"A las monjas yo siempre las veía alegres y por eso pensé que el Señor siempre estaba con ellas"
La hermana Heppian Nainggolan, de la Obra Misionera de Jesús y María,
ofreció su testimonio, el pasado viernes, durante la oración por las vocaciones
que tuvo lugar en la Iglesia de San Bartolomé de Logroño.
“Soy
la Hermana Heppian Nainggolan, de la Obra Misionera de Jesús y María. Nací en
Sumatra, Indonesia, el 1 de enero de 1992. Éramos siete hermanos pero dos de
ellos ya fallecieron. Yo soy la más pequeña. Éramos una familia católica pero no
muy practicante. Sólo íbamos a la iglesia los domingos. Mi padre es empleado en
una fábrica de papel, situada en otra provincia. Normalmente venía a casa dos
veces al año. Mi madre es ama de casa y campesina.
En
mi casa llevábamos una vida normal, con los problemas normales de cada familia,
porque somos muchos hermanos, y vivíamos en pobreza, pero la verdad es que
tuvimos una infancia muy feliz.
Bueno,
sobre mi vocación, yo de pequeñita ya quería ser monja, aunque no sabía ni
conocía nada de la vida religiosa. Cuando tenía nueve años vi una monja desde
lejos y me llamó mucho la atención. En mi pueblo y colegio, la mayoría son
protestantes, pero cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, yo siempre
respondía que quería ser monja.
Cuando estaba en Secundaria, el colegio organizó
convivencias durante dos días, para los alumnos católicos, aunque podían también
asistir de otras religiones. La casa donde fuimos estaba dirigida por monjas.
Era la primera vez que tenía relación con monjas y cuando estaba con ellas
sentía mucha alegría y paz en mi corazón. A las monjas yo siempre las veía
alegres y por eso pensé que el Señor siempre estaba con ellas.
Desde
esa experiencia yo solo quería terminar pronto mis estudios para poder entrar en
el convento y ser feliz como ellas. Así se lo decía a mi familia, que siempre me
apoyó, especialmente mi mamá.
Me
interesé por conocer la vida consagrada y comencé a relacionarme con una monja
que había en mi pueblo y me gustaba escucharla cuando me hablaba de la vida
religiosa.
Cuando
estaba en el Bachillerato, tuve un accidente muy grave y la gente pensaba que me
moría, pero gracias a Dios, Él me protegió y solo tuve una hemorragia
ocular.
Uno
de mis hermanos se había ido a un convento y no pudo continuar su vocación,
regresó a casa bastante enfermo. Entonces yo había terminado el bachillerato y
tenía intención de ir a cumplir mi deseo de ser monja, pero mi familia me pidió
que me quedara para ayudar a mis padres a cuidar de mi hermano. Me costó mucho
pero por amor a mi familia así lo hice, y busqué un trabajo. A los dos días de
empezar a trabajar mi hermano falleció. Eso fue muy duro y le decía al Señor,
¿por qué tan pronto?, pero al mismo tiempo lo vi como una prueba.
Yo
nunca había oído hablar de las Hermanas de la Obra Misionera de Jesús y María,
pero un día, una monja que trabajaba conmigo me presentó esta Congregación y me
dio el número de teléfono. En marzo de 2010 llamé por teléfono y, muy nerviosa,
hablé con una de las hermanas. Ella me preguntó si quería ser monja y yo
respondí muy contenta que sí, pero Kupang estaba muy lejos. La hermana me dijo
que si yo quería de verdad, no había ningún problema. Tenía algo en mi corazón,
pero ese día no estaba tan segura de mi respuesta.
Seguí
mi contacto con esas hermanas y me gustaron y decidí ir con ellas. Cuando lo
dije en mi familia se asustaron porque yo desde pequeña decía que no quería ir
lejos de ellos, pero aunque les costó, respetaron mi decisión.
En
junio, una hermana vino a visitar y conocer a mi familia y en julio me fui al
convento. Estaba muy contenta con las hermanas y mis compañeras, pero echaba en
falta a mi familia.
En
octubre, tuve una nueva dificultad. Falleció mi padre, tan solo un año después
de mi hermano. Fue muy duro. Otra prueba más, y aunque con mucho dolor yo lo
veía como voluntad de Dios. Le decía al Señor: ‘Señor, es muy difícil, pero si
es tu voluntad, dame fuerza para aceptarlo’.
Luego
mi hermano mayor también entró al convento de los Capuchinos.
Soy
muy joven en la Vida Consagrada, solo llevo un año de profesión, pero soy feliz
en mi vocación. Para mí es un don muy grande del Señor. Soy feliz porque el
Señor me amó, me llamó y me eligió. No puedo explicar por qué quería esta vida,
solo que me sentía como enamorada de Él.
También
estoy muy contenta de estar aquí en España con mis Hermanas y de poder
participar aquí con vosotros”.
Fuente: OMPRESS
