El amor comprometido y fiel de Mónica fue clave para que su mamá recuperara las ganas de vivir
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| Cortesía de Mónica |
Fue “por
casualidad”, conversando con un familiar, como Mónica se enteró de que su madre
había iniciado el procedimiento de eutanasia para morir.
Hacía tiempo
que la veía profundamente desanimada. Un derrame cerebral sufrido tras una
operación para retirarle un tumor había dejado paralizada una parte de su
cuerpo. Y no lo asimilaba.
“Las personas
que, como ella, quedan inválidas, cuando han sido autosuficientes, ven cómo de
repente su vida cambia completamente”, explica a Aleteia.
“Seas joven o
mayor, sufres -continúa-. Y si nadie te ayuda, si no tienes un entorno fuerte
en el que te sientas muy acogido, muy respaldado, puedes tener pensamientos
suicidas”.
“La
aislaron”
Mónica sabía
que su madre sufría depresión, pero no imaginaba que pediría, en el
ambulatorio, acabar con su vida.
Una joven
médico de cabecera rotativa escuchó su petición, consideró que cumplía los
requisitos de la ley
de la eutanasia aprobada en España el año 2021 e inició el proceso.
“La aislaron de
la familia amparándose en un derecho personal y privado para protegerla”,
recuerda Mónica.
“Pero era lo
contrario: la estaban privando de la verdadera protección –lamenta-. La
decisión sobre su vida y su muerte quedó en manos de desconocidos”.
Consciente de
que no disponía de mucho tiempo para reaccionar, Mónica buscó recursos.
Ayuda
eficaz
En la
asociación Speimater por
la vida, con la que colabora desde que abortó, encontró ayuda médica y
psicológica para su madre.
“Me enviaron a
un voluntario del Proyecto Ángel, una persona capacitada para hablar a mi madre
con un lenguaje diferente, que tiene que ver con el Amor”, explica.
“Los
profesionales que comunican lo valiosa que es la persona y todas las cosas
importantes que ha hecho en su vida ayudan a paliar el dolor emocional y a
salir adelante”, asegura.
Medicación
psiquiátrica
Así, uno de los
voluntarios del Proyecto Ángel, de la asociación médico de paliativos, ayudó a
Mónica a recabar toda la información médica de la paciente y “vio muchas
lagunas sobre los informes médicos”, recuerda la joven.
Descubrió que a
su madre no le habían revisado desde hacía tres años la medicación de
psiquiatría.
La llevó a otro
psiquiatra, que vio inadecuado su tratamiento y lo adaptó a sus necesidades de
ese momento. “Mi madre cambió el chip mental”, afirma agradecida.
Abogados
cristianos
Tras buscar sin
éxito asesoramiento jurídico eficaz, una conocida le aconsejó acudir a la Asociación de Abogados
Cristianos.
Ellos
prepararon alegaciones ante el tribunal ético mediante un recurso contencioso
administrativo. Argumentaron que la paciente, de 76 años, no cumplía los
requisitos para la eutanasia.
Aunque sufría
una enfermedad degenerativa, no padecía un sufrimiento imposibilitante crónico,
explica Aleteia su abogado, José María Fernández Abril.
Basándose en su
experiencia en casos de eutanasia, Fernández Abril afirma que “el sentimiento
del dolor (“insoportable”) es muy subjetivo y puede variar”.
“Y las
circunstancias cambian, se encuentran alternativas, como los cuidados
paliativos…”, continúa.
“Se dio
cuenta de que era amada y cambió”
“A veces cuando
un paciente ve que le importa a alguien y se siente acompañado, desiste”,
asegura el abogado.
Y eso fue
exactamente lo que pasó. Al ver el acompañamiento de su hija, se dio cuenta de
que era amada y cambió su decisión.
Mónica confirma
que puso en marcha “un mecanismo en defensa de la vida de mi madre por
Amor”.
Y añade: “Ella
vio todo el amor que puse, la medicación ayudó y se dio cuenta de que no podía
morirse así”.
Dios lo hace
posible
A la vez
reconoce que solo por sus medios no podría haberlo afrontado: “Dios capacita
-asegura-. Me sostuvieron mis grupos de oración, me dieron la fuerza la fe, los
sacramentos,…”.
“Dios es el
amor, si te pones en sus manos, te llenas de amor y puedes hacer frente a
todo”, añade.
“Una parte de
la familia apoyaba la eutanasia y me veía pequeña como David ante Goliat”,
reconoce.
“Pero el Señor
me ayudó en esa situación, me usó como instrumento suyo y puso en mi camino las
personas adecuadas para sacar a mi madre de esa situación”.
Transformación
y agradecimiento
Y la vida de su
madre siguió, con sus dificultades, pero también con nuevas esperanzas. “Ha
tenido una conversión -asegura su hija-. Se ha confesado, ha comulgado y ha
recibido la unción de enfermos”.
“Tras comulgar,
dijo que había recuperado la alegría”, resalta su hija. Reconoce que su madre
“tiene altibajos y sigue dependiendo de los demás, pero está muy cariñosa y
agradecida”.
“Ha
experimentado una transformación muy importante -añade- porque ha habido mucha
oración de muchas personas de distintos países que han rezado por ella”.
“De todas
maneras siempre tienes que estar vigilante -advierte-. Cuando siembras la
semilla tienes que cuidarla”.
Ayudar a
salir adelante
Después de esta
experiencia familiar, Mónica se ha involucrado en la ayuda a víctimas de la
eutanasia.
“Muchas
personas están muriendo en esta situación, que se camufla como bondad
-denuncia- pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre”.
“Cuesta mucho
esfuerzo buscar todos los informes médicos, llamar a abogados y poner a
disposición las herramientas para salvar una vida”, reconoce.
“Y a veces la
gente no tiene tiempo -constata- y se abandona a esa idea de bondad y en menos
de un mes te has quedado sin padre, madre, hijo”.
“No es sabio
tomar decisiones en momentos de tribulación”, subraya, citando a san Ignacio de
Loyola.
“Hacen decidir
a personas con depresión, de manera impulsiva… y ahí puedes cometer el mayor
error de tu vida: suicidarte”, advierte.
“Ahora hay
hospitales donde personas esperan este tipo de muerte a diario”, lamenta, pero
“las personas no quieren morir, quieren dejar de sufrir, que es diferente”.
“Si ves a una
persona que se va a tirar por un puente, ¿le das la mano o le pegas una
patada?”, pregunta.
“Hay que ayudar
a las personas a salir adelante -responde-. Dios nos elige para algo, no nos
podemos quedar callados, somos sal de la tierra”.
Patricia Navas
Fuente: Aleteia
