Frente a la autorreferencialidad, la CEE ha instado a «reparar en los rostros que pueblan nuestro paisaje de sentido»
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| El Papa junto a un grupo de religiosas. Foto: CNS |
Los obispos
españoles, a través de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, han
advertido de «la mirada un tanto obsesiva sobre nosotros mismos»,
expresada en la «ineludible» pregunta sobre la propia identidad —«¿qué o quién
soy?»—, que puede terminar por «impedirnos ver a quienes, estando más allá de
nosotros, conforman nuestro horizonte último de vida y misión».
Con el fin
de evitar
la «autorreferencialidad», que tantas veces criticó el Papa
Francisco, los prelados han instado a «reparar en los rostros que
pueblan nuestro paisaje de sentido», lo cual no es incompatible con
«ahondar en nuestra identidad».
En este
sentido, han invitado a los religiosos a no «cesar de preguntarse: ¿para
qué o para quién soy?» Cuando «los consagrados dejamos resonar esta
pregunta sobre nosotros mismo y nuestros hermanos y hermanas, su impronta se
refracta en tres interrogantes que ahondan y desarrollan el lema para esta XXX
Jornada Mundial» de la Vida Consagrada, dicen
en su mensaje para esta cita eclesial, que se celebrará el 2 de febrero.
Urgencia
coyuntural
A raíz de la
primera cuestión —¿a quién llamas?—, los obispos han reconocido que la cuestión
vocacional, «que tanto nos preocupa en estos tiempos y estas latitudes»,
no es solo «una urgencia coyuntural», sino también «sobre todo una exigencia
carismática». Y han añadido: «Somos para aquellos a los que el Señor llama,
también a través de nosotros, a vivir a fondo la fe cristiana y la entrega de
la vida».
Este
interrogante, además, «nos conecta con el núcleo del voto de castidad», según
los obispos, «que es el del amor centrado en Dios y ofrecido a todos;
particularmente, a quienes el Señor quiere llegar con una palabra veraz de
claridad y claridad y calidez».
¿A quién
buscas? ¿A quién sirves?
A la segunda
pregunta —¿a quién buscas?—, la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha
respondido sin rodeos: «La vida consagrada es para Dios, a quien cada»
religioso «busca», y «no hay nada más importante». De hecho, «vivir en
tensión permanente» buscando a Dios «es no solo la fuente de la que brota la
consagración de la vida —su razón de ser, su raíz más íntima, su verdad
última—, sino también la tarea fundamental de nuestro quehacer cotidiano».
Por último, la
Conferencia Episcopal ha subrayado que «la vida consagrada es para los pobres,
a quienes se entrega. Es para el que ha sido privado de la compañía y el
consuelo de los hombres, pero nunca de Dios, que se abaja para servirle». Pero
«en ese servicio a los desamparados el Señor no quiere estar a su lado»,
escriben los obispos, «quiere a su lado a los hombres y mujeres que han
conocido su amor y saben que se puede vivir de Él y de su Palabra en
toda circunstancia, también —quizá especialmente— en las más aciagas y las más
adversas».
Así, «Buscando
respuesta a cada una de estas cuestiones, encontramos el modo de
extender y fortalecer hoy, como bautizados con nuestra vocación de personas
consagradas, la comunión, la participación y la misión en la Iglesia, tal y
como el último sínodo y su proceso de implementación nos invitan a realizar».
José Calderero de Aldecoa
Fuente: Alfa y Omega
