Los dio a conocer al cumplir los 90 años, titulándolos: "Consejos a un joven sacerdote"
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| Aunque la vida de muchas vueltas, los consejos del padre Loring valen en el siglo XX y el XXI. |
Hace un tiempo,
el padre José Antonio Medina Pellegrini presidió una celebración por el alma
del padre Jorge Loring SJ. y comentó en la homilía las 15 normas que
han orientado la vida sacerdotal de este grandísimo divulgador y predicador,
y que así las dio a conocer al cumplir los 90 años titulándolas: “Consejos
a un joven sacerdote`.
Transcribimos
la homilía íntegra:
«Queridos
hermanos: hace un mes, en el día de Navidad, partía hacia la casa del Padre
Celestial, nuestro querido padre Jorge Loring. Por eso esta Misa a un mes de su
partida, y es nuestro deseo y nuestra ilusión -por lo menos hasta que se cumple
un año-, cada 25 encontrarnos en torno al altar para elevar nuestra oración,
nuestra plegaria por él.
»Y esto es,
estrictamente, un acto de justicia, y por supuesto, un acto de caridad, porque
es la manera de decirle gracias por tanto bien que le ha hecho a este pueblo, a
esta ciudad, y a tantos hermanos que en distintos lugares del mundo, a través
de sus libros y de su presencia, les llegó el mensaje de Jesucristo.
La Escritura
nos dice que hay una oración que agrada especialmente a Dios, que toca lo más
profundo de su corazón, y es la oración por nuestros difuntos. Porque encierra
esto que venimos diciendo, la gratitud, el reconocimiento, la justicia y
también manifiesta la esperanza certera de que con la muerte nada termina, sino
que con la muerte empieza esa vida futura, mejor y más justa, “que Dios
ha preparado para aquellos que le aman” (Cf. 1 Cor 32,9).
»Pensaba,
rezaba, ¿qué compartirles en esta Misa al mes de la partida del padre Loring? Y
pensé, y recé, ¿qué mejor que reseñar cuál fue la clave de su sacerdocio, de
esta fidelidad de casi 60 años de vida sacerdotal?
»Buscando entre
sus escritos encontré un texto maravilloso. Un texto que escribió cuando
cumplió 90 años, pensando en los sacerdotes jóvenes, y que él tituló: “Consejos
a un joven sacerdote”.
»Son 15 y los
voy a leer literalmente. Yo les pido que los vayan escuchando, y al
escucharlos, vayamos haciendo un retrato de su alma sacerdotal. Porque, en
definitiva, lo que aquí aconsejaba a un joven sacerdote, es un proyecto ya
vivido por él de entrega y fidelidad a Nuestro Señor. Y nos vamos a encontrar
con esa pluma decidida, vehemente, fundamentada en la certeza. Él tuvo muy
claro que “era un hombre sacado de entre los hombres para las cosas que miran a
Dios” (Cf. Heb 5,11). Escuchamos al padre Loring.
»Al cumplir
los noventa años deseo informarte, joven sacerdote, de algunas normas
que han orientado mi vida:
1.- Me
ordené a los 33 años, he cumplido los 90 y no me he arrepentido ni un
minuto. Elegí bien. Si volviera a nacer elegiría lo mismo.
2.- Valora
tu vocación. El sacerdote es el mayor bienhechor de la humanidad, pues
sólo él puede dar la vida eterna.
3.- La
autoestima es razonable; pero la vanidad, no. Ignorar los dones
recibidos de Dios es ingratitud; pero envanecerse de ellos es ridículo, pues
Dios pudo habérselos dado a otro y no a ti. Ya dijo San Pablo: ¿Qué tienes que
no hayas recibido? Y si los has recibido, ¿de qué te engríes?
4.- Procura
tener una buena cultura, sobre todo en las materias afines al
sacerdocio. Pero no olvides que la virtud es más importante que la
cultura. El Cura de Ars, con poca cultura, ha salvado más almas que
muchos sacerdotes muy cultos.
5.- El
tiempo es para evangelizar, estudiar y orar. Nada más. Descansar sólo
lo indispensable.
6.- Cuida tu
salud para estar apto a las exigencias de la evangelización.
7.- Cuida tu
imagen; no por vanidad mundana, sino para ayudar a que reciban tu
mensaje. Si resultas repelente, el rechazo a tu persona arrastrará el
rechazo a tu mensaje.
8.- Es
posible que alguna mujer se enamore de ti. Recházala con caridad, pero con
firmeza. No te creas invencible. Todos podemos perder la cabeza. No
serías el primero ni el último. Sé humilde y toma precauciones.
9.- La
codicia es peor que la lujuria. El dinero hace falta para evangelizar. Muchos
instrumentos de evangelización cuestan dinero. Pero el apego al dinero
puede apartarnos de Dios.
10.- Sé
fiel al MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA. Debemos dejarnos conducir
por quien Dios ha puesto al timón de la Iglesia, y no por las opiniones de un
marinero de cubierta.
11.- Debemos
procurar ser “otros Cristos” en la tierra: pasar haciendo el bien. Que
todo el que se acerque a nosotros se aleje mejorado espiritualmente.
12.- Y
por supuesto, atiende a todos siempre con buena cara. Que
nunca nadie pueda considerar que no lo has atendido bien.
13.- Cuida
mucho los juicios que emites de otros. Alguna persona se apartó de la Iglesia
por lo que dijo de ella un sacerdote. Hay que combatir el error, pero
sin despreciar a la persona equivocada.
14.- Si
te equivocas, reconócelo; y pide perdón si alguien se ha sentido herido por tu
culpa. La soberbia en un sacerdote es funesta. La humildad resulta
atractiva.
15.- Que
se te vea piadoso. Trata a la Eucaristía con todo respeto y devoción. El P.
Ángel Peña, agustino recoleto, tiene un bonito libro titulado SACERDOTE PARA
SIEMPRE, que termina con este consejo: ‘Sacerdote, celebra tu misa, como si
fuera tu primera misa, como si fuera tu última misa, como si fuera tu única
misa’.
»¿Hace falta
decir algo más? Aquí está el alma de un santo sacerdote. Aquí está reflejada,
en pinceladas muy concretas, la vivencia –como nos decía nuestro Obispo en la
Misa Funeral del padre Loring, y lo reafirma su autoridad-, de un hombre de
Dios. Ésta es la clave de la santidad sacerdotal. Y por eso, ese punto uno, ya
no teniéndolo físicamente entre nosotros se convierte en un ejemplo infinito y
admirable: “Me ordené a los 33 años, he cumplido los 90 y no me he arrepentido
ni un minuto. Elegí bien. Si volviera a nacer elegiría lo mismo”.
»Y hoy pensaba,
voy a leer esto, pero… ¿cómo termino la homilía? He estado todo el día con las
Carmelitas Descalzas dándoles un curso de formación y cuando me retiro la Madre
Superiora me regala la estampa de recuerdo del padre Loring de sus 50 años como
sacerdote (y aquí está el broche de oro de la homilía). Miren lo que le dijo a
Jesús en esa Misa por sus 50 años el 15 de julio de 2004: “Jesucristo me ha
ungido sacerdote para repartir Su Cuerpo, Su Palabra y Su Perdón”.
»Entonces en
esta Eucaristía le decimos: ¡Gracias padre Jorge Loring, por todo lo que nos
has enseñado, por todo lo que nos diste! Que ahora junto al Padre el Señor te
dé el descanso eterno y que brille para ti la luz que no tiene fin. Que así
sea».
Fuente: ReligiónenLibertad
