¿QUÉ SE ESCONDE DETRÁS DE LA ENVIDIA? RESPONDE A ESTAS PREGUNTAS

Todos la hemos sentido; y aún así, nos da vergüenza admitirlo. Sabemos que el camino a la santidad exige vencer la envidia, por ello, ¿cómo podemos, no solo vencerla, sino utilizarla para crear una mejor versión de nosotros mismos?

fizkes | Shutterstock

“No codiciarás los bienes ajenos”. Vencer la envidia ha sido una lección que hemos escuchado desde la infancia, tanto en el catecismo, como en casa. El décimo mandamiento nos deja claro que no debemos desear desordenadamente lo que le pertenece al otro; sin embargo, a medida que crecemos, enfrentamos diferentes situaciones en las que aparece este sentimiento y no sabemos qué hacer con él.

Un error que cometemos frecuentemente es intentar reprimirla o negarla porque “es un mal sentimiento” y nos avergüenza experimentarla. ¿Qué dice la ciencia? pero sobre todo, ¿qué pasaría si la utilizamos como una herramienta para descifrarnos y crecer?

La diferencia entre celos y envidia

Jancee Dunn -una periodista del New York Time, especializada en temas de salud, con más de 20 años de experiencia- recientemente desarrolló el tema de la envidia basándose en investigaciones científicas y entrevistas.

Dunn cita a Robert Leahy -Director del Instituto Estadounidense de Terapia Cognitiva y profesor de psicología del Weill Cornell Medical College- para explicar qué es la envidia: “El sentimiento que tienes cuando percibes que alguien está mejor que tú”.

La necesidad de vencerla

El Catecismo, citando a san Gregorio Magno, enseña que “de la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad”; de ahí que sea necesario luchar contra ella.

Leahy reconoce que, para lograrlo, el primer paso es reconocerla; para después, perderle el miedo y ponerla en perspectiva.

Este experto -dedicado a investigar la envidia- comienza por hacer una distinción importante entre dos sentimientos que suelen confundirse: los celos y la envidia. En sus palabras, los celos “implican la percepción de amenazas en las relaciones”, mientras que, en el caso de la envidia, la amenaza está dirigida hacia tu posición.

Y añade: “Dar cabida a la envidia y darse cuenta de cuándo aparece permite no tenerle miedo”. Además, especifica que las emociones son muy complejas, por lo que es necesario tener en cuenta que la envidia, cuando aparece, no nos lleva a dejar de querer y admirar a una persona, sino que ambos sentimientos pueden coexistir. “No tienes por qué reducir tus pensamientos o emociones sobre una persona solo a la envidia”, comenta.

No a los impulsos, sí a la meditación

Otro de los especialistas consultados por Jancee es Manuel González, que es profesor adjunto de Psicología en la Universidad Estatal de Montclair y también se ha dedicado a estudiar la envidia. 

Él recomienda evitar las reacciones impulsivas para dar paso a un análisis personal. Para él, hay una pregunta clave que hay que responder ante la envidia: “¿Qué problemas plantea en tu propia vida?”

Para responder a este cuestionamiento, propone tres preguntas más concretas que pueden guiar la reflexión:

  • ¿Por qué envidio a esta persona? 
  • ¿Cómo puedo utilizar a esta persona como modelo? 
  • ¿Qué puedo aprender para cambiar mi propia situación?

De esta forma, pasamos del miedo a un sentimiento -que en ocasiones, es más bien un síntoma de todo aquello que requiere nuestra atención- a un plan de acción personal: quizá no envidias el ascenso de trabajo de tu compañero porque crees que eres mejor que él, sino que te sientes infravalorado y no sabes cómo expresarlo a tu jefe. La solución requerirá trabajar en la expresión de tu punto de vista y en valorar tus talentos.

O quizá no deseas conocer el mundo arriba de un crucero, sino aprender a priorizar el descanso y la recreación para desconectar del trabajo de vez en cuando. Con lo cual, verás necesario hacer un balance de qué es más valioso para ti y, con base en ello, organizar tu agenda de manera diferente y aprender a delegar.

Con estas preguntas, llegamos al verdadero origen. Visualizamos qué problema de nuestra vida habita detrás de esa envidia.

Los santos dan la estocada final

La próxima vez que sientas envidia, no te olvides de respirar profundo y hacer este ejercicio de reflexión; pero antes, pon en práctica el consejo de san Bernardo de Claraval para vencer la envidia: invoca a María.

Una de sus oraciones -que puedes consultar completa en este artículo de Aleteia- escribió: “Si te golpean las olas de la soberbia, de la maledicencia, de la envidia, mira a la estrella, ¡invoca a María!” y más adelante asegura:

“Y para estar más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. ¡Siguiéndola no te pierdes en el camino! ¡Implorándola no te desesperarás! ¡Pensando en Ella no te descarriarás!”

Majo Frías

Fuente: Aleteia