Cuando muchos confiesan hoy que preferirían vivir en el pasado antes que en el futuro, los santos nos muestran otro camino: la curiosidad, la innovación y la confianza en Dios
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Una encuesta
reciente del Pew Research Center reveló
que muchos más estadounidenses dicen que preferirían vivir en el pasado que en
el futuro. ¡No es de extrañar que "Volver al Futuro" siga siendo un
éxito! Muchos afirman sentirse incómodos con lo que les depara el futuro y
prefieren las certezas familiares de lo que ya han vivido.
No hay nada
sorprendente en ello, ya que la incertidumbre puede resultar inquietante. Los
cambios en la cultura, la tecnología y la economía pueden hacer que cualquiera
sienta nostalgia por los tiempos pasados. Pero para los cristianos, mirar solo
hacia atrás no es una opción. Nuestra fe se basa en un evento que cambió el
mundo hacia el mañana: la resurrección de Cristo.
Y en la larga
historia de la Iglesia, ha habido personas que, en lugar de asustarse por lo
que venía, lo enfrentaron con valentía, imaginación y confianza inquebrantable.
Aquí hay cuatro santos cuyas vidas nos recuerdan que tener esperanza en el
futuro puede ser un acto de fe.
1. Santa Teresa
de Ávila: Reformadora con visión de futuro
Teresa se
adelantó a su tiempo al reconocer que la cercanía a Dios exige tanto valor
interior como acción exterior. Describió la oración no como una espera pasiva,
sino como una relación dinámica con Dios, que impulsa al creyente a avanzar. Al
hacerlo, mostró al mundo que el crecimiento espiritual implica avanzar hacia lo
que aún no hemos visto plenamente.
2. San Juan Pablo
II: un peregrino hacia el mañana
Pocos papas de
la era moderna vieron el futuro con tanta audacia como San Juan Pablo II. Nacido en una Polonia
devastada por la guerra, fue testigo directo del totalitarismo. Sin embargo,
como papa, se convirtió en un peregrino global, viajando a rincones remotos del
mundo, defendiendo la dignidad humana y la libertad religiosa.
Juan Pablo II
comprendió que la Iglesia no podía limitarse a conservar la tradición como un
museo, sino que debía comprometerse con el mundo. Sus encíclicas, desde Redemptor
Hominis hasta Evangelium Vitae, abordaron
temas que ni siquiera se habían imaginado en siglos anteriores, como la
ingeniería genética, la globalización y el secularismo. Enseñó que la fe debe
afrontar el futuro no con miedo, sino con esperanza inteligente.
3. Santa Catalina
de Siena: diciendo la verdad al poder
En una época en
la que el liderazgo de la Iglesia estaba literalmente fuera de lugar —el papado
de Aviñón—, Santa Catalina de Siena hizo algo sorprendente: escribió cartas y
realizó llamamientos personales para que el Papa regresara a Roma y se
enfrentara a la corrupción moral y política. No se contentó con permanecer en
silencio o refugiarse en el claustro mientras la Iglesia se enfrentaba a una
crisis.
La innovación
de Catalina no fue tecnológica, sino relacional y espiritual: creía que la
santidad debía comprometerse con la historia, que la oración y la defensa de
los derechos podían moldear no solo las almas, sino también las instituciones.
En un mundo ansioso por lo que le depara el futuro, su ejemplo nos enseña que
el miedo al futuro puede sustituirse por una caridad audaz.
4. San Damián de
Molokai: Abrazando a los marginados
En Hawái siglo
XIX, cuando la enfermedad de Hansen (lepra) provocó el aislamiento forzoso de
sus víctimas, pocas personas querían acercarse a ellas. Muchos temían la
enfermedad porque no la entendían. Pero san Damián de Molokai hizo algo
radical: se ofreció voluntario para vivir entre ellos, y finalmente él mismo
contrajo la enfermedad.
El valor de
Damián no nacía de la ignorancia, sino del amor. Caminó hacia un futuro
incierto y lleno de sufrimiento, no porque fuera seguro, sino porque el amor lo
llamaba allí. Su vida nos recuerda que mirar hacia adelante no significa huir
de las dificultades, sino llevar la compasión a los lugares más difíciles.
Esperanza que
mira hacia adelante
Los santos no
eran ingenuos respecto al futuro. Veían incertidumbre, conflicto y cambio. Pero
no dejaron que el miedo los definiera. Confiaban en que Dios, el Dios del
mañana, tiene todo el tiempo en sus manos.
Para muchos hoy
en día, el futuro puede resultar intimidante: nuevas tecnologías, paisajes
sociales cambiantes, envejecimiento personal, pérdidas, ansiedad económica. No
es de extrañar que todo esto pueda hacer que el pasado parezca un lugar más
seguro, ¡e incluso atractivo! Pero la visión cristiana es siempre la de un
viaje, no la de un estancamiento. Creemos en un Dios que camina con nosotros
hacia cada mañana.
Al igual que
los santos, se nos invita a no huir de la incertidumbre, sino a afrontarla con
valentía arraigada en el amor, la misma fuerza que dio esperanza al mundo hace
dos mil años.
Cerith Gardiner
Fuente: Aleteia
