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| Vatican News |
Al recibir a los participantes en el encuentro de la
International Catholic Legislators Network, León XIV advierte del riesgo de una
innovación se convierta en instrumento de «colonialismo ideológico o
económico», una «forma sutil de dominio» que corre el riesgo de hacer que las
naciones más pobres dependan de las más ricas. A continuación, el Papa vuelve a
poner de relieve la familia como «escuela de humanidad» e invita a promover
políticas para fortalecerla.
La tentación de construir «una nueva Torre de Babel
donde el poder, la eficiencia y el control oscurezcan el rostro de la persona
humana». Es uno de los riesgos que el Papa León destaca en el encuentro
celebrado en la Sala Clementina con los participantes en la XVII Reunión anual
de la International Catholic Legislators Network, una iniciativa creada en 2010
con el objetivo de establecer una red entre los legisladores cristianos para la
defensa de la dignidad de todo ser humano. El Pontífice retoma el tema de su encuentro,
que se celebra en Roma hasta el 23 de agosto —«Dignidad humana e inteligencia
artificial: desafíos, oportunidades y control»— para ofrecer una profunda reflexión en inglés sobre la innovación
tecnológica, que sin duda abre nuevos horizontes, pero que también plantea una
cuestión de sentido, en particular sobre hasta qué punto está al servicio del
desarrollo integral de la persona.
León recuerda la necesidad de una legislación que
salvaguarde los derechos y las libertades del ser humano, velando por el riesgo
de un dominio sutil por parte de las naciones más ricas, y propone de nuevo
como camino a seguir la doctrina social de la Iglesia; además, frente a la
cultura del poder, invita a seguir «la cultura del amor» propuesta por la
Iglesia. En este sentido, es necesario proteger a la familia, «primera escuela
de humanidad», y por ello —tal es la recomendación del Papa León— «nunca se debe
permitir que la inteligencia artificial erosione esta célula primaria de la
sociedad».
El mundo no necesita una inteligencia artificial que
disminuya la humanidad, más bien, necesita una inteligencia humana iluminada
por la sabiduría, una autoridad política guiada por la conciencia y una
innovación tecnológica guiada por la caridad. Solo entonces la inteligencia
artificial se convertirá no en un rival de la humanidad, sino en un servidor
del bien común.
La buena legislación
La audiencia comienza con el Pontífice disculpándose
por el retraso y bromeando sobre el calor: «Bienvenidos a la sauna del
Vaticano», dice a los presentes. «Nuestra familia humana —afirma— se encuentra
ante una elección fundamental». Remitiéndose a la encíclica Magnifica humanitas, el Papa recuerda que
es necesario construir una civilización en la que la tecnología esté al
servicio del desarrollo integral de cada persona.
A continuación, subraya que los principios de la
doctrina social de la Iglesia —la dignidad inviolable de cada persona, el bien
común, la destinación universal de los bienes, la subsidiariedad y la
solidaridad— «proporcionan criterios seguros para el discernimiento». De ahí la
invitación de León XIV a los legisladores para que no se obstaculice la
innovación, sino que se guíe «con sabiduría».
Una buena legislación debería fomentar la creatividad
científica y tecnológica, salvaguardando al mismo tiempo los derechos humanos y
las libertades. Debería proteger a los usuarios de la explotación, salvaguardar
la privacidad personal, garantizar la transparencia en el uso de las
tecnologías emergentes y asegurar que estas refuercen las instituciones
democráticas.
Nuevas formas de adicción
Se trata, por tanto, de identificar «marcos jurídicos
adecuados, una vigilancia independiente, la educación de los usuarios y una
política que no renuncie a su cometido». Una vigilancia a nivel local, nacional
e internacional que garantice que «ninguna ideología o interés específico dicte
los valores incorporados en los sistemas de inteligencia artificial».
El rápido desarrollo de la inteligencia artificial
corre el riesgo de crear nuevas formas de dependencia tecnológica, con las
naciones más pobres cada vez más dependientes de las más ricas. Debemos
permanecer alerta al respecto, para evitar que la innovación se convierta en
otro vehículo de colonialismo ideológico o económico.
La tentación del dominio
No pueden ser los algoritmos los que decidan «quién es
visto y quién permanece invisible», ni si se debe subordinar la dignidad de los
trabajadores a la optimización de los sistemas.
Estos avances revelan una nueva faceta de la antigua
tentación del dominio y del poder sin servicio.
La familia, escuela de humanidad
Hay un camino que seguir que se opone a la cultura del
poder y es «la civilización del amor» propuesta por la Iglesia; «una
civilización —explica el Papa— que sepa guiar sabiamente la inteligencia
artificial, formando corazones capaces de caridad, compasión y
responsabilidad».
En una sociedad así, la primera escuela de humanidad
sería la familia. Porque es en la familia donde aprendemos la confianza antes
que el cálculo, la generosidad antes que la competición, el diálogo antes que
la división y el amor antes que el poder.
Por eso, hay que tener cuidado de no reducir la
familia a datos y modelos económicos que hacen que la vida familiar sea
económicamente precaria. «Por eso —subraya el Pontífice— los animo a promover
políticas que fortalezcan el matrimonio y las familias, apoyen a los padres en
su misión educativa y permitan a los jóvenes mirar al futuro con confianza».
Benedetta Capelli
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
