Existimos por voluntad de Dios, pero vivimos imbuidos en un mundo lleno de distractores. Por eso nunca olvides que el Señor siempre está al pendiente de ti
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Hasta los
cabellos de tu cabeza están contados" (Lc 12,
7) hace hincapié Jesús para que comprendamos que somos muy importantes para
Dios. Pero a menudo lo olvidamos porque el mundo se encarga de obnubilar
nuestra mente y corazón, haciéndonos creer que necesitamos muchas cosas vanas,
y que, sin ellas, no estaremos bien.
Sin embargo, si
lográramos despejarnos de los distractores de la vida moderna, nos daríamos
cuenta de que es realmente poco lo que requerimos y que Dios se encarga de
darnos lo esencial, sobre todo si nos centramos en servirlo a Él y al prójimo,
porque el que busca su Reino, tendrá todo lo que necesite para vivir:
"Si Dios
viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al
fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! [...] Busquen primero
el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura" (Mt 6,
30- 33).
Confiar en
su providencia
El Doctor
Ricardo Castañón, científico exateo que se convirtió al catolicismo a raíz de
estudiar los milagros eucarísticos -la Presencia real de Jesús en la Eucaristía
y visible como carne y sangre - narró una experiencia que demuestra la acción
de la providencia divina en quienes confían en su promesa.
Hace algunos
años estuvo hospitalizado por una afección cardíaca. El tratamiento saldría en
cuatro mil dólares. "Yo solamente tenía cien", recuerda. Un día antes
de ser dado de alta el director de la clínica le mandó llamar. "Yo estaba
muerto de miedo" confiesa, porque no tenía con qué pagar.
Al llegar a la
oficina del médico, le dijo que habían notado que era distinto de los otros
pacientes. Era educado, agradecía a todos, los bendecía, rezaba, acudía a la
capilla... Tanto había llamado la atención su comportamiento que lo buscaron en
internet. Fue cuando descubrió que se trataba de Ricardo Castañón - porque él
siempre se registra como Jesús Gómez, su primer nombre y su segundo apellido -.
"Nos gusta
mucho lo que hace", dijo el director. Luego vino lo bueno: no le cobraría
nada por su tratamiento. "La clínica es suya para cuando la
necesite". El doctor Castañón reconoció de inmediato que Dios se estaba
encargando de él porque le ha servido con amor y confianza.
Dios nunca
se olvida de ti
Del mismo modo,
todos podemos reconocer la mano de Dios desde que nos levantamos con vida y
salud: tenemos a nuestra familia, un trabajo y comida. Por supuesto que existen
también los problemas, pero Dios siempre está al pendiente de nosotros. No
olvidemos el bien que el Señor prodiga sobre nosotros y agradezcamos siempre su
amor.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
