El discernimiento ocupa un lugar central en la tradición cristiana desde los orígenes de la Iglesia
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| Dominio público |
La Sagrada
Escritura lo presenta como un don del Espíritu Santo que permite reconocer la
voluntad de Dios en las circunstancias concretas de la vida (cf. Rm 12,2; Flp
1,9-10; 1 Ts 5,21). Padres de la Iglesia, monacato, espiritualidad ignaciana y
Magisterio lo han entendido como una actitud permanente de escucha, oración y
búsqueda de la verdad.
En el
magisterio de León XIV el discernimiento
adquiere una relevancia singular. La frecuencia con que aparece
demuestra que constituye una verdadera clave para comprender la misión de la
Iglesia en el siglo XXI. Siempre unido a la acción del Espíritu Santo, a la
sinodalidad y a la evangelización, ofrece una respuesta a los profundos cambios
culturales, sociales y tecnológicos de nuestro tiempo: inteligencia artificial,
revolución digital, crisis laborales, migraciones, conflictos, desafíos
ambientales e incertidumbre antropológica.
Frente a
respuestas improvisadas o meramente ideológicas, el Papa propone un
discernimiento iluminado por el Evangelio que permita interpretar los
signos de los tiempos y orientar las decisiones personales y comunitarias hacia
el bien común.
León XIV supera
la concepción tradicional del discernimiento exclusivamente vocacional. Habla
de un discernimiento espiritual, moral, pastoral, comunitario, eclesial,
sinodal, educativo, tecnológico, social, político y cultural, convencido de que
toda la vida de la Iglesia debe ejercitar esta actitud de búsqueda de
la voluntad de Dios.
Especial
importancia concede al discernimiento comunitario, inseparable de la
sinodalidad. Caminar juntos significa escuchar, orar, dialogar, guardar
silencio y dejarse conducir por el Espíritu Santo para alcanzar decisiones
compartidas que fortalezcan la comunión y la misión.
Asimismo, el
Papa aplica el discernimiento a los
desafíos éticos de la inteligencia artificial y del progreso
tecnológico. Ninguna innovación puede sustituir la conciencia moral; por ello
reclama criterios que sitúen siempre en el centro la dignidad de la persona y
el bien común.
Discernir
significa leer la realidad a la luz del Evangelio, escuchar al Espíritu Santo,
distinguir lo verdadero de lo aparente e interpretar los signos de los tiempos.
Supone oración, escucha de la Palabra, libertad interior, diálogo,
responsabilidad y búsqueda comunitaria de la verdad.
Esta tarea
compete a toda la Iglesia y también a quienes influyen decisivamente en la
sociedad: pastores, consagrados, laicos, familias, jóvenes, educadores,
científicos, comunicadores, responsables políticos y desarrolladores de
inteligencia artificial. Todos están llamados a
discernir la voluntad de Dios, las decisiones personales y comunitarias, la
acción pastoral y los desafíos culturales y tecnológicos de nuestro tiempo.
La finalidad
del discernimiento es conocer la voluntad de Dios, fortalecer la comunión,
evitar polarizaciones, promover el bien común, proteger la dignidad humana,
renovar la evangelización y caminar sinodalmente al servicio de la humanidad.
Entre los
criterios que León XIV propone destacan la oración, la escucha del Espíritu
Santo y de la Palabra de Dios, la humildad, la comunión eclesial, la caridad,
la prudencia, la corresponsabilidad y la atención preferente a los pobres. Al
mismo tiempo advierte contra los falsos discernimientos nacidos del
individualismo, la ideología, la tecnocracia, el activismo o los intereses
particulares.
En definitiva,
para León XIV el discernimiento constituye una de las categorías
fundamentales de la vida cristiana y eclesial. Es el camino para descubrir la
voluntad de Dios, interpretar los signos de los tiempos y afrontar con
esperanza los grandes desafíos contemporáneos. Como pide al Señor en su oración para enero de
2026: «Enséñanos a escucharte cada día en las Escrituras, a dejarnos
interpelar por tu voz y a discernir nuestras decisiones desde la cercanía a tu
Corazón».
P. Isaac
González Marcos, OSA
Fuente: Alfa y Omega
