En cierto sentido, toda la Biblia podría condensarse y abreviarse simplemente en una Palabra, recitando el nombre de Jesús
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| Waiting For The Word | CC BY 2.0 |
A menudo,
cuando enviamos mensajes de texto o correos electrónicos, buscamos la palabra
más concisa que nos lleve menos tiempo escribir. Muchas veces incluso vamos más
allá y abreviamos lo que queremos decir, utilizando combinaciones de letras que
transmiten con precisión lo que intentamos comunicar. Dios hizo exactamente lo
mismo, utilizando una sola palabra para resumir todo su ser. Esa palabra fue
Jesús.
La Palabra
abreviada
El Papa
Benedicto XVI explicó este concepto espiritual durante una audiencia general en 2013:
"El
cristianismo, decía san Bernardo, es la «religión de la palabra de Dios»; pero
«no una palabra escrita y muda, sino encarnada y viva» (Homilia Super Missus
Est, 4, 11: pl 183, 86b). En la tradición patrística y medieval se utiliza una
fórmula especial para expresar esta realidad: se dice que Jesús es el Verbum
abbreviatum (cf. Rom 9, 28, con referencia a Is 10, 23), la Palabra
abreviada, la Palabra breve y esencial del Padre que nos ha dicho todo sobre
él. En Jesús está presente toda la Palabra".
Dios Padre no
solo pronunció una sola Palabra, sino que esa Palabra se hizo carne y habitó
entre nosotros.
Esta es la
razón por la que el nombre de Jesús es tan venerado en el cristianismo y es en
sí mismo una oración. Recuerda la totalidad del plan salvífico de Dios para la
humanidad y nos recuerda el inmenso amor de Dios por nosotros.
El sacerdote
carmelita sueco Wilfrid Stinissen explica más detalladamente este concepto en
su libro Nourished by the Word (Alimentados por la
Palabra):
"El Verbo
encarnado ha sido tradicionalmente llamado Verbum abbreviatum, la
palabra abreviada. En él se resumen todas las palabras condensadas de la
Biblia… Los Padres de la Iglesia citan con alegría el Salmo
62, 12: Semel locutus est Deus (Dios ha hablado una vez).
Dios pronuncia una sola palabra, el Hijo, la Palabra que da sentido a todas las
palabras que se han dicho sobre él. Es en él, y solo en él, donde todo se
vuelve comprensible".
El teólogo
Henri de Lubac va aún más lejos en su valoración del cristianismo, al escribir
que "el cristianismo, propiamente dicho, no es en modo alguno una
'religión del Libro': es la religión de la Palabra, pero no única ni
principalmente de la Palabra en su forma escrita. Es la religión de la Palabra,
'no de una palabra escrita y muda, sino de una Palabra encarnada y
viva'".
Dios quería
enseñarnos más sobre sí mismo, por lo que pronunció una sola Palabra, pero esa
palabra no permaneció estática, sino que se hizo carne y habitó entre nosotros.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
