Cómo un respeto absoluto a la vida humana beneficia a las mujeres, a los médicos y a toda la sociedad, según algunos ciudadanos de Andorra
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| CRISTIAN IONUT ZAHARIA / Shutterstock |
¿Qué ventajas
obtiene un país al blindar el derecho a la vida liberándolo de los abortos
provocados?
Responden
algunos ciudadanos de Andorra, un pequeño estado situado entre Francia y España
que mantiene la penalización de la llamada “interrupción voluntaria del
embarazo”.
1. Un
ambiente de estima a la vida
“El primer
beneficio es el respeto efectivo a la vida, no teórico sino real -afirma Ramon
Sàrries, párroco en la capital i arcipreste de los Valles de Andorra-. Con esto
se crea un ambiente de estima y respeto absoluto a la vida”.
“Esta estima
nos hace darnos cuenta de que la vida que tenemos no depende de nosotros mismos
-destaca a Aleteia el sacerdote-, sino que la recibimos (de manera inmediata de
nuestros padres pero remotamente de Dios)”.
Efectivamente,
la Constitución y el Código Penal del país de los Pirineos protegen sin
excepciones el derecho a la vida de todos los seres humanos en todas sus fases.
“No se trata
sólo de un precepto penal, sino de un principio jurídico y ético que defiende
la dignidad de toda vida, independientemente de su fuerza, utilidad y
circunstancias”, explica a Aleteia la asociación de mujeres Stella Mons.
Para Rafael
Sarandeses, médico de familia en Andorra, la mayor recompensa a la singular
propuesta que une en Andorra ética, legalidad y compromiso social es “el
beneficio moral”.
Defender
siempre la vida nos permite “ser humanos, ser dignos”. Y como cristiano, añade,
“es ayudar a dos personas: a una a vivir, y a otra a salvar su alma”.
2. Refuerza
la maternidad
“La protección
legal de la vida en gestación contribuye a reforzar la maternidad como realidad
social de interés público”, aseguran las mujeres de Stella Mons.
“El
reconocimiento jurídico del valor de la vida desde la concepción favorece un
entorno institucional y cultural orientado al apoyo al embarazo y a la
crianza”, subrayan.
“Además puede
actuar como una salvaguarda real para muchas mujeres que, en situaciones de
vulnerabilidad, podrían sufrir presiones familiares, económicas o de pareja”
para abortar.
“Paradójicamente,
la ley puede convertirse en muro de contención ante estas presiones,
garantizando que su decisión sea realmente libre”, añaden.
3. Protege
la medicina
Tras ejercer la
medicina en España, Sarandeses ahora en Andorra puede “defender la vida y
ayudar en lo posible a los pacientes en lugar de que dejar que sean acosados
por un sistema que solo les aboca a eliminar a su hijo”.
El doctor
señala que prohibir el aborto permite a los médicos cumplir el juramento
hipocrático y defender de una muerte cobarde.
La protección
de la vida “nos permite conformar nuestro destino a nuestra vocación, salvar
cuando se pueda y cuidar y consolar siempre”, declara.
Evitar un
aborto “es ayudar a dos personas: a una a vivir y a otra, a salvar su alma”,
afirma este médico cristiano.
Y agradece sus
“hijos de la consulta”, tras años de atención a mujeres en sus embarazos,
algunas de las cuales le envían mensajes agradecidos en cada cumpleaños de sus
hijos.
4. Favorece
la apertura a Dios
“Nadie se ha
ganado la vida -constata Sàrries-. Darnos cuenta de que la vida es un don nos
eleva a descubrir su origen en Dios, y elevamos nuestro espíritu al Creador”.
El sacerdote
explica que “Dios está en el origen de todo el proceso creador y de los grandes
principios que rigen el orden de la naturaleza, que llamamos ley natural”.
“El
reconocimiento de esta ley natural nos introduce en el mundo espiritual
-añade-: valoramos unos mandamientos que, según la revelación bíblica, Dios dio
a los hombres”.
“Uno de estos
mandamientos nos dice, tajantemente, no matarás -puntualiza-. Y este
mandamiento debe entenderse en referencia a la vida humana”.
El párroco de
Andorra la Vella afirma que la “doble conciencia del valor de la vida, desde la
perspectiva humana y religiosa, motivará positivamente a la ciudadanía a
asentir”.
Retos
Pero también
reconoce que “puede ser radicalmente rechazada por otra parte de ciudadanos” y
desembocar en “una sociedad dividida”.
Por su parte,
la asociación Stella Mons confirma “incomprensión por parte de algunos sectores
de la población” en uno de los pocos países de Europa que prohíbe el aborto,
“que se traduce en tensiones políticas”.
Entre los retos
relacionados que vive hoy Andorra en este ámbito, sus miembros destacan la
necesidad de “una política social comprometida y coherente”.
“La defensa de
la vida no puede quedarse en el plano jurídico -declaran-. Debe venir
acompañada de apoyo psicológico especializado, ayudas económicas y sociales,
vías de adopción garantistas y una cultura del acogimiento”.
“El objetivo no
es solo evitar el aborto, sino asegurar que ninguna mujer afronte un embarazo
difícil en soledad, desprotegida”, explican.
Para ello,
continúan, “el Estado y nuestra sociedad deberían asumir la maternidad como una
responsabilidad compartida”, que pasa por “la responsabilidad de los padres, el
compromiso de las instituciones y el papel activo de la comunidad”.
“Hay que
replantear la manera como se aborda la educación sexual -subrayan-: es
fundamental que no se enfoque solo en el contacto físico sino que incorpore
explícitamente la responsabilidad que comporta la planificación familiar que
comparten equitativamente mujeres y hombres en la toma de decisiones”.
Y contra el
“problema estructural” de que una mujer sienta que el embarazo pone en riesgo
su trabajo, su estabilidad o su futuro, la asociación propone defender la
conciliación, la protección laboral, la salud mental perinatal y el apoyo a la
crianza.
Patricia Navas
Fuente: Aleteia
