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Durante una homilía,
el padre Javier Carralón, sacerdote español de Stabat Mater que labora
actualmente de la arquidiócesis de Guadalajara en México, hizo una muy buena
comparación al referirse a las águilas y lo que pueden enseñar al cristiano que
se encuentra en conflicto espiritual.
Tomar una decisión dolorosa para renovarse
En su
reflexión, el padre Carralón comenta que las águilas pueden llegar a vivir
hasta 70 u 80 años, pero cuando llegan a los cuarenta se les empieza a encorvar
el pico y no pueden comer, no pueden volar porque les pesan las alas y las
garras no les sirven para asir a sus presas.
Entonces deben
tomar una decisión: dejarse morir o entrar en un doloroso proceso de renovación
que dura cinco meses.
Lo que ocurre
durante ese tiempo es un reflejo de lo que puede pasarle al cristiano: al
cumplir cierta edad es muy probable que se encuentre en medio de una crisis
porque tal vez se ha estancado en sus relaciones interpersonales, en el trabajo
o quizás, con Dios. Su conflicto mayor es que no sabe qué va a pasar con su
vida.
Puede ser que
haya llegado el hastío porque se encuentra sumido en algún pecado del que no
sabe cómo salir y ya no puede más.
Pero, ¿qué
pasa con las águilas? Se retiran a la hendidura de una roca y comienzan a
arrancarse plumas, pico y garras. Por supuesto que se trata acciones colmadas
de dolor, pero al finalizar el tiempo establecido, resurgen renovadas y fuertes
para continuar con sus vidas.
¿Qué debes arrancar de tu vida?
El cristiano
también tiene que decidir: ¿qué o con quién tienes que romper? ¿qué debes
arrancarte?, dice el sacerdote... Aunque duela, aunque llores, aunque sangres…
Porque el
cristiano que es sincero consigo mismo sabe que, si quiere progresar en el
camino marcado por Dios, deberá hacer lo mismo que las águilas: arrancarse un
vicio, un pecado recurrente, una persona que lo invita al mal camino.
Y, a pesar de
que le dolerá hasta el alma, al final resurgirá con un espíritu renovado, listo
para enfrentar al mundo porque, como san Pablo, dirá convencido: "Todo lo
puedo en Cristo que me fortalece" (Fil 4, 13).
Termina
comentando el sacerdote:
"Tú
decides si te dejas morir o entras en un proceso de purificación y
renovación... pero no te canses, lo peor es el cansancio de los buenos".
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
