundamento de su vida social y de su misión en Italia, en Europa
y en el mundo».
Al concluir la oración del Ángelus, Francisco, después de haber rezado por las víctimas del atentado en Estambul, recordó la Conferencia Internacional sobre las Inversiones Responsables de Impacto Social, que se llevó a cabo en estos días gracias a la iniciativa del Pontificio Consejo Justicia y Paz y del Catholic Relief Service, titulada «Convertir el Año de la Misericordia en un año de impacto para los pobres»: «Que puedan —dijo Francisco— las inversiones privadas, y las públicas, favorecer la superación de la pobreza de tantas personas marginadas».
Al concluir la oración del Ángelus, Francisco, después de haber rezado por las víctimas del atentado en Estambul, recordó la Conferencia Internacional sobre las Inversiones Responsables de Impacto Social, que se llevó a cabo en estos días gracias a la iniciativa del Pontificio Consejo Justicia y Paz y del Catholic Relief Service, titulada «Convertir el Año de la Misericordia en un año de impacto para los pobres»: «Que puedan —dijo Francisco— las inversiones privadas, y las públicas, favorecer la superación de la pobreza de tantas personas marginadas».
Fuente: Vatican Insider