Herederos de
una bendición
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estos días, a
causa de la gripe, rezamos Vísperas y, seguidamente, Completas, para adelantar
el descanso. He estado observando y, generalmente, a todas las personas que
vienen a rezar con nosotras les toca especialmente un gesto muy dominicano: al
cantar la Salve, una hermana va asperjando con agua bendita sobre la cabeza de
cada uno, bendiciéndolos.
¡Qué tendrá la
bendición que todos la deseamos en el fondo del corazón! Del corazón del hombre
brota la necesidad de saber que es amado, de sentirse visto con buenos ojos, de
saberse protegido, de poder confiar…
Recuerdo a un
fraile dominico que decía: “Hablad bien de vuestros hijos, si queréis que
aprueben las asignaturas”, haciéndose eco de que es imprescindible el apoyo
paterno para que los hijos quieran rendir al máximo su potencial.
Si algo tan
humano, en la vida de un niño que empieza a desenvolverse, es tan valioso,
cuánto más lo será recibir la bendición del Señor. ¿Cómo reaccionaría Abrahán
cuando el Señor le dijo: “Por ti serán bendecidas todas las naciones”? ¿O
David, cuando el Señor le hizo una promesa de bendición: “Tu linaje será
perpetuo”? Sus vidas quedaron transformadas por la bendición del Señor.
También
nosotros hemos recibido muchas bendiciones. Algunas nos las expresa Jesús mismo
en el Evangelio: “Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la
cumplen”. Y tantas otras las recibimos cada día de su mano: la familia que nos
ha regalado, la comunidad donde vivir la fe, los sacramentos donde unirnos más
a Él, el sustento que no nos falta… y un largo etcétera que solo cada uno puede
reconocer.
Nuestra vida,
como la de Abrahán y David, está inmersa en una eterna bendición de Dios. ¡Que
así lo sientas y lo vivas! Porque el que se siente bendecido es bendición para
los demás.
Hoy el reto del
amor es bendecir al que se cruce en tu camino: una despedida expresando “Que el
Señor te bendiga”, un día vivido en acción de gracias o algo tan sencillo como
interceder por aquella persona por la que puedes rezar, aun sin conocerla.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
26 febrero 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
