Todos la hemos sentido; y aún así, nos da vergüenza admitirlo. Sabemos que el camino a la santidad exige vencer la envidia, por ello, ¿cómo podemos, no solo vencerla, sino utilizarla para crear una mejor versión de nosotros mismos?
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“No codiciarás
los bienes ajenos”. Vencer la envidia ha sido una lección que hemos escuchado
desde la infancia, tanto en el catecismo, como en casa. El décimo mandamiento
nos deja claro que no debemos desear desordenadamente lo que le pertenece al
otro; sin embargo, a medida que crecemos, enfrentamos diferentes situaciones en
las que aparece este sentimiento y no sabemos qué hacer con él.
Un error que
cometemos frecuentemente es intentar reprimirla o negarla porque “es un mal
sentimiento” y nos avergüenza experimentarla. ¿Qué dice la ciencia? pero sobre
todo, ¿qué pasaría si la utilizamos como una herramienta para descifrarnos y
crecer?
La
diferencia entre celos y envidia
Jancee Dunn -una periodista del
New York Time, especializada en temas de salud, con más de 20 años de
experiencia- recientemente desarrolló el tema de la envidia basándose en
investigaciones científicas y entrevistas.
Dunn cita a
Robert Leahy -Director del Instituto Estadounidense de Terapia Cognitiva y
profesor de psicología del Weill Cornell Medical College- para explicar qué es
la envidia: “El sentimiento que tienes cuando percibes que alguien está mejor
que tú”.
La necesidad
de vencerla
El Catecismo, citando a san
Gregorio Magno, enseña que “de la envidia nacen el odio, la maledicencia, la
calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por
su prosperidad”; de ahí que sea necesario luchar contra ella.
Leahy reconoce
que, para lograrlo, el primer paso es reconocerla; para después, perderle el
miedo y ponerla en perspectiva.
Este experto
-dedicado a investigar la envidia- comienza por hacer una distinción importante
entre dos sentimientos que suelen confundirse: los celos y la envidia. En sus
palabras, los celos “implican la percepción de amenazas en las relaciones”,
mientras que, en el caso de la envidia, la amenaza está dirigida hacia tu
posición.
Y añade: “Dar
cabida a la envidia y darse cuenta de cuándo aparece permite no tenerle miedo”.
Además, especifica que las emociones son muy complejas, por lo que es necesario
tener en cuenta que la envidia, cuando aparece, no nos lleva a dejar de querer
y admirar a una persona, sino que ambos sentimientos pueden coexistir. “No
tienes por qué reducir tus pensamientos o emociones sobre una persona solo a la
envidia”, comenta.
No a los
impulsos, sí a la meditación
Otro de los
especialistas consultados por Jancee es Manuel González, que es profesor
adjunto de Psicología en la Universidad Estatal de Montclair y también se ha
dedicado a estudiar la envidia.
Él recomienda
evitar las reacciones impulsivas para dar paso a un análisis personal. Para él,
hay una pregunta clave que hay que responder ante la envidia: “¿Qué
problemas plantea en tu propia vida?”
Para responder
a este cuestionamiento, propone tres preguntas más concretas que pueden guiar
la reflexión:
- ¿Por qué envidio a esta persona?
- ¿Cómo puedo utilizar a esta persona como
modelo?
- ¿Qué puedo aprender para cambiar mi propia
situación?
De esta forma,
pasamos del miedo a un sentimiento -que en ocasiones, es más bien un síntoma de
todo aquello que requiere nuestra atención- a un plan de acción
personal: quizá no envidias el ascenso de trabajo de tu compañero porque
crees que eres mejor que él, sino que te sientes infravalorado y no sabes cómo
expresarlo a tu jefe. La solución requerirá trabajar en la expresión de tu
punto de vista y en valorar tus talentos.
O quizá no
deseas conocer el mundo arriba de un crucero, sino aprender a priorizar el
descanso y la recreación para desconectar del trabajo de vez en cuando. Con lo
cual, verás necesario hacer un balance de qué es más valioso para ti y, con
base en ello, organizar tu agenda de manera diferente y aprender a delegar.
Con estas
preguntas, llegamos al verdadero origen. Visualizamos qué problema de nuestra
vida habita detrás de esa envidia.
Los santos
dan la estocada final
La próxima vez
que sientas envidia, no te olvides de respirar profundo y hacer este ejercicio
de reflexión; pero antes, pon en práctica el consejo de san Bernardo de
Claraval para vencer la envidia: invoca a María.
Una de sus
oraciones -que puedes consultar completa en este artículo de Aleteia- escribió:
“Si te golpean las olas de la soberbia, de la maledicencia, de la envidia, mira
a la estrella, ¡invoca a María!” y más adelante asegura:
“Y para estar
más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. ¡Siguiéndola
no te pierdes en el camino! ¡Implorándola no te desesperarás! ¡Pensando en Ella
no te descarriarás!”
Majo Frías
Fuente: Aleteia
