«Nunca en tan corto espacio de tiempo se produjo una cantidad tal de víctimas mortales: ni en las diez persecuciones del Imperio Romano, ni siquiera en la Revolución Francesa», defiende el experto
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| El Debate |
Es uno de los
historiadores más seguidos, influyentes y políticamente incorrectos de nuestro
país. Fernando Paz posee una memoria magistral, que le hace
manejar datos, hechos y fechas con una habilidad inusual. De hecho,
una intervención suya de hace unos años en un debate con el fundador de
Podemos, Pablo Iglesias –donde el vecino de Galapagar no sale
bien parado–, acumula millones de visitas en redes sociales. Es la tónica que
se repite en las decenas de conferencias, podcast y vídeos suyos en
internet, donde cuenta con una legión de seguidores.
No se queda en
la superficie o en la simple recitación cronológica de eventos históricos, sino
que bucea en las fuentes, revuelve en los archivos e investiga
a fondo los sucesos para desentrañar sus causas y consecuencias. Hasta ahora,
ese trabajo lo ha volcado en varios libros de historia, como Europa
bajo los escombros, El fracaso de una utopía, Proceso a José Antonio, El libro
negro de la izquierda española, Antes que nadie, Franco en el banquillo, Guerra
Civil sin complejos o Radiografía de Barbarroja.
Ahora acaba de
lanzar un curso en línea de historia de España con el Aula
Mucha Vida de 27 capítulos en 38 vídeos porque, parafraseando a Cicerón,
asegura que «si ignoras lo que sucedió antes de que tú nacieras, siempre
serás un niño».
- Afirma
usted que «hemos recibido una historia escasa y troceada»...
– El currículum
oficial de estudios ha dejado la historia como algo secundario. En segundo de
bachillerato se ve algo sin ninguna profundidad y centrado en la historia
contemporánea de España, que no es lo que más puede hacer nación.
En cuanto a la
carrera, cada vez es peor, la calidad y el nivel con cada vez peores y, además,
está efectivamente más troceado, con lo que hay una menor perspectiva de
conjunto.
La historia
oficial y la que se repite en los medios de comunicación es, en su mayoría, una
historia deformada a partir de interpretaciones interesadas, ideologizadas y de
una manera muy secularizada. Por tanto, sirve a un interés distinto y
diferente, que es de orden ideológico. Esa es la cuestión fundamental. Es no
abordar la historia de España como realmente es, sino a partir de una
interpretación apriorística.
Azaña y lo
católico
– Ya en el
primer capítulo de su nuevo curso habla usted de «España, nación católica»...
– Es que el
catolicismo, te posiciones a favor o en contra –esto es indiferente– es el
tuétano mismo de la historia de España. Sobre esto no cabe ninguna duda. Fíjate
que, por ejemplo, Manuel Azaña, por citar a alguien que impugna la
condición católica de España a lo largo de su historia, no la negaba, sino que
decía que debemos emanciparnos de la historia de España. Era el
reconocimiento mismo de que España y su historia, como es lógico, son una misma
cosa. Porque, en definitiva, lo que somos es historia. Pero, además, que la
historia de España tenía un sentido determinado, no una interpretación
ideológica, como decíamos antes, sino un sentido muy determinado. Y por eso
quería emanciparse de la historia de España, emanciparse de ese tuétano, de ese
sentido último que tiene la historia de España.
No cabe ninguna
duda: España, como nación histórica, nace en torno al catolicismo. En mi
opinión –y lo de menos es mi opinión, pero creo que puede sostenerse con
fundamento– como nación histórica, surge a partir del III Concilio de
Toledo, cuando se produce la conversión de la monarquía en católica desde
el arrianismo y, por tanto, enmarcado en un proceso más largo de
homogeneización de la sociedad por parte de la monarquía goda. Y el padre
de Recaredo, Leovigildo, es el que más lo impulsa, pues acaba
construyendo esa identificación entre la élite gobernante de origen germánico y
el pueblo hispano romano, que era profundamente católico, hasta el punto de que
se había negado a ninguna conversión al arrianismo, precisamente consciente de
su identidad.
A partir de
ahí, indudablemente, podemos decir que nuestra historia, efectivamente, es una
afirmación permanente del catolicismo. Eso no hay que interpretarlo en un
sentido estrictamente religioso, sino más ampliamente cultural. España es eso o
no hay España; o sea, no hay una España B, solo hay una España. Y
luego hay otras cosas que no son España y que en algún caso podrían ser
la anti España. Naturalmente, esa interpretación de nuestra
historia, sin duda ninguna, es plural y matizable. No se trata de congelar en
el tiempo una estructura y determinar que eso es exactamente así. Pero, desde
luego, lo que se salga de eso, de esos mínimos, por decirlo así, será cualquier
cosa, pero no es España.
