EL PAPA EN LA CATEQUESIS: EL BAUTISMO SELLA LA IDENTIDAD Y LA MISIÓN DEL CREYENTE
El sacerdocio común
de los fieles es donado con el Bautismo
Plaza de San Pedro (@Vatican Media)
Este miércoles, 18 de marzo, en
la Audiencia General el Santo Padre continuó con su ciclo de catequesis
dedicados a los documentos del Concilio Vaticano II, deteniéndose una vez más
en el segundo capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium (LG), dedicado
a la Iglesia como pueblo de Dios. “Por el bautismo y con la unción del Espíritu
Santo, los fieles ‘quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo’
(LG 10), entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios”.
“Despertemos en nosotros la conciencia y la
gratitud de haber recibido el don de formar parte del pueblo de Dios; y también
la responsabilidad que esto conlleva”, lo dijo el Papa León XIV en la Audiencia
General de este miércoles, 18 de marzo, continuando con ciclo de catequesis
dedicados a los documentos del Concilio Vaticano II, en esta ocasión
reflexionando sobre el segundo capítulo de la Constitución conciliar Lumen
gentium (LG), dedicado a la Iglesia como pueblo de Dios.
El sacerdocio común
de los fieles es donado con el Bautismo
Al detenerse nuevamente en el
segundo capítulo de la Lumen Gentium, el Santo Padre recuerda
que, “el pueblo mesiánico (LG, 9) recibe de Cristo la participación a la obra
sacerdotal, profética y real en la que se lleva a cabo su misión salvífica”. Y
subraya que, los Padres conciliares enseñan que el Señor Jesús ha instituido
mediante la nueva y eterna Alianza un reino de sacerdotes, constituyendo a sus
discípulos en un «sacerdocio real».
“Este sacerdocio común de los fieles
es donado con el Bautismo, que nos habilita para rendir culto a Dios en
espíritu y en verdad y a «confesar delante de los hombres la fe que recibieron
de Dios mediante la Iglesia» (LG, 11). Además, a través del sacramento de la
Confirmación, todos los bautizados «se vinculan más estrechamente a la Iglesia,
se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, y con ello quedan
obligados más estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos
testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras» (ibid.)”.
El bautismo nos constituye parte del Santo Pueblo fiel de Dios
Esta
consagración, precisa el Pontífice, está en la raíz de la misión común que une
a los ministros ordenados y a los fieles laicos. Y citando a su predecesor, el
Papa Francisco, recuerda que, por el bautismo y con la unción del Espíritu
Santo, los fieles “quedan consagrados como casa espiritual y
sacerdocio santo”.
«Mirar al Pueblo de
Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer
sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos
que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción
del Espíritu Santo, (los fieles) “quedan consagrados como casa
espiritual y sacerdocio santo” (LG 10),
entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios».
El
ejercicio del sacerdocio real y la Eucaristía
Asimismo,
el Papa León XIV señala que, el ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de
muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra santificación, sobre todo
participando en la ofrenda de la Eucaristía.
“Mediante la
oración, el ascetismo y la caridad activa dan testimonio de una vida renovada
por la gracia de Dios (cfr LG, 10). Como sintetiza el Concilio, «el carácter
sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza
por los sacramentos y por las virtudes» (LG, 11)”.
El sensus
fidei pertenece al pueblo de Dios en su conjunto
Y
recordando la enseñanza de los padres conciliares, el Santo Padre indica que,
el pueblo santo de Dios participa también en la misión profética de Cristo (cfr
LG, 12). En este contexto introduce el tema importante del sentido de la fe y
del consenso de los fieles.
“La Comisión
Doctrinal del Concilio precisaba que este sensus fidei «es como una facultad de
toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelación transmitida,
distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe, y al mismo
tiempo penetra más profundamente en ella y la aplica más plenamente en la vida»
(cfr Acta Synodalia, III/1, 199). El sentido de la fe pertenece por tanto a
cada fiel no a título individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su
conjunto”.
El
sentido de la fe y la infalibilidad de la Iglesia
Por
ello, el Pontífice señala que, la Lumen gentium concentra
la atención sobre este último aspecto y lo relaciona con la infalibilidad de la
Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del Romano Pontífice, al
servirla. «La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo, no puede
equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta
mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los
Obispos hasta los últimos fieles laicos presta su consentimiento universal en
las cosas de fe y costumbres» (LG, 12).
“La Iglesia, por
tanto, como comunión de los fieles que incluye obviamente a los pastores, no
puede errar en la fe: el órgano de esta propiedad suya, fundado en la unción
del Espíritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de todo el pueblo de
Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles. De esta unidad, que el
Magisterio eclesial custodia, se deduce que cada persona bautizada es un sujeto
activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo según
el don profético que el Señor infunde en toda su Iglesia”.
La
vitalidad carismática del pueblo de Dios
Finalmente,
el Papa León XIV comentando la LG, 12, subraya que, el Espíritu Santo, que nos
viene de Jesús Resucitado, dispensa de hecho «entre los fieles de cualquier
condición, distribuyendo a cada uno según quiere sus dones, con los que les
hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles
para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia».
“Una demostración
peculiar de tal vitalidad carismática es ofrecida por la vida consagrada, que
continuamente brota y florece por obra de la gracia. También las formas
asociativas eclesiales son ejemplo luminoso de la variedad y de la fecundidad
de los frutos espirituales para la edificación del Pueblo de Dios”.
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LO HUMANO Y DIVINO
Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. (Génesis, 1,26-27)