EL EMOCIONADO ADIÓS EN ECUADOR AL SACERDOTE ESPAÑOL QUE MURIÓ PARA SALVAR LA VIDA DE DOS MONAGUILLOS

Cientos de personas acudieron al funeral y al entierro «de nuestro querido padre Alfonso Avilés Pérez» en la parroquia San Alberto Magno de Guayaquil. «Deseo morir y estar con Cristo», solía repetir el cura nacido en Murcia

Diócesis de Daule

Un sacerdote muy querido

El deseo del padre Alfonso Avilés Pérez de morir para estar con Cristo se cumplió el pasado viernes en la provincia de Guayas (Ecuador), durante una jornada de retiro espiritual y descanso con un grupo de jóvenes monaguillos. Dos de ellos se metieron en el mar y fueron arrastrados por la fuerte corriente, lo que hizo que el padre Avilés y otro sacerdote ecuatoriano, Pedro Anzoátegui, se lanzaran al agua para intentar rescatarlos. Lo lograron, pero entonces ellos fueron arrastrados por el oleaje. Sus cuerpos sin vida fueron hallados horas más tarde.

Un cardenal en el funeral

El funeral por su eterno descanso se celebró al día siguiente, sábado, en la propia parroquia del sacerdote español, la de San Alberto Magno. La misa fue presidida por el cardenal Luis Gerardo Cabrera Herrera, arzobispo de Guayaqui. Concelebraron monseñor Cristóbal Kudlawiec, obispo de Daule, sacerdotes de la Sociedad Jesucristo Sacerdote, a la que pertenecía el padre Avilés, y sacerdotes de la diócesis de Daule.

Una iglesia abarrotada

«Demos gracias a Dios por habernos regalado un sacerdote valiente y lleno de amor», ha señalado la diócesis de Daule, donde ejercía su sacerdocio el sacerdote murciano. «Era un hombre muy espiritual, pero de una acción impresionante, es decir, como esos grandes santos, que no solamente son contemplativos, de adoración, espirituales, de muchas horas de confesión, sino que también llevan a su grey a hacer, digamos, las cosas que Dios quiere y necesita que hagan», dijo sobre él a ACI Prensa Ximena Izquierdo, que le conocía desde hace casi 25 años.

Un sacerdote y apóstol

El padre Alfonso participaba muy activamente en la fundación Familia Futuro para luchar por la causa provida en Ecuador. También fundó la primera capilla de adoración perpetua en Guayaquil, en la parroquia Santa Teresita, donde sirvió algunos años, y luego abrió otra en la parroquia de San Alberto Magno. En ella, según Izquierdo, «transformó la 'iglesia chiquita' de la parroquia en un templo que 'ahora parece una catedral'».

En la imagen, el padre Lope Pascual, superior del padre Avilés en la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, ora ante el féretro del sacerdote fallecido. «“A él le gustaba repetir una frase, 'Cupio dissolvi et esse cum Christo', ‘Deseo morir y estar con Cristo’. Seguramente Dios se lo ha concedido ya», señaló.

Un sacerdote y apóstol

El padre Alfonso participaba muy activamente en la fundación Familia Futuro para luchar por la causa provida en Ecuador. También fundó la primera capilla de adoración perpetua en Guayaquil, en la parroquia Santa Teresita, donde sirvió algunos años, y luego abrió otra en la parroquia de San Alberto Magno. En ella, según Izquierdo, «transformó la 'iglesia chiquita' de la parroquia en un templo que 'ahora parece una catedral'».

En la imagen, el padre Lope Pascual, superior del padre Avilés en la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, ora ante el féretro del sacerdote fallecido. «“A él le gustaba repetir una frase, 'Cupio dissolvi et esse cum Christo', ‘Deseo morir y estar con Cristo’. Seguramente Dios se lo ha concedido ya», señaló.

«Una profunda admiración»

«El padre Alfonso no estaba pensando en sí mismo, no estaba calculando el riesgo, simplemente reaccionó como reaccionaría un pastor cuando ve que una de sus ovejas está en peligro”, dijo en la homilía el cardenal Luis Cabrera. »Cuando la muerte llega de manera tan inesperada y tan cargada de amor, como en el caso del Padre Alfonso Avilés, nuestro dolor es una mezcla también una profunda admiración”, concluyó.

Una despedida multitudinaria

Tras la misa funeral, el cortejo fúnebre fue acompañado por una gran cantidad de fieles. También fue homenajeado por los bomberos, que hicieron un arco de agua sobre el coche fúnebre que portaba los restos mortales del sacerdote español. Su cuerpo fue sepultado en el Panteón Metropolitano de Guayaquil, a unos 20 metros de los restos mortales del P. Pedro Anzoátegui.

Álex Navajas

Fuente: El Debate