Puesto que la familia es una pequeña Iglesia, es imposible imaginarla sin la oración familiar. Aprendamos como rezar todos juntos para ser una Iglesia doméstica
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La Iglesia en
el hogar no está completa sin la oración en familia. "Quien reza se salva;
quien no reza, se condena" estas son las palabras contundentes y directas
de San Alfonso de Ligorio. Al mismo tiempo, afirmaba que cada persona recibe de
Dios la gracia fundamental de saber orar.
Iglesia
doméstica
Gracias a ello,
puede seguir rezando para orar mejor y para la transformación de su vida. Sin
embargo, como cristianos, no vivimos aislados de los demás.
En la
Constitución dogmática sobre la Iglesia "Lumen Gentium", que el Papa
León comentó durante algunas audiencias de los miércoles de 2026, afirma:
"Pero a
Dios le ha placido santificar y salvar a los hombres no individualmente,
excluyendo todo vínculo recíproco entre ellos, sino hacer de ellos un pueblo
que le conozca en la verdad y le sirva piadosamente" (LG, 9).
La célula
fundamental de este pueblo es la familia, que constituye la Iglesia doméstica, como ya señaló san Juan Crisóstomo
(siglo V), al escribir que "la familia es, en efecto, una pequeña
Iglesia" (Homilía 20 sobre la Carta a los Efesios 5).
¿Qué es la
oración en familia?
Puesto que la
familia es una pequeña Iglesia, es imposible imaginarla sin la oración
familiar. Por supuesto, nada resta valor a la Eucaristía comunitaria del
domingo, pero la fe debe construirse sobre la oración, y no solo una vez a la
semana.
La oración conjunta
de padres e hijos no es solo una invitación a Dios para que actúe en ella, sino
que también es catequesis. Gracias a ella, mamá y papá transmiten la fe: la
relación y la forma de estar con Dios; enseñan cómo hablar con el Señor y cómo
rezar unos por otros.
Enseñan la
jerarquía correcta de valores (la oración de acción de gracias favorece esto) y
forman la conciencia (la oración de perdón).
¿Cómo
practicar y fomentar la oración en familia?
Al igual que
con cualquier oración, lo importante es la constancia y la regularidad, más que
su duración o la abundancia de palabras. Conviene establecer claramente el
momento y el lugar. Resulta útil crear un rincón de oración o un altar
doméstico.
Su desarrollo
debe adaptarse a los miembros de la familia: a su temperamento y carácter. A
veces resultará útil establecer claramente su desarrollo, por ejemplo:
- Lectura de un breve pasaje del Evangelio,
- Oración de acción de gracias,
- Oración de perdón,
- Oración de petición,
- Padre Nuestro en común.
En otras
familias, será mejor que se desarrolle de forma espontánea.
Sin embargo,
más importante que la forma es la fe y el sentimiento de cercanía tanto con los
miembros de la familia como con Dios.
Dariusz Dudek
Fuente: Aleteia
