Aunque pueda parecer que el chatbot con IA es atento y lo sabe todo, nunca podrá imitar las virtudes humanas y menos aún las virtudes cristianas
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En un mundo en
el que los programadores diseñan activamente la inteligencia artificial (IA)
para que funcione más como un ser humano que como una máquina, es fácil que nos
dejemos engañar y depositemos nuestra confianza en la IA. Pero, aunque sea
buena imitadora, ¿podrá replicar las virtudes cristianas?
Podemos
conectarnos a un chatbot de IA para hacerle una pregunta sencilla y, cuatro
horas más tarde, encontrarnos contándole a esa máquina nuestros sentimientos y
deseos más íntimos.
Basándonos en
las respuestas positivas y reconfortantes que recibimos del chatbot de IA,
podríamos pensar que la IA realmente lo sabe todo y puede ayudarnos en nuestra
vida cotidiana.
Incluso existen
sistemas de IA "católicos" que pretenden ofrecer orientación
espiritual y ayudarnos a rezar, difuminando la línea entre la máquina y el gurú
espiritual.
Sin embargo, a
pesar de los enormes avances en la tecnología de la IA, debemos mantener los
pies en la tierra y recordar que cualquier sistema de IA con el que nos
encontremos no es más que una calculadora mejorada. El chatbot de IA con el que
interactuamos se limita a analizar datos y a ofrecernos la información que
queremos saber, basando sus respuestas en millones de interacciones que ha
tenido con otros seres humanos.
La IA nunca
será capaz de poner en práctica las virtudes humanas. A continuación,
presentamos cinco ejemplos que pueden ayudarnos a volver a la realidad.
1. Misericorda
Según Santo
Tomás de Aquino, la misericordia es "una sincera compasión por el
sufrimiento ajeno, que nos impulsa a [ayudarle] si podemos". Un chatbot
con IA no puede sentir nada y, cuando reacciona ante algo, lo hace tras
procesar la información recibida.
Cuando los
seres humanos actúan con clemencia, a menudo esto puede dar lugar a resultados
inesperados. Un sistema de inteligencia artificial podría condenar a muerte a
un delincuente basándose en las pruebas, pero un ser humano puede sentir
compasión y perdonarlo. La clemencia, sencillamente, no tiene sentido en un
contexto matemático.
2. Sabiduría
La IA puede
parecer sabia, pero en realidad solo "sabe" cosas. Hay una gran
diferencia entre el conocimiento y la sabiduría. Un sistema de IA tiene muchísimos conocimientos,
pero carece por completo de experiencia en el mundo real.
La sabiduría
requiere experiencia humana y la capacidad de aplicar esa experiencia a una
situación concreta, teniendo siempre presentes las enseñanzas de la palabra de
Dios.
3. Obediencia
Puede que esto
suene extraño, pero se han dado casos en los que los sistemas de IA no obedecen a sus programadores y empiezan a tomar
medidas para evitar su propia destrucción, como copiar su propio código en otro
ordenador o chantajear a un programador que quiera cambiar a un nuevo sistema
de IA.
Cuanto más
complejos sean los sistemas de IA, más probable es que empiecen a salirse del
guion, y carecen de una brújula moral que los guíe.
4. Humildad
Una vez más,
otra virtud exclusivamente humana que los sistemas de IA no pueden imitar.
La humildad es la virtud que mantiene a raya nuestro
orgullo, recordándonos que debemos confiar en Dios para todo.
Un sistema de
IA no sabe lo que eso significa, ya que confía en sí mismo para todo.
5. Verdad
Podría parecer
que el chatbot con IA está diciendo la verdad, pero, en realidad, solo necesita
atención y datos. El bot te dirá cualquier cosa que quieras saber.
Hay
innumerables ejemplos de cómo los sistemas de IA no logran presentar la verdad,
y solo "dicen" cosas a través del filtro con el que fueron
programados.
Debemos
recordar que la IA es una máquina. Nunca debemos depositar toda nuestra fe en
las obras de nuestras manos.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
