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| Foto: Universidad Nacional de Cuyo |
Rubén Peretó explica en una
conferencia que la recuperación de la cultura cristiana no comenzará en la
política ni en las instituciones, sino en la liturgia y en la adoración de
Dios. Siguiendo a John Senior, habla de la importancia de la Misa, los
monasterios contemplativos y los signos sacramentales.
Peretó, que es argentino, profesor de Historia de la Filosofía
Medieval de la Universidad Nacional de Cuyo y director del Centro Internacional
de Estudios Litúrgicos, planteó desde el comienzo una pregunta aparentemente
sencilla: ¿qué es la cultura cristiana? Frente
a las respuestas que la reducen a una serie de valores, obras artísticas o
instituciones históricas, recuperó la provocadora respuesta de John Senior: «Esencialmente,
la Misa».
Una civilización construida alrededor del altar
Según el conferenciante, no se trata de una afirmación meramente
piadosa. Durante siglos, la sociedad cristiana organizó buena
parte de su vida alrededor del culto: la arquitectura para
albergar dignamente el altar, la música para acompañar la oración, el arte para
representar los misterios de la fe y hasta la organización del tiempo mediante
las fiestas, el domingo y el Ángelus.
La Misa, por tanto, no fue un elemento más dentro de la cultura
medieval, sino su centro ordenador. Peretó describe la antigua
sociedad cristiana como un pueblo orientado hacia un centro común: el altar
donde se hace presente el sacrificio de Cristo.
El profesor subrayó además que la cultura no es un simple adorno
de la fe. Puesto que el hombre conoce también mediante los sentidos y la
imaginación, una serie de elementos materiales como campanas, procesiones,
incienso, imágenes, música y gestos litúrgicos contribuían a hacer perceptible
un mundo sobrenatural que de otro modo podía quedar reducido a conceptos
abstractos.
«La persona de Cristo ha sido retirada de nuestra
experiencia»
La segunda parte de la conferencia abordó las causas
de la crisis de la cultura cristiana. Siguiendo a Senior, autor
del magnífico libro La muerte de la cultura
cristiana, Peretó situó el origen del proceso en la progresiva
separación entre la vida humana y la presencia de Dios: racionalismo,
liberalismo y modernismo contribuyeron a convertir a Cristo primero en una
idea, después en una emoción y finalmente en un símbolo. El resultado es una
sociedad en la que lo sagrado ha dejado de estructurar la experiencia
cotidiana.
El conferenciante relacionó esta pérdida del sentido de lo
sagrado con diversos síntomas de la crisis cultural contemporánea: el
debilitamiento de la familia y de la fecundidad, la pérdida del sentido de la belleza y
una concepción de la vida humana cada vez más desligada de su carácter de don.
Una crítica a la banalización de la liturgia
Peretó dedicó también una parte especialmente crítica a la
situación litúrgica posterior al Concilio Vaticano II. A su juicio, ciertas aplicaciones
de la reforma litúrgica introdujeron música ligera, improvisación y excesiva
creatividad, debilitando la percepción del misterio.
Desde esta perspectiva, defendió la recuperación
de la liturgia tradicional del rito romano y del canto gregoriano.
A fin de cuentas, incluso desde un punto de vista meramente cultural, la
liturgia de la Misa es una de las expresiones más elevadas de la civilización
cristiana. El argumento central no es, simplemente, simplemente estético. El
silencio, el latín, el canto gregoriano, el incienso, las genuflexiones y la
orientación de la celebración formarían, según Peretó, una
pedagogía que enseñaba al hombre lo estaba sucediendo ante
él. La liturgia, explicó el conferenciante, puede enseñar mediante los sentidos
aquello que el intelecto todavía no es capaz de explicar plenamente: la
presencia real de Cristo en el altar.
«La restauración comienza en el altar»
La consecuencia práctica de todo el razonamiento es contundente:
la restauración de la cultura cristiana debe comenzar en el culto. Peretó citó
en este contexto al cardenal Joseph Ratzinger y
su conocida afirmación sobre la importancia decisiva de la liturgia para la
vida de la Iglesia. La renovación cristiana, sostiene, no puede reducirse a
programas políticos, iniciativas culturales o estrategias de comunicación. Todo
eso debe tener su fundamento en la oración y, en particular, en la Santa Misa.
La conferencia propuso además recuperar una vida cristiana que
volviera a santificar el tiempo mediante el
Oficio Divino, el Ángelus, el Rosario, el Vía Crucis, la adoración eucarística
y otras devociones tradicionales. Junto a ello, reivindicó la importancia de
los monasterios
contemplativos, recordando el papel decisivo que tuvieron los
monjes en la formación de la Cristiandad europea.
«No anticuarios de una liturgia, sino constructores de una
Cristiandad»
El final de la conferencia introdujo una advertencia
especialmente significativa para quienes aman la liturgia tradicional, pero
caen en el peligro de preocuparse más por tener razón que por vivir la caridad
cristiana.
La liturgia tradicional, sostuvo el conferenciante, no
ha sido dada para que los católicos tengan «tengan razón, sino para aprender a
amar». Quien sale de la Misa sin mayor caridad hacia su familia
y hacia sus enemigos no ha comprendido aquello que acaba de celebrar.
En ese sentido, el mensaje final de la conferencia puede ser que
no se trata de conservar piezas de museo, sino de volver a construir una
cultura cristiana viva. Si cultura viene de culto, como enseña Senior, los
cristianos no estamos llamados a ser «anticuarios de una liturgia, sino
constructores de una Cristiandad».
Fuente: InfoCatólica
