¡UNA IGLESIA DEBE SER AUTÉNTICAMENTE EUCARÍSTICA!

Aleteia conversó con el obispo que se propone crear en Venezuela una Iglesia diocesana profundamente centrada en la Eucaristía. Reza por un amor que se arrodilla en el altar, pero que fuera del templo se levanta para abrazar al que sufre

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Es el más grande semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas de Venezuela y probablemente uno de los más abundantes de toda América Latina. Aleteia conversó con su obispo, quien ruega a Dios y la Virgen, ¡poner en el centro la Eucaristía!

Obispo, religioso y formador, monseñor Lisandro Rivas es hijo de los misioneros de la Consolata. Una providente decisión divina lo movió del África oriental a Caracas; y de allí al dinamismo de las zonas de frontera, entre Colombia y Venezuela.

Hoy, este misionero se propone una meta en la diócesis de San Cristóbal, que opera más allá de los límites geográficos del Táchira y apadrina a un Vicariato (Caroní) ubicado más de mil kilómetros hacia la selva: edificar una iglesia profundamente eucarística.

Esta porción del mundo es una rareza excepcional para la Iglesia. En efecto, de ella emanan vocaciones sacerdotales, pero también cuenta con cinco seminarios destinados a la vida religiosa. Y es tierra fértil para sus comunidades, masculinas y femeninas.

Por ello, no sorprende que esta Iglesia tenga “templos, capillas, instituciones, universidades, centros de formación, seminarios. Pero corre el riesgo de quedarse allí, en una realidad que podría incluso derivar en cómo sostener estas estructuras”.

Se presenta a la Eucaristía como centro

En medio de un encuentro eucarístico, esa realidad sorprendió al obispo y lo llevó a cuestionarse: “Si estando al servicio del pueblo de Dios y la evangelización, estas estructuras no evangelizan, como exige el plan pastoral, ¡no tiene sentido!”.

El prelado le comparte a Aleteia que se hizo una pregunta: “Empecé a discernir, discutir y dialogar con algunos sacerdotes. Nuestra diócesis es centenaria, cumplirá 104 años de fundada, tiene una enorme estructura a nivel eclesial”.

“Sin embargo, nos preguntamos ¿cuál debe ser el fundamento de su evangelización? Porque, para que esas estructuras tengan vida deben tener por centro la Eucaristía. Recordé el Salmo 127: Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan sus albañiles”.

Entonces nos preguntamos cómo volver a la fuente para que, tras 100 años de vida, relancemos la diócesis en su tarea evangelizadora desde la Eucaristía. Recordamos al papa Juan Pablo II: “La Eucaristía edifica la Iglesia”. (CartaEncíclica Ecclesia de Eucharistia, 2003).

Allí, el santo nos señala que ella es el inicio, el culmen de toda la actividad de la Iglesia. Y estas acciones buscan “incrementar esa devoción eucarística, esa centralidad en la Eucaristía. Pues se convierte no solo en devoción, sino en escuela”.

Se emprenden 3 acciones eucarísticas

Eso explica por qué en menos de 1 año de gestión pastoral, monseñor Lisandro ya ha organizado tres grandes eventos en torno a la adoración al Santísimo Sacramento. Todos presentan un claro factor común de amor a Dios en la Eucaristía.

Ideas claras, con mente y corazón en el Altísimo, el obispo se puso manos a la obra. Con ayuda de su equipo, elevó una parroquia a Santuario Eucarístico. No es poca cosa, funciona las 24 horas e incluye reparación: brinda confesión sacramental.

De complejidad diferente, pero no inferior, las otras dos acciones le complementan. Convocó e instaló un Congreso Eucarístico. Tan excepcional es que justo en 2026 se cumplen 70 años del primero en su tipo, uno que tuvo impacto binacional.

“El congreso nos permite evaluar cómo ayudar al pueblo de Dios a que profundice en el sacramento de la Eucaristía. Por ello, implica la reflexión y la maduración con todo un equipo; así como una comisión que conecta cada estructura de la comunidad”.

Finalmente, declaró un Año Eucarístico en todo el territorio de la jurisdicción que le ha confiado la Iglesia universal. Ni improvisación ni azar. La meta es simple pero compleja: “Adherirse a la Eucaristía como inicio y culmen de toda actividad de la Iglesia”.

Se invita a ejercer el amor eucarístico

Abunda que el Año Eucarístico concluye en enero de 2027. “Se eligió la fiesta de la epifanía, 6 de enero, porque recoge una manifestación muy especial: ¡Vinieron y lo adoraron! (Mt 2,11) Precisamente, estamos invitando a la adoración eucarística”.

En cuanto a la motivación, cuenta que tras tomar posesión tuvo la oportunidad de participar en un encuentro en el que “había más de 1200 cofrades” que mostraron una extraordinaria devoción del pueblo de Dios hacia el Sacramento.

El obispo dice que recibió una iluminación providencial que le llevó a preguntarse con insistencia: “¿Por qué no elevar una parroquia a santuario eucarístico de adoración y reparación?”. Así que “lo empecé a discernir y consultar con sacerdotes”.

Y contrasta: “Yo no puedo adorar a Jesús en la Eucaristía si no me doy cuenta de que hay un Jesús que sufre en la calle, que pasa hambre; y un migrante delante de mi puerta al que ignoramos. Necesitamos arrepentimiento, reparación y renovación”.

“¿Por qué reparar? ¿Y por qué ubicar el Santuario en medio del comercio, en el corazón de la ciudad? Nuestra respuesta surgió de preguntas dolorosas: ¿¡Cuántas personas rotas!? ¿¡Cuántas historias rotas!? ¿Cómo reparar a través de la confesión?”, explica.

Se buscan 3 metas sobre la Eucaristía

El prelado insiste en que necesitamos “reparar nuestra humanidad, reparar mucho más en este momento que hay tanta rabia, tanto odio, tanto resentimiento en el pueblo”. Por ello, el Santuario busca ser una fuente de amor, perdón y reconciliación.

“Se muestra para la ciudad, para el estado Táchira y para más allá, como el manantial adonde voy a recuperar mi identidad como hijo o hija de Dios”, argumenta. En este marco, hay tres objetivos concretos en el esfuerzo de la Diócesis:

1-    Amar a la Eucaristía, inicio y culmen de toda actividad de la Iglesia.

2-    Impulsar la santificación del pueblo y de cada uno de sus ministros.

3-    Rogar a Dios que envíe nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas.

En este marco, monseñor Lisandro estima que es necesario involucrar a cada sector de la comunidad. Por eso, crearon Centinelas del Santísimo Sacramento. “Se llaman así porque son guardianes que oran” continuamente y provienen de cada parroquia.

Su visión es tan conmovedora como profunda: “Fomentar en todo el pueblo de Dios su plena vinculación para convertirnos en una diócesis eucarística”. Que veamos el amor de Dios actuar en la santificación del pueblo… ¡y de sus pastores!

Carlos Zapata

Fuente: Aleteia