María Teresa López Canabal, monja de las Calasancias, fallece a los 97 años
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| Cartel de la película Sor Citroën. |
La hermana
Tomasa, apodada Sor Citroën, fue llevada a la pantalla por la actriz Gracita
Morales en la película de 1967 dirigida por Pedro Lazaga. Una obra que
se ha convertido en todo un clásico del cine español.
Impulsiva,
abierta e inocente, aprendió a manejar un Citroën 2CV con el propósito de colaborar
en el orfanato de niñas que atendía su congregación. Sus dificultades al
volante dieron lugar a situaciones realmente divertidas.
La verdadera
Sor Citroën
Aunque Sor
Citroën pasó a la historia como un personaje de ficción, su personaje se
inspiró en una monja real, María Teresa López Canabal, que falleció
el pasado 31 de diciembre los 97 años. La Razón cuenta su historia.
Los que la
conocieron aseguran que María Teresa fue una mujer de gran corazón, siempre
dispuesta a ayudar a los demás. Daniel Vigo le dedicó un artículo en 2018 en
el Diario de Pontevedra que tituló "Héroes de Pontevedra: Teresa, la monja
revolucionaria". En él contaba que, con solo 17 años, Teresa
ingresó en la orden de las Calasancias.
Inició su labor
docente en el colegio de la Divina Pastora, en Chipiona, donde llegó a
enseñar canto a Rocío Jurado. Según recoge el artículo, "una de sus
alumnas fue la cantante Rocío Jurado, cuyo padre, zapatero y empleado de las
bodegas Rodríguez Hermanos, le enviaba cada mes un garrafón de vino
dulce".
"Teresa me
contó la historia de un chico que estaba enganchado a la heroína. Una mañana le
sacó una navaja en los baños de la estación. Teresa le miró a los ojos y le
dijo: 'Pero que me vas a hacer pobre'. El chico soltó la navaja con los ojos
llorosos. Ella comenzó a invitarlo a comer todos los días en la
cafetería de la estación y así pasó el tiempo, los meses, entre charla
y charla, hasta que un día no volvió más. Años después, este chico regresó a la
estación para verla. Iba con su mujer y una niña pequeña, su hija. Se había
quitado de la droga, se había casado y tenía un trabajo. Le dijo a Teresa: 'Yo
he tenido una madre porque me parió, pero usted es mi segunda madre porque me
rescató'", continúa el artículo.
"En otra
ocasión estaba una chica sentada en un banco del andén. Pasaban las horas, los
trenes y ella no entraba en ningún vagón. Al caer la noche Teresa se le acercó
y le preguntó porque no cogía ningún tren. Le contó entre lágrimas que iba a
Ourense. Venía de la Toja porque trabajaba como sirvienta en el chalet de una
familia y al regresar paró a tomar un café en la alameda, donde le robaron el
bolso. Se había quedado sin dinero y sin documentación. Teresa le
compró el billete destino a Ourense y le ofreció dinero por si lo
necesitaba a su llegada. A los ocho días la chica regresó al estanco para darle
las gracias con una caja de bombones".
"En la
estación de trenes de Pontevedra también había un pintor de Vilagarcía que
realizaba pinturas al óleo de manera magistral y exponía sus cuadros en los
andenes. Tenía un problema con la bebida. Una tarde, Teresa observó como los
guardias de seguridad le estaban pegando hasta que alzó la voz para detenerlos:
'¡No os dais cuenta que es una persona enferma, que manera es esa de tratar a
un ser humano!'. A partir de ese momento el pintor le juró a Teresa que
no volvería a beber jamás y siguió pintando en la estación. El pintor
meses después se marchó a Barcelona. Un año más tarde vino la madre del pintor,
ya anciana, para darle las gracias a Teresa por salvar a su hijo de la bebida,
porque no volvió a beber más y ahora vivía en Barcelona siendo un pintor con
mucho éxito", añade Vigo.
Su siguiente
destino fue un colegio del barrio de Salamanca en Madrid. Allí se convirtió
en la primera monja de España y una de las primeras mujeres en obtener
el carné de conducir. En Asturias dio clases en la localidad de Pola de
Allande y organizó una compañía de teatro. Con el dinero recaudado en las
funciones, financió una excursión a Covadonga para todo el pueblo, cuyos
vecinos no podían permitirse el viaje.
Desafiaba la
imagen convencional de una monja. Regresó a Pontevedra y continuó su incansable
ayuda a los más desfavorecidos. A punto de cumplir 90 años, Vigo la describía
como "una mujer con pelo blanco, menuda, sonriente, con la mirada llena de
bondad y alegría. Si la ven pasear por la calle Sagasta denle un beso y
un abrazo".
Fuente: ReligiónenLibertad
