«¿Quién es mi prójimo hoy?» es la pregunta del Evangelio de Lucas que sigue interpelando al hombre contemporáneo
El Papa en la audiencia a los participantes en el congreso «¿Quién es hoy mi prójimo?» (@Vatican Media) |
Al recibir a
los participantes en el congreso «¿Quién es hoy mi prójimo?», el Papa aboga por
una atención médica accesible para todos, «para evitar que una injusticia se
convierta en semilla de conflictos». «Cuidar de la humanidad de los demás
—subraya el Pontífice— ayuda a vivir la propia»; también la Iglesia puede dar
una gran contribución en la lucha contra las desigualdades en el ámbito
sanitario.
La paz se
fundamenta en la lucha contra las desigualdades, se basa en la protección de la
dignidad de los más vulnerables, a menudo considerados «deshechos», a quienes
sobre todo el cristiano está llamado a cuidar para construir una sociedad justa
y dar vida a «comunidades solidarias» caracterizadas por el bienestar de todos.
Estos son los conceptos centrales de la reflexión del Papa, quien hoy, 18 de
marzo, en la pequeña Sala adyacente al Aula Pablo VI, antes de la audiencia
general, recibió a los participantes en el congreso «¿Quién es hoy mi prójimo?
– Today who is my neighbor?». Una iniciativa promovida por el Consejo de
Conferencias Episcopales de Europa, la Organización Mundial de la Salud –
Región de Europa y la Conferencia Episcopal Italiana. Encuentro que tiene lugar
el día en que se publica el segundo «Informe europeo de la OMS sobre el estado
de la equidad en la salud».
Semilla de
conflictos
El Papa insta
de inmediato a un cambio de rumbo ante el aumento de las desigualdades en el
ámbito sanitario, y lanza una advertencia especial sobre la salud mental de las
personas, sobre todo de los jóvenes, «porque las heridas invisibles de la
psique —afirma— no son menos graves que las visibles».
La salud no
puede ser un lujo para unos pocos, sino que es una condición esencial para la
paz social. La cobertura sanitaria universal no es solo un objetivo técnico que
hay que alcanzar, sino, ante todo, un imperativo moral para las sociedades que
quieren definirse como justas. La protección y el cuidado de la salud deben ser
accesibles a los más vulnerables, porque así lo exige su dignidad y también
para evitar que una injusticia se convierta en semilla de conflictos.
Los
descartados, pilares de una sociedad justa
«¿Quién es mi
prójimo hoy?» es la pregunta del Evangelio de Lucas que sigue interpelando al
hombre contemporáneo. León exhorta a acercarse al otro, sobre todo a quien
sufre, aunque «la distancia, la distracción y la habituación a la visión de la
violencia y el sufrimiento ajeno nos empujan hacia la indiferencia».
Todo hombre
y mujer, en particular el cristiano, está llamado a fijar la mirada en quienes
sufren, en el dolor de las personas solitarias, en quienes por diversas razones
son marginados y considerados como «descartes», porque sin ellos no podremos
construir sociedades justas, a la medida de la persona.
Cuidar de la
humanidad
«Es ilusorio
pensar —subraya el Pontífice— que, al ignorar a estos hermanos y hermanas, sea
más fácil alcanzar la felicidad». No se puede ser egoísta; el bien solo se
alcanza en la unidad.
Solo juntos
podremos construir comunidades solidarias y capaces de cuidar de todos, en las
que se desarrollen el bienestar y la paz, en beneficio de todos. Cuidar de la
humanidad ajena ayuda a vivir la propia.
La dimensión
«samaritana»
Al concluir su
discurso, el Papa León reitera que la Iglesia, al desempeñar un papel público,
está siempre «al servicio de la promoción del ser humano y de la fraternidad
universal» y que, en colaboración con las organizaciones internacionales, puede
influir de manera decisiva en la lucha contra «las desigualdades en el ámbito
sanitario, en favor de las poblaciones más vulnerables».
Renuevo, por
tanto, el deseo, que se convierte en exhortación, de que «en nuestro estilo de
vida cristiana no falte nunca esta dimensión fraterna, “samaritana”, inclusiva,
valiente, comprometida y solidaria, que tiene su raíz más íntima en nuestra
unión con Dios, en la fe en Jesucristo».
Benedetta
Capelli
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News