Otro mito
– España,
por lo tanto, no nace en 1812, como se empeñan en insistir algunos...
– Bueno, eso es
una interpretación ideológica interesada desde la historiografía liberal. Es un
contrasentido porque establece la existencia de España a partir de la creación
de la nación política. Pero no tiene sentido crear la nación política si no hay
algo que la preceda, si no existe España. No se puede crear una nación política
sobre el vacío. No tiene ni pies ni cabeza. Es confundir lo que es España con
el hecho de que sea una nación política. España es una nación histórica. Desde
mucho antes. Claro, el concepto de nación política solo existe a partir de la
contemporaneidad. Obviamente, antes de la contemporaneidad, por tanto, no puede
existir. Luego, lógicamente, tiene que existir a partir de ese momento como
nación política, pero no como nación y mucho menos como nación histórica.
– Otro mito
que se escucha con frecuencia: La Iglesia católica bloqueó el progreso en
nuestro país...
– Esto no tiene
tampoco ni pies ni cabeza, en absoluto. Para empezar, el cristianismo, sobre
todo a partir del tomismo, pero ya también desde mucho antes –lo que pasa es
que queda sistematizado en el tomismo– al entender que la naturaleza era buena,
o al entender que la naturaleza, en cualquier caso, era obra de Dios, y por
tanto era buena, determina que no hay una creación mala, sino que
el mal es la ausencia de bien.
Por tanto, la
naturaleza era digna de ser estudiada. Y el cristianismo impulsó el
conocimiento hasta el punto de que las universidades nacen al calor del
cristianismo, impulsadas decisivamente por el cristianismo. Las grandes
universidades de Bolonia, París, Oxford o Salamanca son universidades no ya de
una impronta cristiana, sino de una naturaleza absoluta, radical y totalmente
cristiana.
A partir de la
Reforma protestante, la Iglesia católica en modo alguno impidió la
investigación científica. Y que me den ejemplos y que se me diga a quién se le
impidió investigar. Al contrario: En las universidades católicas se estudiaban
ciencias, matemáticas. Incluso los inquisidores en España no solamente
permitieron, sino que impulsaron los estudios de Copérnico, por
ejemplo.
Sí que nos
encontramos algunos frenos destacables en cuanto al estudio de la ciencia en el
mundo protestante. Lutero decía que la razón es la
puta del diablo. Literalmente. Yo no diría, por tanto, que el luteranismo
supuso un gran impulso para la ciencia. Que luego haya otros factores
relacionados con el desarrollo del capitalismo –y ahí podríamos entrar en
cuestiones como la relación entre capitalismo, protestantismo, catolicismo y
demás– que hayan impulsado ese desarrollo, es una cuestión distinta.
En cualquier
caso, España ha sido un país con una ciencia mucho más estimable de lo que
normalmente se dice. Eso por no hablar de otras esferas del conocimiento, como
la historia, la literatura, el arte...
La leyenda
negra
–De hecho,
ingleses y franceses siempre salen indemnes en la historia,
mientras que España con frecuencia es la que recibe una crítica demoledora...
– Porque el
relato lo han impuesto ellos. La leyenda negra, que es obviamente a
lo que aludes, tiene su nacimiento en la Italia de finales del siglo XV y
principios del XVI. Y es una propaganda de guerra. Es una propaganda que se
activa en la península italiana por parte de los que defienden a Francia,
porque en ese momento Italia está en litigio entre España y Francia. Y
entonces, como parte de esa propaganda de guerra, se dibuja a los españoles
como borrachos, violadores, pendencieros, miserables, bravucones... en fin,
todo lo que hacía una propaganda de guerra respecto al enemigo.
De ahí salta a
Alemania, en donde los protestantes, los luteranos, utilizan también la imagen
tópica del español –o generan y crean la imagen tópica del español– para atacar
al emperador Carlos V. Pasará posteriormente a Holanda y también a
Inglaterra. Y, a partir de ahí, han creado el relato.
Lo peor de todo
eso es que hemos sido nosotros los que hemos elaborado quizá la parte decisiva
de la leyenda negra y los que más hemos hecho por perpetuarla. A partir de las
denuncias de Bartolomé de las Casas acerca de lo que sucedía
en América, que en parte es cierto y que en parte se corresponde con lo que
sucedía concretamente a finales del siglo XV y comienzos del XVI en La Española
con las encomiendas. Porque es una cosa muy circunscrita a un
tiempo y un espacio muy concreto, y le hemos dado no solamente pábulo, sino que
lo hemos asumido como parte de la explicación de lo que somos.
