La liturgia requiere del servicio de los laicos y qué mejor oportunidad para quien desea acercarse más a Dios que siendo lector en la santa Misa. ¿Te animas?
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| Mónica Muñoz |
La liturgia
requiere de la colaboración de los laicos para que el sacerdote se dedique a lo
suyo, es decir, a celebrar con todos el misterio del sacrificio de nuestro
Señor Jesucristo en la Santa Misa. Por eso, para la primera parte de la
Eucaristía es importante la participación del lector o lectores.
La liturgia
de la Palabra
En efecto,
cuando vamos a Misa completa nos preparamos con la liturgia de la Palabra - primera parte de la Misa -
para recibir el cuerpo de Cristo en la liturgia de la Eucaristía - segunda parte - .
Los ministros
propios de la Eucaristía son el obispo, el sacerdote y el diácono (CIC 910 & 1). Por supuesto, el más importante es el
presidente, es decir, el sacerdote porque sin él no puede haber consagración.
Pero también están los acólitos o monaguillos, los lectores, el salmista, los
colectores, el monitor y el coro.
Cada uno
desempeña una función diferente y necesaria. A los niños se les invita
regularmente a ser monaguillos, pero los adultos también tienen oportunidad de
ofrecer su servicio proclamando la Palabra de Dios, ya sea como lector o
salmista. Enfoquémonos en las ventajas de ser lector:
1. Llegar
temprano a Misa
El domingo es
día de descanso para la mayoría de los fieles (CEC 2184). Sin embargo, es un día que debemos dedicar a
Dios y a la familia. Recordemos que "domingo" significa "día del
Señor" (CEC 2177). Así es que, antes que cualquier otra actividad
deberíamos acudir a Misa y después pasar el día con los seres queridos.
Por eso, una
ventaja de ser lector será que tengas que llegar a Misa antes de que comience
para dar una repasada final a la lectura, orar con los demás participantes y
salir con el sacerdote en la procesión. Esta es una experiencia hermosa que te
enriquecerá y, un plus, tus hijos recibirán un excelente ejemplo.
2. Conocer a
los miembros de la comunidad
Quien
generosamente presta su servicio en la iglesia se vuelve una persona de
referencia. Por supuesto podrás conocer a los demás miembros de la comunidad y
a sus familias, ayudarles a acercarse al sacerdote - porque quizá no lo creas,
pero muchas personas tienen temor de hablar con él - .
Y
silenciosamente estarás dando testimonio de que Dios está presente entre sus
hijos, sobre todo en aquellos que prestan su voz para hablar a los demás.
3. Formarse
en la fe
Cuando
preparamos una lectura le ponemos mayor atención a lo que Dios nos dice. Pero
también nos mueve a conocer mejor la Sagrada
Escritura, en cuanto a su estructura, su historia, sus autores humanos, en
fin.
Es una
excelente oportunidad para formarnos, orar con la Palabra de Dios y prestar un
servicio a nuestra comunidad parroquial.
¿Qué dices?,
¿Te animas a ser lector (a) en Misa?
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
