Aleteia conversó con el obispo que se propone crear en Venezuela una Iglesia diocesana profundamente centrada en la Eucaristía. Reza por un amor que se arrodilla en el altar, pero que fuera del templo se levanta para abrazar al que sufre
![]() |
| godongphoto | Shutterstock |
Es el más
grande semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas de Venezuela y
probablemente uno de los más abundantes de toda América Latina. Aleteia conversó
con su obispo, quien ruega a Dios y la Virgen, ¡poner en el centro la
Eucaristía!
Obispo,
religioso y formador, monseñor Lisandro Rivas es hijo de los misioneros de la
Consolata. Una providente decisión divina lo movió del África oriental a
Caracas; y de allí al dinamismo de las zonas de frontera, entre Colombia y
Venezuela.
Hoy, este
misionero se propone una meta en la diócesis de San Cristóbal, que opera más
allá de los límites geográficos del Táchira y apadrina a un Vicariato (Caroní)
ubicado más de mil kilómetros hacia la selva: edificar una iglesia
profundamente eucarística.
Esta porción
del mundo es una rareza excepcional para la Iglesia. En efecto, de ella emanan
vocaciones sacerdotales, pero también cuenta con cinco seminarios destinados a
la vida religiosa. Y es tierra fértil para sus comunidades, masculinas y
femeninas.
Por ello, no
sorprende que esta Iglesia tenga “templos, capillas, instituciones,
universidades, centros de formación, seminarios. Pero corre el riesgo de
quedarse allí, en una realidad que podría incluso derivar en cómo sostener
estas estructuras”.
Se presenta
a la Eucaristía como centro
En medio de un
encuentro eucarístico, esa realidad sorprendió al obispo y lo llevó a
cuestionarse: “Si estando al servicio del pueblo de Dios y la evangelización,
estas estructuras no evangelizan, como exige el plan pastoral, ¡no tiene
sentido!”.
El prelado le
comparte a Aleteia que se hizo una pregunta: “Empecé a
discernir, discutir y dialogar con algunos sacerdotes. Nuestra diócesis es
centenaria, cumplirá 104 años de fundada, tiene una enorme estructura a nivel
eclesial”.
“Sin embargo,
nos preguntamos ¿cuál debe ser el fundamento de su evangelización? Porque, para
que esas estructuras tengan vida deben tener por centro la Eucaristía. Recordé
el Salmo 127: Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan sus
albañiles”.
Entonces nos
preguntamos cómo volver a la fuente para que, tras 100 años de vida, relancemos
la diócesis en su tarea evangelizadora desde la Eucaristía. Recordamos al papa
Juan Pablo II: “La Eucaristía edifica la Iglesia”. (CartaEncíclica Ecclesia de Eucharistia, 2003).
Allí, el santo
nos señala que ella es el inicio, el culmen de toda la actividad de la Iglesia.
Y estas acciones buscan “incrementar esa devoción eucarística, esa centralidad
en la Eucaristía. Pues se convierte no solo en devoción, sino en escuela”.
Se emprenden
3 acciones eucarísticas
Eso explica por
qué en menos de 1 año de gestión pastoral, monseñor Lisandro ya ha organizado
tres grandes eventos en torno a la adoración al Santísimo Sacramento. Todos
presentan un claro factor común de amor a Dios en la Eucaristía.
Ideas claras,
con mente y corazón en el Altísimo, el obispo se puso manos a la obra. Con
ayuda de su equipo, elevó una parroquia a Santuario Eucarístico. No es poca
cosa, funciona las 24 horas e incluye reparación: brinda confesión sacramental.
De complejidad
diferente, pero no inferior, las otras dos acciones le complementan. Convocó e
instaló un Congreso Eucarístico. Tan excepcional es que justo en 2026 se
cumplen 70 años del primero en su tipo, uno que tuvo impacto binacional.
“El congreso
nos permite evaluar cómo ayudar al pueblo de Dios a que profundice en el
sacramento de la Eucaristía. Por ello, implica la reflexión y la maduración con
todo un equipo; así como una comisión que conecta cada estructura de la
comunidad”.
Finalmente,
declaró un Año Eucarístico en todo el territorio de la jurisdicción que le ha
confiado la Iglesia universal. Ni improvisación ni azar. La meta es simple pero
compleja: “Adherirse a la Eucaristía como inicio y culmen de toda actividad de
la Iglesia”.
Se invita a
ejercer el amor eucarístico
Abunda que el
Año Eucarístico concluye en enero de 2027. “Se eligió la fiesta de la epifanía,
6 de enero, porque recoge una manifestación muy especial: ¡Vinieron y lo
adoraron! (Mt 2,11) Precisamente, estamos invitando a la adoración
eucarística”.
En cuanto a la
motivación, cuenta que tras tomar posesión tuvo la oportunidad de participar en
un encuentro en el que “había más de 1200 cofrades” que mostraron una
extraordinaria devoción del pueblo de Dios hacia el Sacramento.
El obispo dice
que recibió una iluminación providencial que le llevó a preguntarse con
insistencia: “¿Por qué no elevar una parroquia a santuario eucarístico de
adoración y reparación?”. Así que “lo empecé a discernir y consultar con
sacerdotes”.
Y contrasta:
“Yo no puedo adorar a Jesús en la Eucaristía si no me doy cuenta de que hay un
Jesús que sufre en la calle, que pasa hambre; y un migrante delante de mi
puerta al que ignoramos. Necesitamos arrepentimiento, reparación y renovación”.
“¿Por qué
reparar? ¿Y por qué ubicar el Santuario en medio del comercio, en el corazón de
la ciudad? Nuestra respuesta surgió de preguntas dolorosas: ¿¡Cuántas personas
rotas!? ¿¡Cuántas historias rotas!? ¿Cómo reparar a través de la confesión?”,
explica.
Se buscan 3
metas sobre la Eucaristía
El prelado
insiste en que necesitamos “reparar nuestra humanidad, reparar mucho más en
este momento que hay tanta rabia, tanto odio, tanto resentimiento en el
pueblo”. Por ello, el Santuario busca ser una fuente de amor, perdón y
reconciliación.
“Se muestra
para la ciudad, para el estado Táchira y para más allá, como el manantial
adonde voy a recuperar mi identidad como hijo o hija de Dios”, argumenta. En
este marco, hay tres objetivos concretos en el esfuerzo de la Diócesis:
1- Amar
a la Eucaristía, inicio y culmen de toda actividad de la Iglesia.
2- Impulsar
la santificación del pueblo y de cada uno de sus ministros.
3- Rogar
a Dios que envíe nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas.
En este marco,
monseñor Lisandro estima que es necesario involucrar a cada sector de la
comunidad. Por eso, crearon Centinelas del Santísimo Sacramento. “Se llaman así
porque son guardianes que oran” continuamente y provienen de cada parroquia.
Su visión es
tan conmovedora como profunda: “Fomentar en todo el pueblo de Dios su plena
vinculación para convertirnos en una diócesis eucarística”. Que veamos el amor
de Dios actuar en la santificación del pueblo… ¡y de sus pastores!
Carlos Zapata
Fuente: Aleteia
