De las imperfecciones en que caen los principiantes
acerca del vicio de la ira.
1. Por causa de la concupiscencia que tienen muchos
principiantes en los gustos espirituales, les poseen muy de ordinario muchas imperfecciones
del vicio de la ira; porque, cuando se les acaba el sabor y gusto en las cosas
espirituales, naturalmente se hallan desabridos y, con aquel sinsabor que traen
consigo, traen mala gracia en las cosas que tratan, y se aíran muy fácilmente
por cualquier cosilla, y aun a veces no hay quien los sufra.
Lo cual muchas
veces acaece después que han tenido algún muy gustoso recogimiento sensible en
la oración, que, como se les acaba aquel gusto y sabor, naturalmente queda el
natural desabrido y desganado; bien así como el niño cuando le apartan del
pecho de que estaba gustando a su sabor. En el cual natural, cuando no se dejan
llevar de la desgana, no hay culpa, sino imperfección que se ha de purgar por
la sequedad y aprieto de la noche oscura.
2. También hay otros de estos espirituales que caen
en otra manera de ira espiritual, y es que se aíran contra los vicios ajenos
con cierto celo desasosegado, notando a otros; y a veces les dan ímpetus de
reprenderles enojosamente, y aun hacen algunas veces, haciéndose ellos dueños
de la virtud. Todo lo cual es contra la mansedumbre espiritual.
3.
Hay otros que, cuando se ven imperfectos, con impaciencia no humilde se aíran
contra sí mismos; acerca de lo cual tienen tanta impaciencia, que querrían ser
santos en un día. De éstos hay muchos que proponen mucho y hacen grandes
propósitos, y como no son humildes ni desconfían desí, cuantos más propósitos
hacen, tanto más caen y tanto más se enojan, no teniendo paciencia para esperar
a que se lo dé Dios cuando él fuere servido: que también es contra la dicha
mansedumbre espiritual; que del todo no se puede remediar sino por la purgación
de la noche oscura. Aunque algunos tienen tanta paciencia en esto del querer aprovechar, que
no querría Dios ver en ellos tanta.
Fuente: Mercaba