Es una
auténtica locura, porque lo que hizo España en América fue exactamente lo
contrario, más allá de episodios concretos, naturalmente, pero fue exactamente
lo contrario. Llevamos allí lo que podríamos llamar –en términos
actuales– los derechos humanos. Desde la reina Isabel se
rechazó la esclavitud; Felipe II implantó la jornada laboral
de ocho horas, pero para los indígenas, ¡no para los peninsulares!
De manera que,
en fin, yo creo que la leyenda negra ha entrado desde hace tiempo en una
situación de una enorme precariedad. Creo que hoy se ha abierto paso ya,
incluso entre la población, esa revisión, porque la historia está siendo
revisada permanentemente, como es lógico, como cualquier saber o ciencia. Y yo
creo que la leyenda negra no pasa, desde luego, por su mejor momento. Pero
vamos, ni muchísimo menos. Hay que decir también que, entre las clases cultas
de Europa y de Norteamérica, la leyenda negra ha sido desechada hace mucho.
Masones en
España
– Otro tema
que aborda usted en su curso: la masonería. Cuando se habla de ella, muchos
esbozan una sonrisita cínica y condescendiente... ¿Ha sido realmente influyente
en la historia de España?
– Ha sido
determinante. Durante 150 años, grosso modo. Con esto de la
masonería ocurre lo mismo que decía Baudelaire sobre el
diablo: su mayor astucia es hacernos creer que no existe. La mayor astucia de
la masonería es hacernos creer que no tiene importancia. El hecho de que
prácticamente no se la cite en los libros de texto, en los estudios de Historia
de Bachillerato, de la ESO, y no se le preste ningún interés en los estudios
superiores es, quizá, la mejor muestra de que la masonería ha conseguido sus
fines.
Todo el siglo
XIX español está muy fuertemente marcado por una impronta masónica. Sobre esto
no hay dudas. Tampoco puede decirse que lo sea únicamente. Claro que hay
muchísimos más factores, y claro que hay muchísimas más fuerzas contendiendo.
Pero la masonería es esencial, fundamentalmente desde el Trienio Liberal hasta
el final de la Segunda República, entre 1820 y 1938 ó 1939.
Es una de las
fuerzas que explican el cambio de la sociedad de una manera más evidente. Algo
de lo que no se habla –y es básico para entender la historia de España– es el
anticlericalismo, que comienza con la legislación del Trienio Liberal, con los
primeros motines y quema de conventos, de asesinatos de religiosos, y que
culmina en el genocidio que tiene lugar contra los católicos, contra la
Iglesia, entre 1936 y 1939.
Son factores
fundamentales sin los que no se puede explicar la contemporaneidad de España:
el anticlericalismo y la masonería. Sin embargo, ¡oh, sorpresa!, no aparecen en
los libros de texto prácticamente...
La Guerra
civil
– Algunos
tratan de revestir el genocidio de católicos durante los años 30 del siglo XX
como una suerte de estallido popular porque «la Iglesia estaba siempre al lado
de los ricos y los terratenientes»...
– Una de las
justificaciones del genocidio –que lo fue, ateniéndonos a la ley internacional–
es que la Iglesia estaba tan corrompida que, de alguna manera, sí había una
cierta justificación para lo que llaman indignación popular, que no
era tal, porque se circunscribía básicamente a las capas populares urbanas, y
ni mucho menos a todas, sino a las que estaban afiliadas a las organizaciones
revolucionarias de izquierda y de la masonería.
Fíjate si
estaba corrompida la Iglesia en aquella época que, como dijo Claudel,
7.000 religiosos asesinados y ni una sola apostasía. ¿Tú crees, de
verdad, que puede producirse el martirio por la fe de 7.000 religiosos y varios
miles de laicos, en una Iglesia podrida, corrupta, etcétera? Evidentemente, no.
Estamos
hablando de la mayor persecución y de los mayores crímenes cometidos jamás en
la historia contra los católicos y contra la Iglesia: nunca en tan corto
espacio de tiempo se produjo una cantidad tal de víctimas mortales. Ni en las
diez persecuciones en tiempos del Imperio Romano, ni siquiera en la Revolución
Francesa.
Y otra cuestión
además, que nos conduce un tema que me parece particularmente interesante: la especial
crueldad con la que se cometieron los crímenes. Esos crímenes revelan
que, realmente, lo que había de fondo era un intento de una ideología
totalitaria, de una religión. Porque el totalitarismo es una religión política,
una religión de carácter mesiánico. Eso es lo que sucedió en España y de ahí el
intento de desplazar a la religión que les había precedido para imponer la
suya, que pretendía un nuevo amanecer de una humanidad libre.
Álex Navajas
Fuente: El Debate
