Un tema controversial es el sacramento de la Confesión, pues para muchas denominaciones cristianas, si no está en la Biblia, entonces no es válido
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Dentro de los siete sacramentos que la Iglesia guarda con celo al
haber sido instituidos por el mismo Jesucristo - la Biblia lo constata - ,
existe un sacramento en particular que despierta dudas en muchos y rechazo en
otros: la Confesión.
Sacramento también llamado de la Reconciliación o de la
Penitencia, es para nosotros los cristianos un regalo de Dios que, además de
liberarnos de la carga de nuestros pecados, manifiesta sin fin la Misericordia
y el Amor del mismo Dios hacia los hombres que una y otra vez lo
traicionamos.
Quede claro pues, que el depósito de la fe que guarda la Iglesia
no es ni ha sido nunca un invento humano, sino divino, como respuesta a la
necesidad del hombre de reconciliarse con su Dios.
Orígenes
"Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán
perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que
ustedes se los retengan" (Jn
20, 22).
Estas fueron las palabras pronunciadas por el Señor a los
apóstoles, en la tarde del domingo de su resurrección. Fue esto lo primero que
hizo el Señor al ver a los apóstoles después de tres días de aparente ausencia,
dándonos a entender de esta manera que aquello no fue cualquier prodigio, sino
algo fundamental tanto para los apóstoles como para los que habríamos de creer
en El a través de ellos (Lc
10,16).
El poder para perdonar los pecados en el nombre de Dios lo
recibieron únicamente los apóstoles, por tanto había una diferenciación entre
estos y el resto del Pueblo de Dios.
Tanto fue esto así que Lucas lo detallo en el libro de los Hechos:
"Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar
sus prácticas" (Hechos 19, 18).
No iban pues donde otras personas, ni confesaban sus culpas
“directamente” a Dios, sino que iban hacia los apóstoles para recibir el perdón
que Jesucristo les había dado el poder de impartir.
Sin embargo si aún queda duda de que este ministerio haya sido dado
a los apóstoles, san Pablo nos lo recuerda de una forma más explícita aún, en
su segunda carta a los Corintios:
"Y todo proviene de Dios que nos reconcilio consigo por
Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación" (2
Co 5, 18).
De esta manera el Sacramento fue instituido por Jesucristo dentro
de la Iglesia, para que podamos tener una vida de Gracia y aspirar a una vida
eterna.
Sucesión Apostólica
Hasta ahora se ha fundamentado la institución de este Sacramento
con citas bíblicas bastante claras y explicitas, sin embargo tiene también un
fundamento histórico que no podemos ignorar. No se pretende hacer un tratado de
la historia completa del Sacramento, pues me tomaría más que un par de hojas,
tan solo se exponen algunas de las tantas razones que lo fundamentan, pues más
allá de la parte apologética, lo que se desea es recuperar un poco el valor y
la importancia del Sacramento.
Son numerosos los personajes que podrían citarse refiriéndose a la
Confesión en los primeros siglos de la Iglesia, como lo son: Orígenes,
Tertuliano, san Cipriano, entre otros, sin embargo, no remitimos a los
mismos apóstoles que nos dejaron un hermoso escrito llamado la Didajé (60-160
d.C):
"En la reunión de los fieles confesaras tus pecados y no te
acercaras a la oración con conciencia mala" (Didajé IV, 14).
Debemos recordar que este escrito fue preservado por los apóstoles
de los apóstoles, y así sucesivamente, haciendo de esto una sucesión apostólica, que es guardada celosamente
por la Iglesia Católica Romana.
El poder de impartir el perdón de Dios a los penitentes fue
transferido a nuestros actuales ministros o sacerdotes a través de esta misma
sucesión, sin ningún tipo de ruptura histórica, pues la Iglesia y la Historia
poseen todos los documentos que evidencian la relación tanto entre los
apóstoles de ese tiempo y nuestros Obispos, como la que hay entre san Pedro y
el papa León XIV.
Por estas y otras sentencias, no existe razón por la cual alguna
otra denominación ajena a la Iglesia de Cristo pueda atribuirse la acción del
Espíritu Santo, pues queda claro a la lógica y la inteligencia que el Santo
Espíritu de Dios no inspiraría jamás cosas distintas a personas distintas. De
esta manera queda abolido también aquel criterio que se alza como estandarte de
guerra para los relativistas: “No importa de qué religión seas, todas llevan al
mismo Dios”.
Necesidad del sacramento
Yendo entonces a la parte central de este escrito, es importante
tomar consciencia en cuanto a lo necesario que es no solo saber defender lo que
se cree, sino vivir aquello que decimos creer.
El Sacramento de la Confesión ha sido siempre el blanco de muchos
ataques protestantes, pero increíblemente han sido más los ataques de la duda
por parte de los católicos, que a fin de cuentas no viven esa coherencia, tan
necesaria para dar testimonio al resto del mundo que vive una
desesperanza y un sinsentido tremendos.
Actualmente se viven distintos abusos del Sacramento, que van
desde la mala administración hasta la poca disposición para recibirlo.
Debemos tener muy claro que no existe otro camino por el cual
nuestros pecados puedan ser perdonados, sino es por este Sacramento. Debe
entenderse esto, no como un capricho de la Iglesia, sino como un mandato
directo de Jesucristo nuestro Señor.
Debemos comprender que Dios siempre ha dejado al hombre la responsabilidad
de las cosas santas, aun así sabiendo nuestras fragilidades y torpezas. Pero es
eso lo que prueba la confianza que Dios ha puesto en nosotros y el Amor
infinito con el que nos ha amado, porque nos amó tanto que se entregó en la
Cruz por nosotros, y nos amó aún más al haber resucitado.
Celebremos pues junto con los primeros cristianos el que Dios les
haya dado este poder a los hombres (Mt
9, 8).
Steven Neira
Fuente: Aleteia
