“¡Ahora lo espero en Madrid!”
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| El encuentro enfrente de Villa Barberini |
En Castel
Gandolfo, estaba también presente la familia del joven español de quince años
que fue hospitalizado el verano pasado por un linfoma en pleno Jubileo de los
Jóvenes. León XIV había pedido oraciones por él en Tor Vergata y había ido a
visitarlo al Bambino Gesù. Tras meses de cuidados, terapias y sufrimientos,
pero también de una ola de solidaridad y oraciones, el chico está bien y esta
tarde ha querido decírselo al Pontífice, que lo saludó:“¡Ahora lo espero en
Madrid!”
Ese abrazo no
dado la tarde del 4 de agosto, cuando el Papa fue a visitarlo al Bambino Gesù
mientras él se encontraba en una sala inaccesible de cuidados intensivos, el
joven Ignacio Gonzálvez ha logrado dárselo esta tarde a León XIV, fuera de
Villa Barberini en Castel Gandolfo. “Le dije que me he curado, que gracias a
Dios estoy bien, que lo espero en Madrid”, cuenta a los medios vaticanos. “Él
estaba muy feliz, pudo darme un abrazo, pude saludarlo. Fue un momento rápido,
pero bonito… ¡Gracias a Dios y gracias al Papa!”.
La enfermedad
repentina y la oración del Papa
El joven
español de quince años había sido hospitalizado el verano pasado en el Bambino
Gesù, pocos días después de haber llegado a Roma con su hermano y su hermana
para participar en los eventos del Jubileo de los Jóvenes. Lo que los médicos
describieron como una “explosión” en el pecho lo había llevado a un paso de la
muerte: un linfoma agresivo de las vías respiratorias. El Papa, al conocer la
historia a través de amigos en común, había pedido oraciones por el joven desde
el escenario de Tor Vergata y la noche del 4 de agosto fue personalmente y por
sorpresa al área de cuidados intensivos para saludar al papá Pedro Pablo, a la
mamá Carmen Gloria, al hermano Pedro Pablo jr y a la hermana Adela. La atención
de León XIV llevó la historia —tanto de sufrimiento como de esperanza y sólida
fe— a la primera plana de las crónicas internacionales, provocando una ola de
oración, solidaridad y cercanía hacia esta familia que, de un día para otro, se
encontró catapultada desde Murcia, en España, a Italia.
Meses de
cuidados y sufrimientos, pero también afecto y oración
La vida siguió
adelante en estos meses entre dolores, cuidados, terapias, altibajos. Ahora
Ignacio está curado, está fuera del hospital, lejos de tubos, sueros, vendas. Y
ha querido comunicárselo personalmente a León para decirle también gracias.
“Quería decirle al Papa que ahora estoy curado de la enfermedad. Ayer recibí la
noticia. Los médicos me dijeron que todo va bien, que he terminado la terapia y
que ya no está el linfoma. Ahora estamos viendo cuándo volver, probablemente el
20, pero no sé…”, cuenta Ignacio, en medio de la multitud en la acera fuera de
Villa Barberini, con su mamá al lado. La mamá heroica que, la noche del 4 de
agosto, declaraba a los medios vaticanos su certeza en la ayuda de Dios para el
hijo, para ella, el esposo y los otros hijos. Esta tarde mira al pequeño de la
casa sonriendo y con una mirada de satisfacción al verlo nuevamente de pie,
hablando, seguro de sí, tranquilo. Los dos, ante la pregunta de qué recuerdan
de estos meses desde el inicio de la enfermedad, responden de la misma manera:
“Dios siempre, siempre ha estado presente en nuestra vida”.
“¡Gracias!”
Y también el
Papa ha estado presente: “Quiero decirle gracias por las oraciones…”, dice
Ignacio. “Se preocupó mucho, preguntó, vino”. Después de la visita hubo de
hecho otros contactos entre León XIV y los Gonzálvez: “Le había hablado de mis
problemas”. Pero solamente de los problemas de salud porque, por lo demás, no
faltó “nada”, asegura el chico: “Gracias a Dios, llegó todo. Nada de lo que
tengo ahora es mío, ninguna cosa. ¡Un milagro!”. Según el joven, la ayuda para
la curación llegó también del cielo: “Mi abuelo, mi abuela, los amigos de mis
padres y también… ¡Santa Clara! Desde que me desperté he sentido cerca a Santa
Clara, la doctora que me curó en el Bambino Gesù se llama Clara, así que pienso
que Santa Clara hizo algo”.
La ayuda del
cielo y el apoyo de muchos
Pero también
otros santos, añade la mamá. En primer lugar San Charbel, el monje libanés al
que se atribuyen más de 20 mil curaciones. El Papa había rezado en su tumba
durante el viaje a Beirut. Y en la visita al Bambino Gesù había dejado una
reliquia en el área de cuidados intensivos. “Hemos pedido ayuda a San Charbel”,
cuenta Carmen Gloria, “y también a San Carlo Acutis, desde el inicio tenía su
imagen. También pedimos la intercesión de Carmen Hernández”, la co-iniciadora
del Camino Neocatecumenal del que la familia forma parte.
Además de las
ayudas espirituales, Carmen Gloria da testimonio de muchas ayudas materiales:
“Ha sido un tiempo de gracia. Sabemos que ha sido una gracia porque no era
posible con nuestras fuerzas, en un país que no conocemos, con una lengua que
no conocemos, con una enfermedad que desde el principio pareció grave. De un
día para otro, todo cambió. Hemos sufrido mucho, pero también hemos sido
profundamente consolados por Dios con hechos concretos. La providencia, de
verdad… Hubo gente que dejó su casa para que nosotros viviéramos allí”.
En España, la
familia Gonzálvez dice que ahora se lleva consigo “una señal del amor de Dios”.
Un hijo curado, un Papa cercano, cientos de personas alrededor listas para
sostenerlos. “¡Todo un milagro!”.
Salvatore Cernuzio
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
