COMENTARIO AL EVANGELIO DE NUESTRO OBISPO D. JESÚS VIDAL: "MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE"

Jóvenes en Fátima. Dominio público
Otra experiencia preciosa que he vivido este verano ha sido la peregrinación a Fátima con cerca de 80 jóvenes de Segovia; un verdadero regalo de la Virgen, que nos ha mostrado su Corazón Inmaculado, en el que cada uno de nosotros podemos mirarnos, para descubrir que somos una preciosa perla que Dios busca para reflejar en ella su amor.

Entre estos jóvenes, nos acompañaban, atraídos por el testimonio de sus amigos y por el carisma de sus profesoras de Religión, algunos que no estaban bautizados. A primera vista, esto podría parecer algo extraño y suscitar en muchos “cristianos viejos” un sinfín de preguntas. ¿Habrán recibido formación? ¿Realmente estarían preparados para una peregrinación en la que íbamos a rezar, participar de los sacramentos…? La respuesta a estas preguntas ha sido la propia experiencia: ¡Ha sido maravilloso!

Este recuerdo me ha resonado al escuchar el evangelio de este domingo, en él se nos cuenta una historia parecida. Jesús, tras una discusión bastante amarga con fariseos venidos de Jerusalén, se retira al norte de Galilea, fuera de la tierra de los judíos, a la región de Tiro y Sidón. Allí se encuentra con una mujer pagana, cananea, que adoraría a sus dioses y que, sin embargo, se acerca a Jesús por una necesidad a la que estos no habían podido responder: su hija está poseída de un gran mal. Ha oído que Jesús es un hombre poderoso que puede sanarla y se acerca gritando con fuerza.

Para extrañeza nuestra, Jesús parece ignorarla e incluso, cuando se detiene para hablar con ella, le dice que no ha venido para anunciar el reino de Dios a ellos, los paganos, sino al pueblo de Israel. San Agustín, comentando este pasaje, da una explicación muy certera de la aparente falta de atención de Jesús: «Cristo se mostraba indiferente hacia ella, no por rechazarle la misericordia, sino para inflamar su deseo». Finalmente, la mujer muestra una gran fe, pues confiesa que con poco que haga Jesús, su hija quedará sana. ¡Qué gran contraste entre los fariseos y esta mujer cananea! Ellos habían discutido con Jesús acerca de detalles insignificantes de las tradiciones, hasta hacer que Jesús diga de ellos que son «ciegos, guías de ciegos». A ella le basta con las migajas que caen de la mesa, pues intuye que están llenas de vida eterna.

Esto me ha hecho recordar una conversación con una joven no bautizada que me contaba su proceso de apertura y búsqueda de Dios y, con lágrimas de emoción, dejaba entrever la alegría con la que vivía todas las cosas de la Iglesia. ¡Qué inmensa frescura de la fe! De ella y de tantos jóvenes y adultos que se acercan a nosotros a través de una peregrinación o en un retiro de conversión, como Jesús ante la mujer cananea, podemos decir: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!».

Quienes hoy llaman a la puerta de la Iglesia nos asombran por el ardor de su fe, por su sencillez y admiración ante lo que muchos hemos vivido desde pequeños. Pero me surge una pregunta: ¿encontrarán en nosotros la disposición adecuada para recibirlos con la alegría con la que Jesús recibió a la mujer cananea? O, por el contrario, como los fariseos, querremos cargarles con el peso de una “religión” que nosotros vivimos muchas veces como obligación, contentos de encontrar un relevo para darles lo que nosotros vivimos como una carga... 

En época de cristiandad, donde la cultura y la gran mayoría de la población era cristiana, el itinerario de la vida de la Iglesia consistía prácticamente en verificar si uno cumplía los mandamientos y si tenía suficiente conocimiento de los contenidos de la fe. Si no era así, uno podría alejarse de la Iglesia. Pero hoy, en esta nueva época en la que muchos no conocen a Jesucristo, el camino es bien distinto. Lo primero, como hace Jesús, es acoger a quien viene, verificando su deseo a través del testimonio y la invitación. Después, ya habrá tiempo para conocer más a Jesús caminando con él y para llegar al pie de la cruz para aprender a amar con el amor más grande. 

  + Jesús Vidal 

Obispo de Segovia

Fuente: Diócesis de Segovia