La pregunta sobre el origen de Dios le ha dado vueltas en la cabeza a los hombres de todos los tiempos, pero la respuesta está más allá de nuestra comprensión
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El ser humano siempre se ha sentido intrigado sobre la existencia
de Dios, todopoderoso, omnipotente y omnipresente, por eso desea saber si tuvo
algún origen o si ha existido desde siempre, sin que nadie lo creara a Él. Ante
esta incógnita, ¿qué respuesta podríamos dar a quienes nos lo cuestionaran?
Él es el Creador
“¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de
Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Rm
11, 33).
Dios creó el cielo y la tierra, es el creador de todo lo material
e inmaterial, visible o invisible (Col
1,16), señala el Credo de la Iglesia católica.
Y la creación de Dios no es cuestión solo de un momento (del
momento en que todo empezó a existir) sino que además Dios mantiene su obra en
constante creación, especialmente cuando cada elemento creado genera a otro.
Los atributos de Dios
Con Dios todo es diferente. Las palabras de Pablo, de la cita
inicial, indican que Dios tiene unos atributos que están más allá de nuestra
comprensión.
1. ETERNIDAD
Una de las características divinas es su eternidad. De aquí
que Dios sea siempre el mismo, Dios no cambia, todo lo creado sí cambia.
Dios no cambia, en Él no hay tiempo. El tiempo es en sí mismo
cambio, medición de movimiento. El tiempo comenzó con la creación del universo
cambiante. En Dios no hay sucesión de tiempo, no hay pasado ni futuro; en Dios
hay un “eterno presente”.
Dios simplemente “es” el que es.
Su nombre es “Yo Soy el que soy” (Ex
3, 14-15), expresión que usó también Jesús para hacer ver su divinidad:
“Antes que naciese Abraham, Yo Soy” (Jn
8, 58). Jesús no dice, por ejemplo, antes de que naciese Abraham yo fui o
yo era o yo seré, etc.
Dios no es creado; lo señala también el credo cuando dice que Jesús
fue engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre.
2. INMUTABILIDAD
Del atributo divino de la eternidad se deriva otro de sus
atributos: el de su inmutabilidad. Dios siempre ha existido, tal cual es; Dios
nunca fue creado, es eterno. Sí, Dios es inmutable porque es eterno.
Si Dios es eterno, en consecuencia no existe un momento en que
Dios no existiera, como tampoco habrá un momento en que Dios dejará de existir.
Dios no tiene principio, ni fin, es sempiterno (siempre eterno).
“Al Dios único…, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo el
tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén” (Judas, 25). Y san Pablo dice: “Al Rey de los siglos, al Dios
inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”
(1 Tim 1, 17).
El pensar que Dios sea creación del ser humano, que Dios haya
tenido un principio o que haya sido creado obliga a formularse la
siguiente pregunta: ¿y entonces quién lo creó a Él? Se entra entonces en
una especie de espiral hacia atrás sin sentido e indefinida.
Dios no tiene principio ni fin; si los tuviera, -o solo tuviera
principio o solo fin-, no sería Dios. Dios es el primero y como es el primero
su existencia no puede depender de otro, pues entonces sería el segundo.
El primero es eterno, no tiene principio, no puede tener comienzo;
el segundo, sí.
El creado no puede llamarse a la existencia por sí solo, pues nada
antes de existir puede hacer algo por sí mismo. Por eso el primer ‘ser’ tiene
que ser eterno. Y a este primer ser eterno, que es el principio creador, le
llamamos Dios.
3. SIEMPRE ES, HA SIDO Y SERÁ DIOS
Solo Dios es realmente eterno, sin principio ni fin. Todo lo demás
es creado por Él, incluso algunas cosas creadas que consideramos erróneamente
como eternas: los ángeles, el alma, por ejemplo.
Estas realidades no son eternas; son, más apropiadamente hablando,
inmortales. Inmortal significa que no tendrá fin, pero sí que tuvo principio. Y
los ángeles y el alma son seres creados; no existen desde la eternidad.
Saber que Dios es eterno influye positivamente en nuestra vida.
Aceptar esta verdad de la eternidad de Dios permite entender la lógica de
Cristo cuando habla de darnos vida eterna, de ser partícipes de su vida eterna;
con Dios la vida tiene sentido y tenemos presente y futuro.
El gozar de Dios no es por tanto cosa de unos cuantos años
terrenales sino por siempre, in saecula saeculorum. Aunque esta
experiencia temporal, tal como la vemos y la tocamos, sea corta, Dios es “para
nosotros un refugio de edad en edad (Sal
90, 1).
Henry
Vargas Holguín
Fuente: Aleteia
