Este 16 de agosto, XX Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa León XIV dirigió la oración mariana del ángelus desde la Villa Pontificia de Castel Gandolfo
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| Vatican News |
En su comentario al Evangelio de
este domingo dijo que, “de la mujer cananea aprendemos la humildad y la
determinación”. Gracias a su fe, agregó, “aprendemos que la mesa de Dios está
preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas, porque cada uno
tiene su propio lugar junto al Padre”.
“También hoy la
Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de
Cristo más allá de las fronteras ya trazadas”, con estas palabras el Papa León
XIV alentó en su alocución previa a la oración mariana del ángelus de este
domingo 16 de agosto, a los miles de files y peregrinos que se dieron cita en
la plaza de La Libertad, de Castel Gandolfo, localidad donde se encuentra la
Villa Pontificia.
La Resurrección es una vida nueva que
nos compromete
Al recordar que, ayer, celebramos la solemnidad de la
Asunción de la Virgen María, el Santo Padre destacó que, la relación de María
con su Hijo es una “relación indisoluble”, que “ni siquiera la muerte pudo
interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna”.
“Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud está
reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento del
pasado, sino una vida nueva que nos compromete”.
Intentar con insistencia hablar con
Jesús
Por ello, al comentar el Evangelio de este XX Domingo
del Tiempo Ordinario, el Pontífice señaló que, esto lo demuestra la mujer
cananea protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia. Aunque no
pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, intenta con insistencia
hablar con Jesús, siguiéndole como una discípula que ya tiene un vínculo con
Él.
“Probablemente nunca se habían encontrado, pero,
misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma,
sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como
el Mesías, descendiente de David”.
«Mujer, qué grande es tu fe: que se
cumpla lo que deseas»
Pero, el Papa indicó que, el evangelista no oculta los
obstáculos a los que se enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una
persona molesta, y el propio Jesús – que se había retirado a esa región y
buscaba un lugar apartado donde orar y formar a los suyos – se resiste a sus
peticiones. Sin embargo, en ese momento ocurre algo inesperado.
“Al meditar sobre ello, podemos comprender la
obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo
que oye. Al final le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que
deseas»”.
La Iglesia puede dejarse sorprender por
la obra de Dios
De ahí que el Santo Padre destacó que, también hoy la
Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de
Cristo más allá de las fronteras ya trazadas.
“Su misión es anticipada por la gracia divina, que
actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro,
incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído,
abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos”.
De la mujer cananea aprendemos la
humildad y determinación
De esta mujer de la que nos habla el Evangelio este
domingo, dijo el Pontífice, aprendemos la humildad y la determinación. Gracias
a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie
le corresponden las migajas, porque cada uno tiene su propio lugar junto al
Padre.
“A la luz de esta fe, resultan insoportables las
desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de
tantos hijos e hijas de Dios”.
La Iglesia en un mundo atormentado que
busca la paz
Y citando su Carta Encíclica, Magnifica
humanitas, 244, el Papa León XIV concluyó diciendo que, somos la Iglesia de
Jesucristo en un mundo atormentado, un mundo que busca la paz. A María, nuestra
Madre, le pedimos que interceda por nosotros.
“«De sus labios brota el himno más fuerte e innovador
que jamás se haya pronunciado, el Magníficat»: es el canto de quien ya ve la
realidad con la mirada de Dios y, por eso, no pierde la esperanza y actúa con
caridad”.
Renato Martínez
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
