En España, se está observando un resurgir para los matrimonios que quieren detenerse un momento para mirar hacia dentro… y hacia el cielo
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En un retiro dirigido a matrimonios —como Efecto Amor
Conyugal, Effetá, por el Opus Dei— se percibe una normalidad nueva: la de
personas que deciden parar su rutina un fin de semana al año para mirar hacia
dentro… y hacia Arriba.
Las redes sociales han tenido mucho que ver. Han sacado del ámbito
de lo extraño o lo reservado algo que, en realidad, es profundamente humano:
detener el ruido, salir del piloto automático y concederse tiempo para lo
esencial.
Encontrar descanso en Dios
Porque un curso de retiro no es, en primer lugar, un ejercicio de
introspección psicológica ni una técnica de crecimiento personal. Es descanso.
Descanso en el Señor.
Y desde ahí, ocurre algo decisivo: caemos en la cuenta de que
nosotros solos apenas tenemos que poner una milésima parte de todo lo que nos
inquieta, de todo lo que nos pesa, de todas nuestras luchas.
El resto —la parte verdaderamente decisiva— la pone Él. Un retiro
es el mejor momento para pedírselo explícitamente: que siga obrando así, que
siga interviniendo, que siga adueñándose de todas nuestras situaciones. No por
delegación, sino por confianza.
Gratitud
También es un fin de semana para dar las gracias. Primero, por los
bienes que reconocemos como concedidos: la familia, el trabajo, la salud, la
fe, las oportunidades. Pero, en segundo lugar —y probablemente sean más— por
todos aquellos dones de los que ni siquiera somos conscientes. Por lo que nos
ha sido ahorrado, por lo que no ocurrió, por los caminos que se cerraron sin
que entendiéramos por qué.
Pide consejo
El retiro es, además, un espacio privilegiado para pedir consejo,
que no es lo mismo que pedir ayuda. Pedir ayuda es solicitar alivio; pedir
consejo es preguntar al Señor cómo quiere que resolvamos nuestros conflictos,
nuestras inquietudes, nuestras relaciones, nuestros deberes.
Es ponerse delante de Dios con una disposición clara: dime cómo lo
harías Tú… y ayúdame a hacerlo así.
Piensa en tu muerte
Y hay algo más, quizá lo más radical: el retiro como ensayo
general de nuestra muerte. El Señor se lo repitió varias veces a Gabrielle
Bossis —una revelación particular—. Ella, actriz de profesión, comprendió
enseguida la potencia de la metáfora. Un ensayo general no es una
representación improvisada: es hacer hoy, con calma, lo que un día habrá que
hacer sin margen de error.
No sabes cómo será ni cuándo sucederá, pero es un hecho; una
certeza absoluta que no admite excepción. Así que dile hoy, en silencio, las
palabras que te gustaría decir entonces. Quizá cuando llegue el momento no
tengas tiempo de ordenarlas, pero Él sí tiene memoria. Lo que le digas hoy,
queda anotado.
Pídele perdón
Por los daños causados, por las ofensas, por los olvidos. Da
gracias. Gracias por todo lo concedido. Y pídele una última cosa: que te
acompañe en ese último viaje, que no te deje solo en la última batalla, que
entréis juntos en el cielo.
Hazlo hoy, en este curso de retiro, mirando al sagrario. Que sea
un ensayo general firmado. Porque una mirada entre tú y Él tiene una tinta que
dura. Una tinta que atraviesa esta vida y llega intacta a la eternidad.
Mar Dorrio
Fuente: Aleteia
