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| Crédito: La Preli. Dominio público |
En medio de una profunda crisis
familiar y de una cultura de descarte, una iniciativa sencilla —una hora exacta
de adoración eucarística— está reuniendo cada mes a más de 100 parejas ante el
Santísimo Sacramento y generando confesiones, reconciliaciones y conversiones.
Se
llama La Preli —una abreviatura coloquial de "la
preliminar"—y nació en la Iglesia San Josemaría de Samborondón (Ecuador)
con un objetivo claro: “poner a las parejas delante del Señor y dejar que Él
actúe”.
“El corazón es Él, el Santísimo. Nosotros no hacemos nada. El que
trabaja es el Señor solito. Nosotros nos encargamos de ponérselos allí delante,
y Él hace lo que quiere”, afirma a ACI Prensa María Teresa Martínez, impulsora
de esta iniciativa que ya congrega entre 110 y 120 parejas de forma constante.
Una puerta abierta para todos
Uno de los elementos que explica su crecimiento es la amplitud
de la convocatoria. Matrimonios, novios y enamorados, así como parejas en
situaciones particulares —que actualmente no pueden acceder a algunos
sacramentos—, están invitados a participar en la adoración eucarística. Esto es
parte de la ley de la gradualidad a la que llama la Doctrina Social de la
Iglesia.
“Vienen parejas que no puede acceder
a los sacramentos, vienen novios que están a punto de casarse, vienen
matrimonios también. Estamos todos necesitados. Muchos nos decían: ‘Nunca en la
vida nos habían invitado a algo así’”, cuenta María Teresa.
Lejos de generar rechazo, esta apertura ha provocado un fenómeno
inesperado: confesiones masivas.
“Muchísimos se están confesando. Es de locos. Al principio se
quedaba un sacerdote; ahora necesitamos dos para atender a toda la gente que
quiere confesarse”, relata.
¿Cómo funciona La Preli?
La Preli dura exactamente una hora y se celebra dos veces al
mes. Su estructura es sencilla y fácilmente replicable en cualquier parroquia:
1. El Señor
sale a buscar a las parejas
Frutos concretos: reconciliaciones y conversiones
Los resultados se han multiplicado, asegura María Teresa. “Un
señor vino la primera noche y al día siguiente me llamó: ‘Necesito hablar
contigo’. Enderezó su vida matrimonial en una sola noche”, cuenta a ACI Prensa.
Durante la adoración no es raro ver lágrimas. “Hay parejas que
lloran juntas y se agarran de la mano. Están planteando su realidad delante del
Señor. Es impresionante”.
Y esos
frutos tienen nombre propio.
“Los jueves de adoración en pareja nos hacen sentir en el Cielo.
Son momentos de mucha compenetración que nos recuerdan que, luego de 32 años,
Dios es hoy más que nunca el centro de nuestro matrimonio”, testimonian María
Mercedes y Gonzalo Jaramillo.
Para Lourdes y Mike Izurieta, el
impacto ha sido profundo: “Nos puso juntos frente al Santísimo. Hemos aprendido
a mirarnos con los ojos de Jesús: a renovar nuestra entrega diaria, a ser
rápidos con el perdón y a unir nuestras voluntades en propósitos comunes. Su
presencia es nuestra fuerza”.
Jéssica y Jaime Arellano, también con 32 años de matrimonio,
aseguran que La Preli les recordó que son “hijos amados” y les dio la gracia de
cambiar aquello que los alejaba. “Hoy buscamos un amor más dulce e intenso, de
esos que solo vienen de lo Alto”.
Cecilia y Carlos Eduardo Arcos, tras 36 años de casados,
confiesan: “No imaginamos que La Preli nos calaría tan hondo. Estar como pareja
ante el Santísimo nos obligó a rendirnos. Redescubrimos que, incluso en los
días más oscuros, Él siempre estuvo a nuestro lado”.
Un “antes” y un “después”
El P. Juan Carlos Vásconez, sacerdote que acompaña
espiritualmente la iniciativa, explica que antes de La Preli “palpábamos una
realidad que no podemos ignorar: las parejas enfrentan hoy desafíos
monumentales”.
“Vivimos en una época de fragilidad donde son numerosísimas las
relaciones que se quiebran o arrastran el peso de malentendidos y
frustraciones. Ese ‘antes’ estaba marcado por el ruido del mundo, que muchas
veces impide a los esposos escucharse y, sobre todo, escuchar a Dios”.
La Preli
nació como un “oasis”.
“El fruto más evidente que hemos
visto en este ‘después’ es la sanación de heridas. Cuando una pareja se pone de
rodillas ante la Eucaristía, el orgullo suele dar paso a la humildad. Hemos
sido testigos de cómo el perdón se vuelve posible cuando se mira a Cristo”.
Otro fruto, añade, es el cambio de perspectiva: “Empiezan a
trabajar más a fondo en su verdadera misión, que es ser el camino al cielo del
otro. No se trata solo de convivir, sino de santificarse juntos”.
El poder del “rebaño”
Otro factor clave es la experiencia comunitaria. “Aquí hay 90 o
100 parejas viviendo lo mismo. No soy yo solo. Eso da fuerza”, explica María
Teresa.
La primera edición esperaba 20 o 25 parejas. Llegaron 40. Hoy
superan las 100. “Ha sido boca a boca. Papás invitaron a hijos, hijos a amigos,
amigos a enamorados”.
Incluso personas alejadas de la fe han comenzado a asistir.
“Tengo una persona atea que no creía en nada. Fue porque su esposa lo convenció
y no ha dejado de volver”.
¿Puede replicarse en otros países?
La respuesta es un sí rotundo. “Ojalá esto se repita en
distintas iglesias. El resultado es verdaderamente maravilloso”, comenta María
Teresa.
Y ofrece ayuda concreta: “Lo que necesiten. Estamos dispuestos a
ir a explicar cómo se hace, a contar todo paso a paso”.
Para María Teresa, el éxito de esta iniciativa está asegurado
porque “el protagonista es Él”.
“Desde que sale a la puerta hasta que se reserva el Santísimo,
todo gira alrededor suyo. Nosotros solo llevamos a las parejas ante el Señor.
Él es quien actúa”.
En tiempos de fracturas familiares y desorientación moral, La
Preli propone algo radicalmente sencillo: una hora ante Cristo, en comunidad,
con el corazón abierto.
Y los frutos —confesiones, matrimonios que se ordenan, lágrimas
compartidas y decisiones valientes— parecen confirmar que, cuando se pone a
Dios en el centro, la familia encuentra nuevamente su camino.
Para
saber más sobre La Preli ingrese AQUÍ.
Por Diego
López Marina
Fuente: ACI
