De las imperfecciones acerca de la envidia y acidia
espiritual.
1. Acerca también de los otros dos vicios, que son
envidia y acidia espiritual, no dejan estos principiantes de tener hartas
imperfecciones. Porque acerca de la envidia muchos de éstos suelen tener
movimientos de pesarles del bien espiritual de los otros, dándoles alguna pena
sensible que les lleven ventaja en este camino, y no querrían verlos alabar;
porque se entristecen de las virtudes ajenas, y a veces no lo pueden sufrir sin
decir ellos lo contrario, deshaciendo aquellas alabanzas como pueden, y les crece,
como dicen, el ojo no hacerse con ellos otro tanto, porque querrían ellos ser
preferidos en todo.
2. También, acerca de la acidia espiritual, suelen
tener tedio en las cosas que son más espirituales y huyen de ellas, como son
aquellas que contradicen al gusto sensible; porque, como ellos están tan
saboreados en las cosas espirituales, en no hallando sabor en ellas las
fastidian. Porque, si una vez no hallaron en la oración la satisfacción que
pedía su gusto (porque en fin conviene que se le quite Dios para probarlos), no
querrían volver a ella, o a veces la dejan o van de mala gana.
Y así, por esta
acidia, posponen el camino de perfección, que es el de la negación de su voluntad
y gusto por Dios, al gusto y sabor de su voluntad, a la cual en esta manera
andan ellos por satisfacer más que a la de Dios.
3. Y muchos de éstos querrían que quisiese Dios lo
que ellos quieren, y se entristecen de querer lo que quiere Dios, con repugnancia
de acomodar su voluntad a la de Dios. De donde les nace que, muchas veces, en
lo que ellos no hallan su voluntad y gusto, piensen que no es voluntad de Dios;
y que, por el contrario, cuando ellos se satisfacen, crean que Dios se
satisface, midiendo a Dios consigo, y no a si mismos con Dios, siendo muy al
contrario lo que él mismo enseñó en el Evangelio (Mt. 16, 25), diciendo que el
que perdiese su voluntad por él, ese la ganaría, el que la quisiese ganar, ése
la perdería.
4. Estos también tienen tedio cuando les mandan lo
que no tiene gusto para ellos. Estos, porque se andan al regalo y sabor del
espíritu, son muy flojos para la fortaleza y trabajo de perfección, hechos
semejantes a los que se crían en regalo, que huyen con tristeza de toda cosa áspera,
y oféndense de la cruz, en que están los deleites del espíritu; y en las cosas
más espirituales más tedio tienen, porque, como ellos pretenden andar en las
cosas espirituales a sus anchuras y gusto de su voluntad, háceles gran tristeza
y repugnancia entrar por el camino estrecho, que dice Cristo (Mt. 7, 14), de la
vida.
5. Estas imperfecciones baste aquí haber referido
de las muchas en que viven los de este primer estado de principiantes, para que
se vea cuánta sea la necesidad que tienen de que Dios los ponga en estado de
aprovechados, que se hace entrándolos en la noche oscura que ahora decimos,
donde, destetándolos Dios de los pechos de estos gustos y sabores en puras
sequedades y tinieblas interiores, les quita todas estas impertinencias y niñerías,
y hace ganar las virtudes por medios muy diferentes.
Porque, por más que el
principiante en mortificar en sí se ejercite todas sus acciones y pasiones,
nunca del todo, ni con mucho, puede hasta que Dios lo hace pasivamente por
medio de la purgación de la dicha noche. En la cual para hablar algo que sea en
su provecho, sea Dios servido darme su divina luz, porque es bien menester en
noche tan oscura y materia tan dificultosa para ser hablada y recitada. Es,
pues, el verso:
En una noche oscura.
Fuente: Mercaba
