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| El Santo Padre desde el balcón del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo (@Vatican Media).. Dominio público |
Prevost ha decidido recuperar una tradición centenaria que Francisco decidió interrumpir por coherencia con su estilo de pontificado.
El Papa León XIV inició ayer domingo 5 de julio sus vacaciones en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el histórico lugar de veraneo de los papas, que Francisco convirtió en museo y nunca utilizó para su descanso estival.
El Palacio
Apostólico no es Villa Barberini, donde va cada martes a
descansar, sino las estancias que ocuparon papas como Juan Pablo II o Benedicto
XVI. Ambos encontraron en Castel Gandolfo un lugar adecuado para combinar
descanso, reflexión, oración y trabajo, lejos del ritmo incesante del Vaticano
y el calor sofocante de Roma.
Sería un error interpretar la decisión de León XIV como una vuelta
al lujo o a los privilegios. Nada más lejos de la realidad. El
ministerio petrino exige una disponibilidad permanente, una
enorme carga de trabajo, incontables encuentros,
decisiones de alcance universal y una intensa vida espiritual. También el
sucesor de Pedro necesita detenerse para cuidar su cuerpo, fortalecer su espíritu y
recuperar fuerzas.
El propio León
XIV lo explicó con sencillez nada más llegar a Castel Gandolfo.
"¡Buenas tardes, buenas tardes, Castel Gandolfo! Gracias. Estoy muy feliz
de estar aquí entre ustedes, de poder pasar las próximas semanas descansando un
poco, rezando un poco, leyendo un poco y, esperemos, haciendo un poco de
deporte aquí, en Castel Gandolfo. ¡Este encuentro es siempre un momento
importante!", recoge Vatican News.
No habló de privilegios, sino de descanso, oración, lectura y
ejercicio físico. En definitiva, de aquello que cualquier persona necesita para
continuar desempeñando con responsabilidad una misión tan exigente como la de gobernar
la Iglesia.
Francisco eligió
un camino diferente. Desde el inicio de su pontificado renunció a vivir en el
apartamento pontificio del Palacio Apostólico del Vaticano para instalarse en
la Casa
Santa Marta, donde permaneció durante todo su ministerio. Esa
misma lógica le llevó a no trasladarse nunca a Castel Gandolfo para
pasar las vacaciones.
En lugar de abandonar Roma durante el verano, Francisco continuaba
viviendo en Santa Marta. Reducía la agenda pública, suspendía durante unas semanas
las audiencias generales de los miércoles y dedicaba más tiempo a la oración, a
la lectura, a la preparación de documentos y a las reuniones de trabajo
imprescindibles. Era su forma de entender el descanso: cambiar el ritmo, pero
no el lugar.
En 2016 dio un
paso más y abrió al público el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, la
residencia privada de los papas, convirtiéndolo en un
museo. Los visitantes pudieron recorrer por primera vez las habitaciones
donde habían vivido los pontífices, su biblioteca, la capilla privada, el
despacho y otras estancias históricas. Fue un gesto coherente con su deseo de
hacer más accesible el patrimonio de la Iglesia y de desprenderse de cualquier
signo que pudiera interpretarse como privilegio.
Ahora bien, esa opción personal de Francisco no significa
necesariamente que sea el modelo más adecuado para todos los pontífices. Al
menos así lo ha entendido Prevost. El descanso no es una concesión ni una
comodidad; es una necesidad humana. También para un Papa.
Incluso podría decirse que resulta una obligación moral cuando de ese
descanso depende la claridad de juicio, el equilibrio personal y
la capacidad para seguir sirviendo a más de mil cuatrocientos millones de
católicos.
El regreso de León XIV a Castel Gandolfo tampoco
supone deshacer la obra de Francisco. Lo que permanece
cerrado durante la estancia del Papa es únicamente el Palacio Apostólico, que
desde 2016 funcionaba como museo y que ahora vuelve temporalmente a cumplir la
función para la que fue concebido: ser residencia del Pontífice durante el
verano.
En cambio, continúa plenamente abierto el Borgo
Laudato Si', el gran proyecto impulsado por Francisco en
las Villas Pontificias. Este espacio de 55 hectáreas, dedicado a la ecología
integral, la educación ambiental, la economía circular y la inclusión social, seguirá
recibiendo visitantes todos los días de 10:00 a 18:00 horas. De
hecho, el propio León XIV ha querido mantenerlo accesible para que todos puedan
descubrir "un lugar de oración, de belleza y de cuidado de nuestra
casa común".
No hay contradicción entre ambos papas. Francisco legó un espacio
abierto al mundo para educar en el cuidado de la creación. León XIV recupera,
mientras tanto, el sentido original del Palacio Apostólico como lugar de
descanso y recogimiento. Uno puso el acento en la sobriedad; el otro recuerda
que cuidar de quien lleva sobre sus hombros el peso de la Iglesia también forma
parte de la responsabilidad pastoral.
Quizá esa sea la mejor enseñanza de este verano en Castel
Gandolfo: un Papa no deja de servir cuando descansa. Al contrario, descansa
precisamente para poder servir mejor.
Zenón de Elea
Fuente: Religión Confidencial
