Este es el titular de la noticia que ha publicado recientemente BBC News sobre Pedro Ballester. Este joven, de tan sólo 21 años, estudiaba, hacía amigos, soñaba con su futuro. Nada extraordinario… salvo la forma en que vivía lo ordinario.
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| Pedro Ballester. Dominio público |
La historia de Pedro Ballester, estudiante de Manchester fallecido a los 21 años, ha llamado la atención internacional y ha sido recogida por BBC News.
Su vida está siendo estudiada por la Iglesia católica
dentro del proceso de canonización, lo que podría convertirlo en uno de los
primeros santos de la generación Z.
Hoy, muchos jóvenes ven en él a alguien cercano: no un héroe
lejano, sino un amigo que demuestra que se puede vivir con profundidad,
coherencia y esperanza en medio de una vida normal y del sufrimiento.
Por eso su historia sigue creciendo como un recordatorio
sencillo: la santidad no es cosa del pasado… ni de otros.
Pedro
Ballester: la santidad en la vida ordinaria
Pedro Ballester estudiaba Ingeniería Química cuando fue
diagnosticado de un agresivo cáncer óseo. Murió en 2018, pero su paso por la
universidad, el hospital y su entorno cercano dejó una impresión duradera en
quienes lo conocieron.
Su padre resume su vida con una expresión que se ha repetido
ampliamente: Pedro vivió «una vida ordinaria de forma extraordinaria».
Esta idea sintetiza el núcleo de su testimonio: no realizó
hazañas extraordinarias a los ojos del mundo, pero vivió con una fe profunda,
una alegría constante y gran capacidad de amistad.
Ofrecer el
sufrimiento: el gesto que marcó su historia
Cuando enfermó de cáncer, no se encerró en sí mismo. Siguió
cuidando a los demás, creando amistad, dando sentido al dolor y viviendo su fe
con naturalidad y alegría.
Pedro ofreció su sufrimiento por el Papa y por la Iglesia, y
tuvo un encuentro con el papa Francisco, donde no destacaron tanto las
palabras sino una mirada de especial cariño.
Esa misma capacidad de cercanía la vivía en el hospital
oncológico de Manchester, donde hacía amigos con facilidad y creaba comunidad
allí donde estaba. En el hospital, Pedro hizo amistad con pacientes de
distintas creencias y consiguió que firmaran una tarjeta dirigida al papa
Francisco.
Cuando pudo entregársela personalmente, le dijo que ofrecía su
enfermedad «por el Papa y por la Iglesia». Este gesto refleja una de las claves
de su espiritualidad: transformar el sufrimiento en una ofrenda llena de sentido.
Una
capacidad extraordinaria de crear comunidad
La noticia subraya repetidamente su carácter cercano y su
facilidad para hacer amigos. En el hospital, en la universidad y en su entorno,
Pedro generaba vínculos con naturalidad.
Un amigo lo describió como un joven «muy normal y muy bueno»,
serio pero alegre, con una fe profunda que compartía sin imponerla.
Esta naturalidad explica por qué su funeral reunió a más de 500
personas, un dato que sorprendió a su propia familia.
Devoción
creciente en todo el mundo
Tras su muerte, la devoción hacia Pedro ha crecido de forma
notable. Su tumba en Manchester recibe visitantes y peregrinos, y se han
registrado más de 150 favores atribuidos a su intercesión.
La oración para pedir su ayuda se ha traducido ya a 28 idiomas,
señal de que su testimonio ha traspasado fronteras.
Un referente
para los jóvenes de hoy
La causa de canonización, impulsada por el Opus Dei,
subraya que la vida de Pedro puede ayudar a jóvenes de su generación a
encontrar a Dios y la felicidad.
Su historia conecta especialmente con los jóvenes porque muestra
que la santidad no es algo lejano ni extraordinario, sino una posibilidad real
en medio del estudio, la amistad, la enfermedad y la vida cotidiana.
Fuente: Opus Dei
