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| Monjas contemplativas en España. | Crédito: Juan Sisto Fundación DeClausura. Dominio público |
La Fundación DeClausura —una entidad para ayudar al sostenimiento económico de conventos y monasterios— lanza este 2026 una segunda edición de la campaña contra el frío que ya fue un éxito en 2025.
Lleva como título Que no pasen tanto frío, está abierta hasta el 31 de marzo y tiene como objetivo captar 100.000 euros para amortiguar las facturas de la calefacción de 80 monasterios que luchan contra el frío y dosifican con cuentagotas cómo se calientan durante el invierno. «No vamos a poder abarcar todo su gasto, pero sí ayudarles a pagar una parte», explica en conversación con Alfa y Omega Blanca de Ugarte, responsable de comunicación de la fundación.
«Ya cuentan con vivir con frío»
Esta integrante de la Fundación DeClausura matiza que «muchos monasterios ya cuentan con vivir con frío» y que su modesta aspiración es que «enciendan un poquito más la calefacción». «El problema es que no lo hacen», lamenta, pues la escasez provoca que muchas comunidades «la entiendan como el único gasto prescindible» y remedien las carencias pensando que «si me abrigo mucho y me pongo un jersey y debajo otro, puedo soportar el frío». Como consecuencia —para sorpresa de nadie— «luego hay problemas de salud y cuando hablas con ellas, todas tosen», resume. El catálogo de enfermedades que desarrollan derivadas del frío es amplio e incluye gripes, catarros y pulmonías. A lo que se suma el agravamiento de otras patologías como la osteoporosis y la artritis.
Conviene destacar que este tipo de edificios, debido a su amplitud y altos techos, son muy difíciles de acondicionar. «No es lo mismo calentar una casa que un monasterio», nos aclara Blanca de Ugarte, quien resalta cómo los consagrados solo aspiran a caldear algunas pocas estancias fundamentales. También es relevante que los cenobios se concentran en provincias conocidas por sus bajas temperaturas como Palencia, Burgos, Soria, Badajoz o Huesca. Por ejemplo, en el mismo día en que se escribe esta noticia, la temperatura mínima en esta última ciudad es de un grado.
Obstáculos en la tarifa
Además, debido a su estilo de vida austero —pero sobre todo a las evidentes limitaciones económicas—, muchas de las comunidades suelen carecer de sistemas de calefacción, se las apañan con estufas de propano o butano o rellenan varias veces al año un gran depósito de gas natural. Solo algunas pocas, ubicadas en ciudades, tienen acceso a gas natural canalizado. E incluso las hay que se limitan a hacer uso de estufas de leña.
Con un problema añadido. Aunque los monasterios y conventos funcionan a efectos prácticos como residencias, la legislación vigente les impide acogerse a la misma tarifa reducida de la que gozan muchas casas porque las contemplan como cierta suerte de entidad o empresa.
Rodrigo Moreno Quicios
Fuente: Alfa y Omega
