![]() |
| Sor Marta. Dominio público |
Tiene un canal en YouTube llamado Sor Marta en el que da a
conocer la raíz de su felicidad siendo religiosa, de una manera clara, sencilla
y dinámica.
Nos hemos puesto en contacto con ella para reflexionar sobre su
vida religiosa al amparo de la Regla de San Benito.
¿Qué es lo que
le atrajo del carisma benedictino para consagrar su vida a Dios a través del
mismo?
Yo conocí el carisma benedictino en el monasterio de Leire, en el
contexto de unas vacaciones con mis padres y con mis hermanos. Lo primero que
me atrajo no fue la Regla, porque no es lo primero que vi, sino ese ambiente de
oración y esa sensación de que había encontrado lo que estaba buscando durante
tanto tiempo.
Al pasar a la iglesia, sí que vi la Regla de san Benito y, movida
por ese mismo sentimiento de que algo me estaba llamando, la compré y empecé a
leerla. Fue ahí donde conocí el carisma benedictino: me llamó la atención el
silencio, la relación entre las hermanas, la fraternidad, la relación con los
huéspedes y la vida sobria y orante.
Entonces me puse a investigar dónde había benedictinas en España.
¿Por qué la
Regla de San Benito marca unas directrices de vida muy equilibradas, con gran
discreción y sabiduría y adaptadas a la necesidades de la persona, de la
Iglesia y de la sociedad?
San Benito era romano y, por lo tanto, muy equilibrado, muy
práctico y muy observante de la regla. De ahí ese gran equilibrio que se ve en
su escrito. A la vez, cuando escribió la Regla, ya era un sabio en sabiduría
monástica, en vida de fe y en las necesidades humanas de las personas, ya que
fue hacia el final de su vida cuando la escribió.
Había pasado por ser un joven en búsqueda, por un monje eremita,
por abad de otro monasterio —uno que no era fundación suya— y, finalmente, como
fundador y abad de personas que sí querían seguirlo realmente. Por tanto, lo
que conocemos de san Benito, que es la Regla, nos muestra ese poso, esa
sabiduría, ese equilibrio y esa humanidad de Benito.
¿Cómo le ayuda
personalmente hacer vida el célebre lema de su fundador, ora et labora?
San Benito no escribió en la regla ora et labora, ni lo propuso de
manera frontal a los monjes, pero sí que se puede considerar este lema como un resumen
de la regla, porque nuestra vida está dedicada a Dios y también tiene como
punto importante el trabajo, para forjarnos como personas, para relacionarnos
con los demás y para sostenernos. Entonces, viviendo en un monasterio, casi sin
querer o sin que te des cuenta, necesariamente tienes que vivir entre estas dos
fuentes, ya que nuestra vida transcurre muy unida a la oración y también
dedicada al trabajo. Por supuesto, hay otros aspectos, como la fraternidad, el
tiempo libre, el ocio, la lectura espiritual, pero ora et labora puede ser un
buen resumen del carisma benedictino.
¿En qué medida
integran en su vida que sea la oración litúrgica la que marque el ritmo de la
jornada?
Digamos que el oficio divino es nuestra vida, y la monja no hace
pausas para orar, sino que pausa el momento de estar en el coro para dedicarse
al trabajo, a la comunidad, etcétera. Es decir, nuestra vida está orientada y
tiene sentido mediante la oración.
Nos levantamos y lo primero que hacemos es tener dos horas de
oración. A mitad del día también tenemos otros dos momentos de oración; luego,
un espacio por la tarde y, finalmente, antes de acostarnos, también tenemos un
rato de oración. La oración es lo que marca nuestra vida, porque es lo
principal.
¿Cómo, además
de la oración y el trabajo, el silencio les ayuda a vivir la presencia de Dios
todo el día?
Además de estos aspectos, que ayudan mucho para vivir el silencio
si se los aprovecha bien, otros momentos u otras circunstancias donde vemos el
paso de Dios por nuestras vidas es en las relaciones fraternas. Es verdad que
somos monjas y que estamos dedicadas a Dios, pero también vivimos en comunidad
y, por lo tanto, en el encuentro con la otra hermana es cuando nos vamos
forjando, nos vamos moldeando, nos vamos haciendo más humanas, más caritativas.
