¿VERDADERAMENTE ESTÁS AMANDO? ORDENAR, NO REPRIMIR

¿De qué manera nos pide Dios que amemos a la pareja? Aquí encontrarás una respuesta para construir una relación donde amar sea verdaderamente puro y ordenado 

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¿Cómo amar verdaderamente? Esta es la pregunta que muchos se hacen, buscando la respuesta en las redes sociales, en las charlas entre amigos o preguntando a la Inteligencia Artificial, pero muchas veces olvidamos preguntarle a Aquel quien es la fuente de amor puro e inagotable.  

En la actualidad, hay muchas definiciones para el amor. Sin embargo, no todas dan la plenitud que el corazón anhela y es que el marketing y el mundo del entretenimiento nos han vendido la idea de un amor distorsionado, fuera de nuestra esencia. Por ello, amar realmente es de valientes; es darse cuenta de que el amor es una entrega diaria y debe ser protegido con responsabilidad. 

La esencia del verdadero amor

El Catecismo de la Iglesia Católica, nos dice que el amor "es una decisión de la voluntad orientada al bien del otro, incondicional y sacrificada, siguiendo el ejemplo de Cristo".

Por lo tanto, la finalidad del amor verdadero conocido también como Ágape, bajo la mirada de santo Tomás de Aquino, es "querer el bien del otro". Es decir, no solo es un mero sentimiento, sino que va más allá: es un acto que nace de la voluntad.

La represión vs. el orden

Cuando vemos lo que la Iglesia y Dios nos piden para vivir un amor pleno, solemos pensar que existen muchas reglas y que es difícil lograrlo. Comenzando por el tema de la castidad. 

No podemos negar que, cuando hay un amor total por la otra persona, hay también un deseo sexual por el otro, el cual es completamente normal. "La castidad no es la represión de ese deseo, sino que es el orden de ese deseo", explicó el influencer católico Quique Mira. Además, explicó que este orden hay que conducirlo al sueño y al pensamiento de Dios sobre una vocación y un matrimonio para el bien.

Por otro lado, el Catecismo nos ayuda a comprender, en el numeral 2395, que "la castidad significa la integración de la sexualidad en la persona. Entraña el aprendizaje del dominio personal". 

Un amor libre total y fecundo

Para que una relación de pareja tenga fruto en su matrimonio debe ser libre, total y fecundo. El catecismo explica que “la alianza que los esposos contraen libremente implica una entrega fiel. Les confiere la obligación de guardar indisoluble su matrimonio". Por lo que es necesario que ambos busquen el mismo fin y comprendan el gran valor que hay al vivir un amor a lo grande. Ya que, "la fecundidad es un bien, un don, un fin del matrimonio. Dando la vida, los esposos participan de la paternidad de Dios".  (CIC 2398).

El don de amar

El amor verdadero no se trata de apagar lo que sentimos, sino de aprender a encenderlo correctamente. Cuando el deseo se ordena, deja de ser egoísta y se convierte en don. Amar así no limita, sino que libera. Porque al final, solo quien aprende a amar según el corazón de Dios es capaz de construir un amor que perdura, madura y da vida. 

Karen Hutch 

Fuente: Aleteia