COMENTARIO AL EVANGELIO DE NUESTRO OBISPO D. JESÚS VIDAL: "LA MISIÓN DE PEDRO"

Muchas personas tienen la vaga idea de Jesús como un rabino solitario, un hombre bueno, que pasó haciendo el bien y al que se unió un variopinto grupo de personas, pero separado del desarrollo posterior de la Iglesia.
Dominio público

Es como si Jesús hubiera cumplido su misión en un círculo que se cierra y cumple con su vida y muerte. Lo que vino después sería creación de los hombres, con la buena intención de mantener el “legado” de Jesús. De esta forma, si la Iglesia es creación de los hombres, todas sus instituciones y lo que sucede en ella, puede ser cambiado para mantener la función de mantener esa herencia acomodada a cada tiempo.

En cambio, como se puede ver con claridad en los evangelios, realmente no fue así. Jesús formó la Iglesia como un nuevo pueblo de Israel en el que se cumplirían las promesas hechas por Dios a Israel, y en el que paganos y judíos se unirían en un solo pueblo.

En la predicación de Jesús encontramos tres formas de acogerle: el rechazo de los escribas y fariseos, la fe de los paganos y la frágil, pero incondicional acogida del grupo de discípulos más cercanos. Así, Jesús, ante el rechazo de los jefes del pueblo de Israel va formando un nuevo pueblo, que tiene como semilla al grupo de discípulos y que se abrirá a todas las gentes. Con esto, vemos claro que la Iglesia forma parte del plan de Jesús.

Y lo mismo sucede con una institución fundamental en la Iglesia: la del Apóstol Pedro. En el evangelio de este domingo, vemos como Jesús instituye a Simón, uno de sus discípulos, con un rol que será central para la futura comunidad de los discípulos de Jesucristo. Y define su misión a través de tres imágenes que sus discípulos podían entender claramente: la de la piedra sobre la que se sostiene un edificio, la del mayordomo de la casa y la de atar y desatar un nudo.

La primera de las imágenes va unida al nombre nuevo que Jesús da a Simón; desde ahora se llamará Pedro, que significa “piedra”. En muchos lugares de las escrituras la imagen de la roca hace referencia a Dios: una roca firme sobre la que es posible construir con seguridad una casa. El mismo Jesús había tomado esta imagen como conclusión de su enseñanza en la montaña.

Pedro es ahora puesto como roca firme sobre la que se establecerá la nueva comunidad de discípulos. No sobre las cualidades de Pedro, como si fuera un monarca al que Dios hubiera trasladado su sabiduría y poder, sino sobre su humildad y fe. Los evangelios recogen muchas situaciones de confrontación de Pedro con Jesús, pero lo que más destaca en ellas es la docilidad de Pedro al ser corregido. Es esta humildad la que hace de Pedro una roca firme.

La segunda imagen es la del mayordomo que tiene las llaves de casa para abrir y cerrar. En tiempos antiguos, el mayordomo era, como el propio nombre indica, el mayor de entre los servidores de la casa; como un primer ministro. Así se expresan dos cosas: Pedro ejercerá el servicio de organizar la misión de la Iglesia, pero lo hará siempre en nombre de otro, de Jesús.

La tercera imagen es la del nudo que se ata y se desata. Esta imagen no tiene apenas referencias en las escrituras, pero era muy común entre lo rabinos en el tiempo de Jesús. Hacía referencia a la misión de estos en relación con la enseñanza, aplicando a las situaciones concretas las enseñanzas de la Ley.

Lo mismo Pedro y sus sucesores tendrán la misión de desarrollar las enseñanzas de Jesús para iluminar el camino de los hombres las distintas situaciones históricas. El hecho de que lo atado y desatado en la tierra quede también atado y desatado en el cielo, nos habla no tanto del poder de Pedro, como del compromiso de Jesús de sostener por el don del Espíritu Santo la enseñanza de los sucesores de Pedro, de modo que sean guía segura para los fieles.

  + Jesús Vidal 

Obispo de Segovia

Fuente: Diócesis de Segovia