Cuando estás demasiado cansado, ahondar en la Biblia puede ser una fuente de paz y consuelo
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En su época,
los profetas y evangelistas probablemente no entendían el concepto de
agotamiento materno; sin embargo, sus escritos están llenos de buenas ideas
para las madres cansadas. Sin duda es porque transmitían el mensaje de Cristo,
fuente de toda paz
Nadie tiene
mayor amor que el que da la vida por los que ama" (Jn 15,13). Una palabra de Cristo que muchas mamás
pueden sentir que aplican, no al pie de la letra, ¡pero no muy lejos de ella!
Noches sin dormir cuando los niños son pequeños, multitud de servicios
prestados cuando crecen… Un sentido del sacrificio que resulta agotador cuando
está desconectado del amor, carente de sentido o mal equilibrado. Cuando estás
demasiado cansado, ahondar en la Biblia puede ser una fuente de paz y consuelo.
Aquí tienes seis versículos que te invitan a descansar.
1. PIDE UNA
SEÑAL AL SEÑOR
"Respóndeme
pronto, Señor: ¡estoy sin aliento! No me ocultes tu rostro: yo sería de los que
caen en la fosa. Hazme oír tu amor por la mañana, pues confío en ti. Muéstrame
el camino que debo seguir; elevaré a ti mi alma" (Sal 143,7-8).
No siempre es
fácil pensar en acudir al Señor cuando uno está al límite de sus fuerzas.
Digamos que no es el primer pensamiento que nos viene a la mente. En cambio, el
salmista nos invita a dirigirnos al Señor y pedirle que se muestre, que envíe
una señal de su amor. Si permanecemos atentos, sin duda podremos acoger las
gracias que el Señor nos envíe.
2. ESTÉN
SEGUROS DEL AMOR DEL SEÑOR
"Ni la
muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo futuro,
ni las potestades, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada
podrá apartarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom 8, 38).
En tiempos
difíciles, a veces dudamos de la presencia del Señor, incluso de su amor por
nosotros; o nos decimos que no merecemos ese amor y nos sentimos culpables.
Pero san Pablo es categórico: nada puede separarnos del amor de Dios, salvo
nosotros mismos si lo rechazamos. En las palabras que Cristo dirigió a santa
Faustina, la monja polaca apodada "apóstol de la misericordia
divina", proclamó su infinita misericordia hacia el mundo entero:
"Mi
Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se
derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi
misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a
través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin
confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas". (Diario
de Sor Faustina).
3. ENTREGA
TUS CARGAS AL SEÑOR
"Vengan a
mí todos los que están agobiados por una pesada carga, y yo los aliviaré"
(Mt 11,28).
Una cosa es
dejarse consolar por el Señor y otra muy distinta descargar sobre Él todo el
peso de nuestras penas, dificultades y debilidades. Dios solo pide una cosa:
que le dejemos actuar en nuestra vida. La invitación de Cristo encuentra eco en
los salmos: "Desahógate ante el Señor; él cuidará de ti. Nunca dejará caer
al justo" (Sal 54). Sin embargo, esto requiere un acto de abandono y
confianza en Dios que no es necesariamente evidente: hemos hecho todo lo
humanamente posible, ahora le toca al Señor actuar según su voluntad.
4. CONFÍA EN
EL SEÑOR
"Cuando
los hombres aman a Dios, Él mismo contribuye a su bien, porque han sido
llamados según el designio de su amor" (Rom 8,28).
Es difícil
creer que todo contribuye al bien cuando todo va mal. ¿Cómo podemos imaginar
que la enfermedad, las pruebas y las dificultades darán lugar a un bien mayor?
¿Y qué tenemos que ver nosotros con este bien mayor cuando todo lo que pedimos
son pequeñas cosas? Aquí solo podemos observar nuestra ignorancia del plan de
Dios.
Una ilustración
sorprendente es la petición que hizo Santa Celia Martin en Lourdes: "Este
año, iré de nuevo a la Santísima Virgen temprano por la mañana", escribió
a Paulina un año y medio antes de su muerte, "quiero ser la primera en
llegar; le daré mi vela como de costumbre, pero no le pediré niñitas; solo
rezaré para que las que me ha dado sean todas santas, y que yo las siga de
cerca".
"Para los
que conocemos el final de la historia, qué impresionante es ver hasta qué punto
el buen Dios escuchó su oración… ¿No respondió literalmente a su
plegaria?", se pregunta Bénédicte Delelis en su último libro. "Sí,
sorprendentemente, la Santísima Virgen no concedió a Celia su deseo curándola.
Pero el buen Dios, al parecer no concederle lo que tan legítimamente suplicaba,
se disponía a concederle su deseo más querido, extrayendo de su sacrificio la
santidad -la plenitud del amor- para sí misma y para todos los que amaba".
5. APUNTAR A
LA SANTIDAD PARA LOS HIJOS (QUE NO ESTÁ MAL)
"Nada me
da mayor alegría que oír que mis hijos caminan en la verdad" (3 Jn 4).
A veces,
detalles en los que ni siquiera reparamos cobran protagonismo. San Juan nos
invita a alegrarnos cuando se busca lo esencial, es decir, "caminar en la
verdad". De repente, las preguntas sobre el rumbo y el futuro de los hijos
toman un cariz completamente distinto. ¿No es lo más importante que caminen por
la senda de la santidad en lugar de ir a un colegio concreto o aprender un
oficio determinado?
6. PERDÓN
"Soportaos
unos a otros y perdonaos si tenéis alguna queja. El Señor os ha perdonado:
haced vosotros lo mismo" (Col 3, 13).
El conflicto es agotador, la paz es reparadora. Entonces, ¿por qué no buscar la paz con las personas que nos rodean? Nuestros hijos, nuestro cónyuge, nuestros seres queridos… La reconciliación implica perdonar el mal hecho, el daño infligido. Pero san Pablo nos exhorta a dar el primer paso, a imagen de Cristo que nos perdonó primero. "El mundo necesita el perdón. Demasiadas personas viven encerradas en el resentimiento y el odio, incapaces de perdonar, envenenando su vida y la de los demás en lugar de buscar la alegría de la serenidad y la paz", exhortó el Papa Francisco en 2016, durante su visita a Asís.
Mathilde De Robien
Fuente: Aleteia
