3 SACRAMENTALES PARA AUMENTAR LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN

Cada uno de estos tres sacramentales conduce a los fieles hacia una misma realidad: la presencia viva del amor del Sagrado Corazón de Jesús

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La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se basa en una verdad tan simple como profunda: el amor de Cristo es personal, misericordioso e inagotable. Desde hace siglos, los católicos expresan esta devoción mediante estos tres importantes sacramentales: la oración, la consagración al Sagrado Corazón y signos visibles de su fe.

Entre ellos se encuentran ciertos sacramentales, que son objetos o acciones que preparan el corazón para recibir la gracia y fortalecen la relación con Dios. Descubra estos tres sacramentales estrechamente relacionados con el Sagrado Corazón:

1. La imagen del Sagrado Corazón

Pocas imágenes de la tradición cristiana conmueven tan profundamente al creyente como la de Jesús mostrando su Corazón, ardiente de amor y rodeado de espinas. Esta representación proviene de las revelaciones hechas a santa Margarita María Alacoque en el siglo XVII, cuando Cristo pidió que su Corazón fuera honrado en los hogares de los fieles.

Exponer esta imagen en casa es un acto de entronización y reconocimiento del reinado de Cristo en el seno de la propia familia. También es posible llevar a cabo una entronización familiar oficial. Muchas familias colocan esta imagen en un lugar central de la casa, a menudo acompañada de la breve invocación: "Sagrado Corazón de Jesús, confío en ti". Su presencia diaria recuerda la misericordia de Dios y la llamada a amar como Él.

2. Los escapularios del Sagrado Corazón

La devoción al escapulario del Sagrado Corazón se debe a Estelle Faguette, quien tuvo varias apariciones de la Virgen María en 1876, en Pellevoisin. Durante una de estas apariciones, la Virgen mostró el escapulario y animó a los fieles a llevarlo. El uso del escapulario del Sagrado Corazón fue autorizado en 1900 por el Papa León XIII. Se compone de dos pequeños trozos de tela unidos por cordones y se lleva alrededor del cuello, al igual que los escapularios tradicionales.

Uno de los lados representa la imagen del Sagrado Corazón; el otro, a la Virgen María. Llevar este escapulario es una señal de consagración al Corazón de Jesús y de un compromiso diario de vivir en unión con Su amor y Su misericordia. Existe un pequeño ritual para imponerlo oficialmente. En Pellevoisin, la Virgen promete numerosas gracias a quienes lo llevan, como la piedad, la confianza, la salvación, la salud o la conversión.

3. El detente del Sagrado Corazón

Este objeto de devoción, visualmente similar al escapulario, tiene su origen en las revelaciones de Cristo a santa Margarita María Alacoque, en las que le pedía que todos llevaran su Corazón consigo. Se extendió en tiempos de enfermedad y guerra, especialmente durante la peste de Marsella en 1720.

Difusión de la devoción al Sagrado Corazón

La difusión de estas imágenes se aceleró en 1787, cuando otra visitandina, la hermana Marie-Anne Galipaud, también recibió revelaciones del Señor, lo que provocó un renacimiento de la devoción al Sagrado Corazón. Más tarde, fue llevado con frecuencia por los soldados cristianos en México, España o durante la Revolución Francesa.

Durante este periodo, muchos católicos adquirieron esta pequeña imagen para pedir al Señor que salvara sus corazones y su fe. De ahí proviene la palabra "salvaguarda". En 1872, el Papa Pío IX concedió una indulgencia a quienes la llevaran. Llevar este objeto invita a recordar el amor de Jesús y a dejar que ese amor transforme la vida.

Cada uno de estos objetos de devoción conduce a los creyentes hacia una misma realidad: la presencia viva del amor de Cristo. Pueden exponerse o llevarse consigo, y recuerdan que el Corazón de Jesús está cerca y que siempre está dispuesto a perdonar y consolar.

Daniel Esparza

Fuente: Aleteia