El documento, aprobado en 2025, traza un diagnóstico crítico sobre antropología, economía y política, y apuesta por una Iglesia misionera, vocacional y centrada en el primer anuncio
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| La CEE publica las líneas pastorales 2026-2030 |
La Asamblea
Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó en noviembre de 2025 el
texto de las líneas pastorales para el período 2026-2030. La redacción final
recibió el visto bueno en la reunión de la Comisión Permanente de febrero de
2026, momento a partir del cual se autorizó su publicación y de la que no
se dijo nada en la nota de prensa final de la Plenaria celebrada este mes de
abril.
Sin embargo, la
difusión del documento se ha producido con cierto sigilo y sin previo aviso, al
aparecer directamente en la web de la CEE. Este hecho contrasta con la
relevancia del contenido, que establece las prioridades y líneas de trabajo de
la Iglesia en España para los próximos cuatro años. Un documento en el que se
nota la influencia del presidente del episcopado español, monseñor Luis
Argüello.
Entre la
“dictadura del relativismo” y el “hospital de campaña”
El
documento recoge la preocupación de Benedicto XVI ante la “dictadura
del relativismo”, señalando la nueva evangelización como respuesta a
la creciente ignorancia religiosa. En este sentido, se subraya la necesidad de
“redescubrir la belleza y la lógica de la fe cristiana” en una sociedad cada
vez más desvinculada de sus raíces.
Al mismo
tiempo, se asume el enfoque del papa Francisco, quien define a la Iglesia
como un “hospital de campaña” llamado a “acoger y sanar las heridas de
la humanidad”. Esta visión pone el acento en la sencillez del anuncio del
kerygma y en su dimensión social y comunitaria, marcada por la “ternura y la
misericordia”.
Diagnóstico
cultural: antropología, economía y política en crisis
El texto ofrece
un análisis crítico de la cultura contemporánea, en línea con el
documento ‘El Dios fiel mantiene su alianza’. En el ámbito antropológico, denuncia
que las legislaciones sobre “vida, matrimonio, sexo y género” consagran
un individualismo “autónomo y empoderado”, donde “la ideología casi
llega a prescindir de la biología”.
En el plano
económico, se advierte que el sistema dominante “teledirige la demanda a través
de la manipulación del corazón y del deseo”, prometiendo “una buena vida o, al
menos, una vida entretenida o brevemente satisfecha”. Esta lógica, según el
texto, afecta profundamente a la libertad y a la concepción del bienestar.
En el terreno
político, se describe una sociedad fragmentada en “cooperativas de egoísmos”,
donde los “nosotros” se enfrentan entre sí. Esta dinámica favorece la
polarización y el conflicto, convirtiéndose en “caldo de cultivo” para
estrategias de enfrentamiento que dificultan la construcción del bien común.
La crisis
del progreso y la redefinición de la esperanza
Uno de los ejes
del documento es la afirmación de que “el progreso está en crisis”. Esta crisis
se manifiesta en ámbitos esenciales como “la salud de la casa común”, “la
enfermedad”, “la muerte”, “el fracaso” o “lo imprevisible”.
Según el texto,
la idea moderna de progreso ha intentado incluso “reformular la misma
esperanza”, reduciéndola a “la expectativa de lo probable o lo posible”,
oscilando entre el optimismo y el pesimismo. Frente a ello, se propone recuperar
una esperanza más profunda, no limitada a cálculos humanos.
Este
diagnóstico conecta con una visión más amplia que cuestiona los fundamentos
culturales contemporáneos y plantea la necesidad de una renovación espiritual
que dé sentido a las experiencias límite de la vida.
Nuevas
iniciativas y retos del primer anuncio
Las líneas
pastorales destacan el impulso de “nuevas iniciativas apostólicas y de
primer anuncio”, muchas de ellas vinculadas a la defensa de la
vida y al acompañamiento de personas en diversas situaciones,
incluidas aquellas relacionadas con la identidad u orientación sexual.
También se
subraya la importancia de la acogida e integración de colectivos como personas
con discapacidad, inmigrantes o quienes sufren incomprensión o
persecución. Estas iniciativas buscan encarnar una Iglesia abierta y
cercana.
No obstante, el
documento reconoce una dificultad clave: “transformar la emoción en
virtud”. Aunque muchas propuestas generan impacto inicial, se advierte la
necesidad de “cauces concretos de crecimiento” que permitan consolidar la
experiencia de fe más allá del momento emocional.
Comunidades
formativas y centralidad de la vida cristiana compartida
Entre las
prioridades para la evangelización, se insiste en promover “comunidades
formativas” que acompañen a los fieles en todas las etapas. Estas
comunidades deben ayudar a “refrescar la iniciación cristiana”, fortalecer la
comprensión de la vida como vocación y fomentar la formación permanente.
El texto es
contundente al afirmar que “nunca se ha podido ser cristiano solo”,
subrayando la dimensión comunitaria como elemento esencial de la fe. Esta
perspectiva busca contrarrestar el individualismo dominante.
Asimismo, se
valora positivamente el crecimiento de iniciativas vinculadas al primer
anuncio y a la adoración eucarística, aunque se insiste en la
necesidad de integrarlas en procesos formativos más amplios.
Impulso
vocacional y transformación de la vida consagrada
El documento
señala que es “tiempo de una propuesta explícita, clara y valiente” de
la antropología cristiana y de la “vocación universal a la santidad”. En
este marco, se propone impulsar una pastoral centrada en la “obediencia al don
de Dios”.
Para ello, se
plantea la creación y fortalecimiento de “servicios de pastoral
vocacional” en diócesis y en la propia Conferencia Episcopal,
implicando a consagrados, matrimonios y laicos en la promoción de la vida como
vocación.
También se
reconocen retos importantes: el cuidado de la espiritualidad apostólica, la
fraternidad presbiteral y la formación permanente. La vocación laical y
matrimonial “precisan un gran impulso”, mientras que la vida
consagrada atraviesa “una extraordinaria transformación” en su
presencia en la Iglesia española.
Líneas de
actuación para toda la estructura episcopal
Finalmente, el
documento establece “líneas de actuación y pautas concretas” para cada comisión
episcopal, con el objetivo de traducir estas orientaciones en acciones
específicas.
Este desarrollo
operativo busca garantizar que las líneas pastorales no queden en un plano
teórico, sino que se concreten en iniciativas reales dentro de las diócesis y
estructuras eclesiales.
En conjunto, el
texto dibuja una hoja de ruta ambiciosa marcando objetivos concretos a todas
las comisiones y subcomisiones episcopales para afrontar los desafíos de la
Iglesia en España en los próximos años.
Javier Arias
Fuente: Religión Confidencial
