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| Shutterstock I Renata Sedmakova |
¿Qué idioma habla la Virgen María? A primera vista, la respuesta es sencilla: el
arameo. Este dialecto semítico, que dio origen al hebreo y al árabe, tomó el
nombre bíblico de los confines de los actuales Líbano y Siria. Es la lengua
oral de la época de Jesús, y aparece incluso algunas veces en los evangelios,
aunque estos estén redactados en griego, ya que fueron escritos para anunciar a
Cristo al mayor número de personas posible, a los paganos.
Sin embargo, el 11 de febrero de 1858, cuando se le
apareció por primera vez a Bernadette Soubirous en la gruta de Massabielle, en
Lourdes (Altos Pirineos), la madre de Dios se dirigió a ella en occitano
gasconés, el dialecto local, lengua que la futura religiosa no hablaba.
Del mismo modo, en el siglo XVI, en Guadalupe,
México, la misma madre de Dios habló con el indio Juan Diego en náhuatl, su
lengua original.
El ejemplo de Pentecostés
Estos dos ejemplos de apariciones marianas, entre los
más conocidos del mundo, parecen indicar que María es en realidad políglota, o
incluso que habla todos los idiomas. Algo imposible, por supuesto. Para
comprender este milagro de la comunicación, no está de más releer el episodio
de Pentecostés (cf. Hch 2).
Ese día, para la fiesta judía de Shavuot, "había
en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el
cielo", cuenta el autor, que oyeron a los apóstoles hablar en todas las
lenguas:
"¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su
propio dialecto, en su lengua materna? Partos, medos y elamitas, habitantes de
Mesopotamia, Judea y Capadocia, de la provincia del Ponto y de Asia, de Frigia
y Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene, romanos de
paso, judíos de nacimiento y conversos, cretenses y árabes, a todos los oímos
hablar en nuestras lenguas de las maravillas de Dios".
María habla principalmente su lengua materna
Una vez más, es evidente que los apóstoles no
empezaron a hablar de repente en lenguas que no dominaban unos minutos antes.
Pero los hablantes y los oyentes se entienden, no de manera factual, sino
espiritual.
Unidos por Dios, escuchando al Espíritu Santo que se
derramó en lenguas de fuego sobre los Once, todos perciben una verdad que se
les revela en su corazón. No es tanto su mente la que comprende, sino su alma
la que recibe un don.
Por otra parte, la experiencia puede no tener nada de
sobrenatural y darse en la vida cotidiana: no es raro que comprendamos lo que
quiere decir un amigo o un ser querido sin que las palabras para expresarlo
formalicen la cosa. Así, María, a quien Cristo en la cruz dio como madre a
todos, habla la lengua materna en el sentido más fuerte de la expresión.
Ella comprende y sabe hacerse comprender por sus
hijos, sean cuales sean las palabras que pronuncie. Bernadette no lo teorizó,
lo vivió: la Virgen María se puso a su altura.
Valdemar de Vaux
Fuente: Aleteia
