Cada uno de estos tres sacramentales conduce a los fieles hacia una misma realidad: la presencia viva del amor del Sagrado Corazón de Jesús
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| Maria.Ratta | Shutterstock |
La devoción al
Sagrado Corazón de Jesús se basa en una verdad tan simple como profunda: el
amor de Cristo es personal, misericordioso e inagotable. Desde hace siglos, los
católicos expresan esta devoción mediante estos tres importantes sacramentales:
la oración, la consagración al Sagrado Corazón y signos visibles de su fe.
Entre ellos se
encuentran ciertos sacramentales, que son objetos o acciones que preparan el
corazón para recibir la gracia y fortalecen la relación con Dios. Descubra
estos tres sacramentales estrechamente relacionados con el Sagrado Corazón:
1. La imagen
del Sagrado Corazón
Pocas imágenes
de la tradición cristiana conmueven tan profundamente al creyente como la de
Jesús mostrando su Corazón, ardiente de amor y rodeado de espinas. Esta
representación proviene de las revelaciones hechas a santa Margarita María
Alacoque en el siglo XVII, cuando Cristo pidió que su Corazón fuera honrado en
los hogares de los fieles.
Exponer esta
imagen en casa es un acto de entronización y reconocimiento del reinado de
Cristo en el seno de la propia familia. También es posible llevar a cabo una
entronización familiar oficial. Muchas familias colocan esta imagen en un lugar
central de la casa, a menudo acompañada de la breve invocación: "Sagrado
Corazón de Jesús, confío en ti". Su presencia diaria recuerda la
misericordia de Dios y la llamada a amar como Él.
2. Los
escapularios del Sagrado Corazón
La devoción al
escapulario del Sagrado Corazón se debe a
Estelle Faguette, quien tuvo varias apariciones de la Virgen María en 1876, en
Pellevoisin. Durante una de estas apariciones, la Virgen mostró el escapulario
y animó a los fieles a llevarlo. El uso del escapulario del Sagrado Corazón fue
autorizado en 1900 por el Papa León XIII. Se compone de dos pequeños trozos de
tela unidos por cordones y se lleva alrededor del cuello, al igual que los
escapularios tradicionales.
Uno de los
lados representa la imagen del Sagrado Corazón; el otro, a la Virgen María.
Llevar este escapulario es una señal de consagración al Corazón de Jesús y de
un compromiso diario de vivir en unión con Su amor y Su misericordia. Existe un
pequeño ritual para imponerlo oficialmente. En Pellevoisin, la Virgen promete
numerosas gracias a quienes lo llevan, como la piedad, la confianza, la
salvación, la salud o la conversión.
3. El
detente del Sagrado Corazón
Este objeto de
devoción, visualmente similar al escapulario, tiene su origen en las
revelaciones de Cristo a santa Margarita María Alacoque, en las que le pedía
que todos llevaran su Corazón consigo. Se extendió en tiempos de enfermedad y
guerra, especialmente durante la peste de Marsella en 1720.
Difusión de
la devoción al Sagrado Corazón
La difusión de
estas imágenes se aceleró en 1787, cuando otra visitandina, la hermana
Marie-Anne Galipaud, también recibió revelaciones del Señor, lo que provocó un
renacimiento de la devoción al Sagrado Corazón. Más tarde, fue llevado con
frecuencia por los soldados cristianos en México, España o durante la
Revolución Francesa.
Durante este
periodo, muchos católicos adquirieron esta pequeña imagen para pedir al Señor
que salvara sus corazones y su fe. De ahí proviene la palabra
"salvaguarda". En 1872, el Papa Pío IX concedió una indulgencia a
quienes la llevaran. Llevar este objeto invita a recordar el amor de Jesús y a
dejar que ese amor transforme la vida.
Cada uno de
estos objetos de devoción conduce a los creyentes hacia una misma realidad: la
presencia viva del amor de Cristo. Pueden exponerse o llevarse consigo, y
recuerdan que el Corazón de Jesús está cerca y que siempre está dispuesto a
perdonar y consolar.
Daniel Esparza
Fuente: Aleteia