La relación con la hermana nos construye y también nos invita a la
comunión y al silencio en otros casos.
¿Cómo viven la
hospitalidad y la acogida, en definitiva la caridad, tanto a nivel interno
entre ustedes como con las personas que frecuentan sus monasterios y abadías?
La acogida es un valor fundamental del monacato. El monacato
cristiano no nació para aislarse del mundo y de la gente. Los monjes eremitas y
cenobitas siempre tenían espacio para atender a personas que buscaban dirección
espiritual o a personas enfermas, así como, simplemente, a huéspedes y
peregrinos.
Es algo que san Benito refleja en su Regla: pide que se atienda al
huésped como al mismo Cristo en persona. Por eso, los benedictinos solemos
tener hospederías o albergues, por ese valor de la acogida.
En nuestro caso, tenemos un albergue de peregrinos y,
generalmente, nos juntamos con ellos en la bendición del peregrino, que se hace
cada tarde, y también en el café del peregrino, que es un momento de compartir
experiencias de fe y del camino.
Entre nosotras, obviamente, también es un pilar fundamental,
porque tenemos una relación de familia y sería imposible imaginar una vida
viviendo juntas si no la soportásemos. Y ese no solo soportarse, sino quererse,
se trabaja cada día mediante la caridad.
¿Por qué la
humildad y la obediencia son fundamentales para la vida comunitaria en aras a
la gloria de Dios y bien de las almas?
La primera palabra que aparece en la Regla de san Benito es
«escucha»: «Escucha los preceptos de este maestro». Y esa escucha va en dos
direcciones, tanto a Dios como al maestro espiritual, que es san Benito, o que
es el abad, o que es otro hermano.
Así como he dicho que sería imposible la vida consagrada en
comunidad sin el amor, también sería imposible sin la obediencia mutua. Si cada
una fuese a su aire, pues seríamos unas buenas compañeras de piso, pero nada de
comunidad. Por lo tanto, es fundamental la obediencia.
San Benito le dedica un capítulo entero a la obediencia y, además,
se ve en otros muchos capítulos.
¿Cómo les
protege la medalla de San Benito, y su riquísimo simbolismo, a la hora de
luchar contra el demonio y a combatir las tentaciones?
Como benedictinas, somos unas grandes amantes y devotas de la
medalla de san Benito, una medalla que llevan y usan los exorcistas en sus incursiones
contra el diablo, y una medalla que tiene asociada una oración, también para
evitar las tentaciones y el mal. Nosotros confiamos plenamente en este poder,
llevamos la medalla puesta y también nos encomendamos a la protección de Dios
recitando esta oración.
¿Cómo valoran
que su fundador San Benito sea patrono de Europa y configurador de la esencia
cultural y espiritual del continente?
Creo que tiene mucho sentido que San Benito sea patrón de Europa,
porque formó Europa con la cruz y con el arado, con ese ora et labora. Por otra
parte, durante varios siglos, todos los monasterios que se erigían eran
benedictinos, porque era la regla más fuerte que había, más fiable, más famosa,
quizás. Entonces, de esa manera, Europa se fue llenando de monasterios
benedictinos, con grandísima repercusión dada su vida espiritual y cultural.
¿Esperaba que
su canal de YouTube tuviese tan buena acogida, como síntoma de la sed de Dios
que hay en esta época y en qué medida espera que pueda ser fuente de nuevas
vocaciones?
Yo empecé en redes sociales sin grandes pretensiones, pero sí con
el mismo objetivo que tengo hoy: difundir la vida monástica y el Evangelio. Ese
objetivo, como digo, se sigue manteniendo. Un miedo que se tenía al empezar era
la acogida: dudar si tendría más o menos haters. Gracias a Dios, no ha sido un
problema y, por lo general, se ha acogido muy bien el mensaje.
Lo que nunca imaginé fue que el canal fuese a dar vocaciones o
fuese a ser medio de vocaciones. Eso lo veía imposible, pero claro, imposible
por mi medio, no imposible por el medio de Dios. Y sí se han dado vocaciones
que nos han conocido a través de las redes sociales.
Por Javier Navascués
Fuente: Infocatólica
